Templo de Nuestra Señora del Pilar desde el balcón de San Lázaro, con el puente de Piedra (puede verse uno de los leones que lo custodiaban), imagen publicada en el libro The Adventurer in Spain, 1903, aunque la fotografía probablemente sea algo anterior. S. R. Crockett, escaneado por Hathi Trust Digital Library

Visitar el templo de Ntra. Sra. del Pilar siempre resulta impresionante. Da igual la procedencia de la persona, sea creyente, no creyente, devota, turista, amante del arte o zaragozana de toda la vida. Ya sólo su aspecto exterior impone por su volumen, sus líneas y por su inequívoco perfil bizantino. Algo parecido debió sentir el escocés Samuel Rutherford Crockett al contemplarlo desde el balcón de San Lázaro, para indicar en el pie de la fotografía <<la famosa catedral brillaba multicolor a la luz de la mañana>>. Y aún faltaban tres torres por levantar.

No sabemos qué sensación tendría al visitar su interior. Seguramente se vería atrapado por las dimensiones de sus tres naves, o por la maravillosa elaboración de su poco conocido coro, o por el extraordinario retablo de Forment, por no hablar de las pinturas de los Bayeu o de Francisco de Goya.

Lo que sí sabemos es que al situarse frente a la Santa Capilla para admirar el templete de Ventura Rodríguez no se quedó sorprendido por las enormes columnas y paredes cubiertas con multicolores banderas. Simplemente tendría que haber esperado un lustro más para ello. Aquí es donde quería llegar. La presencia de esas enseñas nacionales es un tema desconocido, no solo para el forano, sino en muchas ocasiones para el propio zaragozano.

Plaza de la Constitución, entrega de estandartes a la Virgen del Pilar, 29 de noviembre de 1908, publicado el 5 de diciembre en el semanario La Hormiga de Oro. Gustavo Freudenthal. Colección Moncho García Coca

No fue ninguna decisión de tipo político, ni tomada por ningún general nostálgico del extinto imperio español. Su origen tuvo lugar en Latinoamérica, siendo su promotor el prelado chileno don Ramón Ángel Jara, obispo de San Carlos de Ancud.

Dicho sea de paso, Jara era ferviente defensor del reconocimiento a España como “madre patria” por haber llevado el catolicismo a América, no por ello pretendía una relación de sumisión, ni mucho menos, ya que mantenía que como en toda familia llega un momento en que los hijos deben emanciparse.

El caso es que en 1899 participó en un congreso en el Vaticano, y a su vuelta se detuvo en España donde fue homenajeado en la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid. Ante el espléndido trato recibido, y mientras oía el himno nacional de su país, le surgió la gran idea. Traer las banderas de toda América Latina como homenaje a España para depositarlas en el templo de Nuestra Señora del Pilar, patrona de la Hispanidad.

Con el respaldo de 90 obispos americanos viajó a nuestra ciudad en 1908 con diecinueve banderas americanas, más la de Filipinas, tras pasar por el Vaticano para que el Papa Pío X las bendijera previamente.

Plaza de la Constitución, entrega de estandartes a la Virgen del Pilar, el señor obispo de Chile pronunciando sus discurso, 29 de noviembre de 1908, publicado el 7 de diciembre en La Ilustración Artística. Ignacio Coyne

El 29 de noviembre de 1908 tuvo lugar el gran acontecimiento. A las tres de la tarde salió la comitiva del Palacio arzobispal de Zaragoza por la calle de Don Jaime I hasta la plaza de la Constitución. Se habían congregado más de 20.000 personas para escuchar las palabras de monseñor Jara, precisamente desde el monumento a los Mártires de la Religión y la Patria -todavía no se había colocado la estatua sedente que representa la alegoría de Zaragoza-. Su discurso fue contundente, como muestra su última frase: <<Zaragoza, como americano te admiro; como cristiano te venero; y como obispo te bendigo>>. Dio cumplida respuesta de agradecimiento el alcalde de la Inmortal ciudad don Antonio Fleta Manjón.

Siguió la procesión hacia la calle de Alfonso I para entrar en el templo mariano y ofrecer las banderas a la Virgen en la Santa Capilla, con discurso del prelado Juan Nepomuceno Terrero, obispo de La Plata, siendo recibidas por el arzobispo de la ciudad monseñor Juan Soldevila, quien correspondió con otro discurso.

En los siguientes años se fueron sumando banderas. Como la de España, costeada por suscripción popular, ofrecida el 20 de mayo de 1909 por el Capitán General de la V Región Militar en nombre del rey Alfonso XIII. No sería hasta el 20 de mayo de 1952 cuando el alcalde de Zaragoza, don José María García Belenguer, donó la de la ciudad.

50º aniversario de la entrega de estandartes a la Virgen del Pilar, los embajadores hispanoamericanos realizan la ofrenda de banderas, 29 de noviembre de 1958. Emilio Lozano, agencia EFE

El paso del tiempo, sumado al humo procedente de las velas de los fieles, iba deteriorando las banderas más antiguas. Así, llegado el 29 de noviembre de 1958, 50º aniversario del emotivo acontecimiento de la entrega de las banderas, se procedió a otro gran acto de recuerdo en el cual se repusieron estandartes afectados y se añadieron algunos nuevos. La celebración dio comienzo a las 10 de la mañana con misa pontifical, seguida de una pequeña procesión desde el altar mayor a la Santa Capilla para proceder a la entrega, con la presencia de autoridades eclesiásticas, civiles, militares y embajadores de países hispanoamericanos.

Como curiosidades decir que: la mayor parte de las banderas, veinte, están en grupos de cinco; solo una es de un país asiático, Filipinas; una europea (sin contar España), la de Portugal, emparejada con la de Brasil; Estados Unidos también tiene su enseña, frente a la de Canadá, que es la última incorporación, justo en septiembre pasado; la de Aragón, por razones lógicas, no pudo ofrecerse hasta 1983; y por último sólo hay dos banderas de otras localidades españolas, desde 1953: Sos del Rey Católico y Madrigal de las Altas Torres, lugares de nacimiento de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.

50º aniversario de la entrega de estandartes a la Virgen del Pilar, las banderas hispanoamericanas son trasladadas procesionalmente hasta la Santa Capilla, 29 de noviembre de 1958. Emilio Lozano, agencia EFE

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