Procesión del Santo Entierro saliendo de la iglesia de Santa Isabel de Portugal (San Cayetano). Los hijos de Jacob, cabezas de las doce tribus del pueblo de Israel. Abraham e Isaac, Moisés, jefe supremo y legislador del pueblo hebreo; Aarón y Melquisedec, sumos sacerdotes, en primer plano. 1906. Colección Javier Velázquez López

El prestigioso coleccionista de fotografía antigua relacionada con la Semana Santa zaragozana, Javier Velázquez López, puso en manos de nuestra Asociación Cultural Anteayer Fotográfico Zaragozano, allá por 2019, estas dos fotografías que hoy presentamos. Forman parte de una serie de imágenes excepcionales e inéditas de la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo de 1906, que tuvo lugar el 13 de abril.

La imagen que abre este artículo ya fue publicada en febrero de 2020 en otro medio de comunicación, en el que por error se databa entre 1908 y 1909, partiendo de la base de que el derribo del antiguo convento de Teatinos, contiguo a la iglesia de Santa Isabel, y que aparece a su derecha en la fotografía, se llevó a cabo entre 1908 y 1909.

Hoy podemos afirmar con datos objetivos y rigurosos que el derribo de dicho edificio, entonces delegación de Hacienda, comenzó a mediados de marzo de 1906, un mes antes de la procesión que podemos ver en la fotografía, y que refleja claramente el andamio colocado y parte del edificio ya derribado.

Por otra parte, en otra fotografía también perteneciente a la colección de Javier Velázquez López, de Fototipia Thomas, y cedida a Anteayer Fotográfico Zaragozano para su estudio, que hemos datado en 1909, y del mismo lugar, el solar ocupado por el antiguo convento aparece vacío, hasta que en 1910 en él se comenzó a edificar el colegio del Buen Pastor.

Por último, aclarar que el alcalde de Zaragoza, Félix Cerrada, quien ocupó dicho cargo desde 1905 a octubre de 1906, aparece presidiendo la comitiva de la Corporación Municipal, cerrando el cortejo, en otra de las fotografías de esta serie, lo que solo podría ocurrir en 1906 y nunca en años posteriores.

La serie completa de estas imágenes estereoscópicas, propiedad del ya citado Javier Velázquez López, podrá verse en su totalidad, junto con otras valiosísimas fotografías, en una exposición que tendrá lugar en la Gran Vía de Zaragoza del 4 al 23 de abril organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza y la Asociación para el Estudio de la Semana Santa.

Situándonos en ese Viernes Santo de 1906, la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia o simplemente Hermandad de la Sangre de Cristo, fue, como era y es tradicional, la encargada de organizar el Santo Entierro.

Los días anteriores al Jueves y Viernes Santo la iglesia de San Cayetano se convertía en un inmenso taller de carpintería, donde trabajaban numerosos obreros día y noche para montar los pasos en sus carros, así como para reparar los desperfectos que tenían los abundantes personajes que formaban aquellos. Estas reparaciones daban lugar a anotaciones tan curiosas como originales: “Poner un dedo al pie del descendimiento”, “Pintar la cresta al gallo de la Pasión”, ”Arreglar una cuerda de los azotes…”

En primer plano, el paso de la “Llegada al Calvario”, conocido como “La Copa”; seguido por las “Siete Palabras” que dijo Cristo en la cruz y el paso de “El Calvario”, saliendo de la iglesia de Santa Isabel. 1906. Colección Javier Velázquez López

El transporte de los pasos era muy penoso al bajar pendientes, volver en las esquinas y cruzar calles estrechas, por la imperiosa necesidad de conducirlos a hombros por las calles de Zaragoza, por lo que la generosidad de una devota dama, regalando carros rodados en los que transportar aquellos de más peso, proporcionó grandes facilidades. Aún así, en aquel tiempo, la fe era tanta que los cofrades se disputaban el tomar parte activa en el transporte, sacándose a subasta esta faena y adjudicándose a los mejores postores.

La piedad popular se extendía también a donaciones para el Cristo de la Cama, como la que aparecía en el “Diario de Avisos de Zaragoza” el 4 de abril de 1873, donde se narraba el regalo de una “sábana de finísima batista, bordada a realce con primorosos relieves por la virtuosa y simpática joven viuda de nuestro malogrado e inolvidable amigo don Serafín Polo, Dª Matilde Gasque, y que su madre Dª Joaquina Barra regala al Santo Cristo de la Cama, y va adornada de un bonito encaje hecho por la señorita Dª Cirila Larraz. Es un trabajo delicadísimo y superior en mérito y buen gusto a cuantos de esa clase hemos visto hasta ahora. Intercalados entre caprichosos dibujos, tiene todos los atributos de la pasión y es superior a todo encomio y llama poderosamente la atención hasta el punto de no encontrar momento para retirar la vista, cuando se dirige a la efigie de Cristo, hecha con una precisión y parecido sorprendentes, y una lindísima paloma hueca o de bulto; además está planchada por la misma Dª Matilde con suma maestría y habilidad.”

Los numerosos pasos de la Pasión, los soldados romanos, las músicas fúnebres, los terceroles, sibilas, y demás símbolos bíblicos atraían a la gente que, ignorando, en su mayoría, el significado místico que envuelven, miraban la procesión como un desfile en el que se sucedían judíos, Jesús, apóstoles, soldados, etc., sin perder un solo detalle.

Abría la marcha del Santo Entierro la Guardia Municipal a caballo, empezando la procesión con el llamador de la Hermandad con su ropón dorado y cetro, seguido por dos hermanos que con dos campanas anunciaban la muerte del Redentor; le seguían otros dos Hermanos con sus faroles y dos más con las escalerillas e instrumentos de la Pasión; después las banderas del rey de Reyes y dos maceros de la Hermandad y a continuación el paso de La Muerte, que salió en procesión hasta 1910, seguido de un tambor enlutado y dos pífanos tocando marchas fúnebres. Después, los hijos de Jacob, cabezas de las doce tribus del pueblo de Israel, con banderas; Abraham e Isaac, Moisés, jefe supremo y legislador del pueblo hebreo; Aarón y Melquisedec, sumos sacerdotes.

A continuación, los pasos que representaban la Pasión de Jesús, comenzando por el de La entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén y terminando por el paso de La Cama, con la imagen de Jesús ya muerto y conducido al Sepulcro.

Guardia Pretoriana formando ante la iglesia de Santa Isabel de Portugal, con el paso de la Muerte y la Redención junto a la puerta de la misma. Obra de Francisco Borja, su primera salida procesional fue en 1911. 1915. Colección particular.

Entre ambas escenas, se sucedían el paso de La Cena de Jesús con sus Apóstoles, en la que instituyó la Eucaristía. La Oración del Huerto de Getsemaní, en el que el Señor se retiró a orar después de la cena y donde lo prendieron los judíos, según representa El Prendimiento.

Detrás aparecían el paso de Los Azotes, la Coronación, el Balcón de Pilatos, seguido de los Nazarenos, La Llegada al Calvario, en el que se incluía la Copa de hiel y vinagre que dieron a Jesús de beber; después llegaría la Guardia romana del Pretorio, los faroles de las Siete Palabras que dijo Cristo en la cruz; El Calvario y El Descendimiento.

Tras el desfile de pasos, seguía Nuestra Señora de las Angustias, las sibilas, mujeres que profetizaron sobre Jesús; la cruz con la Sábana Santa en la que envolvieron el cuerpo del Salvador; un coro de ángeles con los atributos de la Pasión; el arcángel San Miguel, cuatro estandartes que representaban la Religión, Fe, Esperanza y Caridad; la cruz de San Felipe, el cuerpo de Hermanos Receptores y la Capilla de la catedral.

Cerraban la procesión La Cama o féretro en la que se llevaba el cuerpo del redentor al Sepulcro, acompañado de cuatro estandartes que indicaban las cuatro partes del mundo, seguidos por el Estandarte Real donado por Isabel II en su visita a Zaragoza en octubre de 1860. Acompañaban al féretro doce venerables ancianos con coronas doradas llevando grandes antorchas representando a los santos Padres que el señor sacó del seno de Abraham; seguía el Palio, el clero de San Felipe, los Apóstoles, la Virgen de los Dolores, el Apóstol San Juan, Santa María Magdalena y San Pedro; terminándose con el Excelentísimo Ayuntamiento, que presidía la procesión.

Salvo el Paso de la Cama, portado por los Hermanos de la Sangre de Cristo, el resto de pasos eran llevados por los llamados terceroles, cuyo traje era casi idéntico en su factura, distinguiéndose solamente los del paso del “Nazareno” por ser morado en vez de negro. Los más observadores, sin embargo, percibirían que mientras unos cofrades llevaban traje compuesto por saya negra, chaqueta larga y capucha, otros usaban túnica de cuerpo entero y capucha añadida; corta y rizada los que iban descubiertos, larga y a manera de antifaz los cubiertos. Estos trajes eran en propiedad, mientras que los representativos o alegóricos pertenecían a la Hermandad.

La Guardia pretoriana tenía a su cargo el acompañar el paso de “Jesús camino del Calvario” hasta su disolución tras el Santo Entierro de 1970; era de la romana la vigilancia del monumento y el paso de “La Cama”.

Paso de Jesús Nazareno. La talla de autor anónimo es de finales del siglo XVI. De tamaño natural, en la actualidad se presenta vestida con una túnica bordada en oro de terciopelo morado, escapulario con el anagrama de la Esclavitud de Jesús Nazareno, peluca de pelo natural y corona de espinas de plata. 1915. Colección particular.

El uniforme de una y otra se distinguía solo en que la rodela o escudo era cuadrado en los pretorianos y redondo en los romanos; el jefe de aquellos llevaba machete y su segundo, el guión coronado por un águila, y el de estos sin coronar, símbolo de las dos Romas, la Imperial y la Republicana, como es el lábaro el signo de la Roma Cristiana. Ninguna de las dos tropas llevaba bandera, como se veía en otras procesiones de esta índole.

La recluta se hacía entre los cofrades que resultaban en mayor número que los uniformes, por lo que puede decirse que era una lucha por el vestido, por el traje, como ellos decían.

Aunque a primera vista los soldados parecían fijos, la movilidad era constante si bien de pocos números. El que faltaba a la cita anual, era inmediatamente sustituido por otro, sin más preferencia que los años de cofrade y la concurrencia a dicha cita.

Su instrucción era sencilla de tal modo que se aprendía a la primera lección, mezclado el recluta entre los veteranos y en el cuerpo de guardia. Tenía este, exclusivamente para los días y la noche del Jueves al Viernes Santo, fecha de la cita en el coro de la iglesia de San Cayetano, designada para la guarda y organización de la procesión.

Allí se reclutaban y se instruían estos típicos soldados, cuyo ascenso era por el riguroso sistema de defunción y sin otro haber que su entusiasmo tradicional de familia, amén del pago de tres reales anuales por pertenecer a la cofradía.

En el coro de San Cayetano comían, bebían y dormían esos soldados durante las horas que duraba el monumento, a cuya guarda se dedicaban y aún se dedican de dos en dos, relevándose como centinelas, y conservando tanta rigidez y quietud, que más que figuras humanas y vivientes, parecían inmóviles estatuas.

Seguramente quien haya leído el texto hasta aquí, lo que es de agradecer, habrá echado en falta menciones a los capirotes, los tambores, timbales y bombos que tan familiares son hoy y sin los cuales no se concibe la Semana Santa zaragozana. Nada de eso existía en 1906 y no fue hasta 1940 cuando los primeros doce tambores se incorporaron a las procesiones integrados en la cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, fundada ese mismo año. Tras ella, el resto de Cofradías y Hermandades, filiales todas de la Sangre de Cristo salvo la Real Hermandad de Cristo Resucitado y Santa María de la Esperanza y del Consuelo, han ido incorporando secciones de instrumentos hasta configurar la Semana Santa tal y como la conocemos hoy. Todas salvo dos, la del Silencio, que lo hace con cornetas y trompetas heráldicas, y la del Ecce Homo, que utiliza las matracas, además de ser la que recuerda con su hábito el portado por los antiguos terceroles.

Paso del Descendimiento de la cruz, obra de José Alegre según acuerdo de 1847, que tomó como modelo una pintura de Pedro Pablo Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes. 1915. Colección particular.

Junto a las dos fotografías de 1906, se incluyen también tres negativos estereoscópicos de cristal correspondientes al Viernes Santo de 1915, pertenecientes a una colección particular, realizadas desde una de los balcones de la fachada recayente en la calle Manifestación del edificio de la calle de la Virgen, nº 1, y que nos permiten contextualizar algunos de los pasos citados en líneas anteriores en el orden procesional.

En concreto, la primera muestra el paso de la Muerte y la Redención, obra de Francisco Borja, también conocido como el Pecado y la Redención. Su primera salida procesional fue el 14 de abril de 1911, durante la procesión del Santo Entierro.

En la segunda se puede ver el paso de Jesús Nazareno, actualmente portado por miembros de la Muy Ilustre y Antiquísima Cofradía de la Esclavitud de Jesús Nazareno y Conversión de Santa María Magdalena, una de las Cofradías más antiguas de Zaragoza, fundada en 1759 y que en 1940 fue reestructurada como Cofradía Penitencial.

En la tercera de las fotografías podemos ver el paso del Descendimiento de la Cruz realizado por el escultor José Alegre según acuerdo de 1847, que tomó como modelo una pintura de Pedro Pablo Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes. Su primera salida procesional se realizó en 1848 aunque solamente con cuatro de las figuras. Actualmente este paso está cedido en usufructo a la Cofradía del Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora, fundada en 1939, que a su vez tiene su origen en la Real Congregación de la Anunciación de Nuestra Señora y de San Luis Gonzaga, fundada en 1860.

Desde Anteayer Fotográfico Zaragozano queremos reiterar nuestro agradecimiento a Javier Velázquez López por la cesión de las dos imágenes que abren este artículo, así como a Ricardo Navarro González, integrante de la Asociación para el Estudio de la Semana Santa, quien nos ha permitido colaborar en la datación y documentación de algunas de las fotografías que, como hemos comentado en líneas anteriores podrán verse en la exposición que tendrá lugar del 4 al 23 de abril en la Gran Vía.

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