jardín botánico
Jardín Botánico, parque Primo de Rivera (José Antonio Labordeta), pocos meses después de su inauguración. 1973. Archivo Miguel Rábanos Faci

El Jardín Botánico de Zaragoza es un magnífico espacio para pasear, contemplar y disfrutar dentro del parque Grande José Antonio Labordeta, aunque quizá, a pesar de la proximidad, no reciba tantas visitas como el “tren Chuchú” o el quiosco de la fuente de Neptuno.Parece que lleve allí toda la vida, pero se inauguró el 17 de noviembre de 1972, en el entonces parque Primo de Rivera, con gran comitiva de autoridades civiles y militares encabezadas por el alcalde don Mariano Horno. Surgió a propuesta del ingeniero de montes don Rafael Barnola, quien unos pocos años antes presentó la remodelación total del espacio allí existente, ocupado por un huerto municipal y las viviendas del jardinero mayor y del guarda mayor de montes del ayuntamiento. La función principal de este arboretum era la de aclimatación de las distintas especies que luego poblarían jardines, paseos y plazas de la ciudad.

Su extensión de 17.000 m2 fue cercada con un muro de mampostería, por la empresa Víctor Ortillés, y rejería, a cargo del herrero Pedro Virgós. Pronto llamaron la atención otros elementos no vegetales como la clepsidra (reloj de agua), los bancos supervivientes con cerámica de Talavera de la Reina, y la charca para anátidas.

En 2004, 75º aniversario del Parque, el consistorio aprobó darle nombre oficial: “Jardín Botánico Xavier Winthuysen”, que no es un contrarrelojista neerlandés, sino un pintor y paisajista sevillano responsable de gran parte del diseño de nuestro parque Grande.

Fachada sur de la Residencia de Estudiantes, en la fachada norte se encontraba el Jardín Botánico, paseo de Ruiseñores 23, 1926. Revista Aragón, SIPA. (La impresión fotográfica de la época, con mucha trama, hace que la imagen no tenga la calidad que nos gustaría, pero es única que se conserva)

Desde luego que el parque Grande no fue el primer emplazamiento del Jardín Botánico. Por circunstancias que iremos viendo poco a poco tuvo diversas ubicaciones. La anterior suele sorprender por el lugar elegido, y sobre todo, por la poca información que tenemos.

Alrededor de 1913 una permuta de terrenos con el ayuntamiento dio a la Universidad la propiedad de la torre Canti, en el paseo de Ruiseñores 23, muy cerca del Canal. A partir de 1917 surgió un proyecto para levantar en el lugar una Residencia de Estudiantes. Por fin se iniciaron las obras en 1924. Esta residencia contaba con amplias y modernas infraestructuras, campos de juego para esparcimiento de los residentes y, aquí viene lo que nos interesa, una huerta que se destinó a la creación del Jardín Botánico. Dada su titularidad, la función de este botánico estaba orientada fundamentalmente al estudio experimental y técnico de plantas. Nos podemos hacer una idea de la importancia de estas instalaciones si tenemos en cuenta que la inauguración de las mismas, el 26 de febrero de 1925, contó con la presencia del rey de España, Alfonso XIII, como nombre oficial se había decidido “Colegio Mayor del Fundador don Pedro Cerbuna”.

Durante la II República el lugar se utilizaba en verano para colonias escolares, pero al terminar la Guerra Civil la residencia se cerró. En 1942 se aprobó la creación del “Colegio Mayor Cerbuna” en otro lugar, que es el conocido en la actualidad. Hay datos que hacen pensar que este botánico sobrevivió hasta 1956. De todas formas su actividad científica ha tenido continuidad en las instalaciones punteras de la “Estación Experimental de Aula Dei” del CSIC. En el espacio de la Residencia se erigió en los 60 el instituto femenino “Miguel Servet”.

Plano parcial de Zaragoza con la localización del Jardín Botánico (remarcado en verde), 1853. Teniente Coronel, capitán de ingenieros, D. Francisco Coello, Biblioteca Nacional de España

Pero tampoco tuvo sus inicios el jardín botánico en el complejo del paseo de Ruiseñores anexo a la Residencia de Estudiantes. Retomemos de nuevo la máquina del tiempo para viajar nada menos que hasta el último cuarto del siglo XVIII, donde por suerte se había formado la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, que en su afán por ejercer de ilustrados -es lo que tocaba en la época- insistieron en 1781 en la creación de un gabinete para organizar el estudio de la Historia Natural del Reyno.

Tal autorización llegó de mano del conde de Floridablanca, aunque la formación del jardín botánico y laboratorio químico adjunto tuvo que esperar hasta 1796 por falta de financiación.
El 19 de abril de 1797 pudo inaugurarse el primer “Jardín Botánico de Zaragoza” bajo la dirección de don Ignacio de Asso, corriendo a cargo de don Pedro Gregorio de Echeandía la cátedra de botánica y de don Francisco Otano la cátedra de química.

El lugar elegido fue un terreno que ocupaba parte de la huerta de las clarisas del convento de Santa Catalina, y parte de la Huerta de Santa Engracia. Convenientemente cerrado y vallado la entrada se efectuaba por la calle de San Miguel 30. En el plano, remarcado en verde, aunque medio siglo posterior a su puesta en marcha, podemos hacernos una idea de su céntrica ubicación.

Acceso al Jardín Botánico desde la Huerta de Santa Engracia, exposición Hispanofrancesa, 1908. Ignacio Coyne, AHPZ

Pero llegó 1808, el Primer Sitio de Zaragoza. Fue precisamente este lugar el escogido por los franceses para asaltar a la ciudad. Quedó todo arrasado. En 1813 los terrenos volvieron de nuevo a la Universidad de Zaragoza. El botánico fue sobreviviendo a duras penas hasta que llegamos a la fecha clave de 1856, bajo el rectorado de don Jerónimo Borao y la dirección de don Florencio Ballarín. Dio comienzo su época dorada, con nuevas instalaciones a cargo del arquitecto Martínez Sangrós, ocuparon 152 m2, una cátedra capaz para 100 alumnos, gabinete para el profesor, semilleros, laboratorio, habitación para el jardinero, etc. Aunque el uso era universitario y de investigación, el público podía visitarlo, con el permiso correspondiente.

En 1893 comienzan los recortes presupuestarios y la decadencia. Paralelamente en la nueva facultad de Medicina y Ciencias, ya a pleno rendimiento, se habilitó una zona en los jardines como herbario, trasladando especies y desmantelado el primoroso botánico ilustrado, hasta que en 1914 no quedaba nada.

Su último momento de gloria, al que pertenece la fotografía, tuvo lugar en 1908, para la exposición Hispanofrancesa. Don Basilio Paraíso, alma de la exposición, creyó conveniente incorporar el todavía lúcido Jardín Botánico a la muestra, derribándose parte de la tapia recayente a la Huerta de Santa Engracia y habilitar así un acceso directo. Para situarnos, hablando en “términos actuales”: el observador está en la plaza de los Sitios, a su derecha el bordillo delimita la Escuela de Artes; unos metros más allá se edificó el Grupo Escolar Gascón y Marín; casi enfrente nuestro, se trazó la calle Sancho y Gil; la arboleda de la izquierda fue sustituida por el Hospital Victoria Eugenia, de la Cruz Roja Española.

Un Jardín Botánico muy viajero: Calle de San Miguel, Facultad de Ciencias, Pº de Ruiseñores, parque Grande… ¿Será la ubicación definitiva?

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