Vista general del Belén instalado en los solares del antiguo Cuartel del Carmen, con la calle capitán Portolés al fondo, hoy calle del doctor Val Carreres. Gerardo Sancho, 1961. Archivo Municipal de Zaragoza, 4-1-105835

Estos días navideños quien más y quien menos habrá visitado el Belén que el Ayuntamiento ha montado en la plaza del Pilar, con sus aproximadamente 1.200 m2 de extensión y completamente transitable, en el que casas, personajes, animales y oficios tradicionales componen un poblado que acompaña al pesebre al que se acercarán los Reyes Magos a su debido tiempo para adorar al Niño quien, puntual a su cita, volverá a nacer el 25 de diciembre.

Rememoramos así la visita que unos pastores, según nos narran algunos de los Evangelios, realizaron al pequeño Jesús al poco de nacer tras ser avisados del hecho por unos ángeles. Hoy, con las prisas y el adelanto de tan, según dicen, señaladas y alegres fechas, ya somos capaces de visitar el pesebre y al Niño antes incluso de que nazca, lo que no deja de ser paradójico.

Este monumental Belén tuvo su germen en uno más sencillo que se montó en el mismo lugar en 1973 con figuras de tamaño natural y que solamente se componía de la Virgen, San José, el Niño, una mula, un buey y dos pastores. Como sucede en algunas casas, con los años se fue ampliando con más pastores, unas cuantas ovejas, un puente bajo el que discurre un río, casas, artesanos y hasta los Reyes Magos, para formar un nacimiento de lo más aparente.

Pero este que podemos ver hoy no es ni el más grande ni el primero transitable que hemos tenido en Zaragoza. Viajando unos años atrás, en 1961 se tuvo que buscar otro lugar para tomar el relevo del que se construyó en 1960 en el bulevar central del paseo de la Independencia, y que debido a la drástica remodelación de este no pudo repetir su escenario.

Vista parcial con uno de los cuatro poblados que formaban parte del Belén ubicado en los solares del antiguo Cuartel del Carmen. Gerardo Sancho, 1961. Archivo Municipal de Zaragoza, 4-1-105832

Para recrear la Palestina de hace casi dos mil años había un emplazamiento céntrico y diáfano en el que hacerlo; no era otro que el solar del antiguo Cuartel del Carmen en la confluencia de las calles Sanjurjo, Bilbao, Casa Jiménez, Ramón y Cajal, Vieja Guardia y capitán Portolés. Derribado en 1955 tras el traslado de las unidades que lo ocupaban a otros cuarteles y previa subasta al mejor postor, los materiales de derribo tuvieron una segunda vida tras su venta a distintos gremios y algunos de sus sillares fueron incluso reaprovechados para restaurar el ábside románico de la Seo, que en aquellos años estaba siendo sometido a un lavado de cara de sus dañadas y envejecidas piedras. Así que cuando admiren tal ábside y sus “románicos” sillares, recuerden que no todos lo son. Ya lamento causarles un chasco.

Al igual que sus materiales, el solar también tuvo una segunda vida, o varias. Dada su extensión, unos 10.000 m2,  era apropiado para albergar a los circos que, sobre todo en las fiestas del Pilar, visitaban la ciudad para alegrar a pequeños y mayores con sus espectáculos de payasos y de fieras, ya que algunos traían auténticos zoológicos, según anunciaban antes de su llegada. El primero en hacerlo fue el Circo Americano en el Pilar de 1956.

Llegados a finales de 1961 el turno de ocuparlo le correspondió al “más estupendo Belén que puede soñarse” en palabras de la prensa de la época. Montado por la Obra Sindical “Educación y Descanso” en colaboración con el Ayuntamiento y bajo la dirección de Manuel Rodeles Giménez, ocupaba una extensión de 6.000 m2, dejando al actual en un proyecto de belén monumental. Esta Obra Sindical se ocupaba del montaje del Belén oficial, por llamarlo así, desde 1954, pero tenemos que reconocerle que en 1961 echó el resto. En algo colaboró también la empresa “Zaragoza Urbana S.A.”, dueña del solar, que lo cedió gratuitamente para la ocasión.

Vista parcial que muestra parte de los poblados y del lago que se incluían en el Belén. Gerardo Sancho, 1961. Archivo Municipal de Zaragoza, 4-1-105833

Para realizarlo trabajaron desde finales de octubre electricistas, jardineros, carpinteros, albañiles, escayolistas y pintores, gremios necesarios para elaborar desde las edificaciones de las aldeas orientales a los inmensos telones de fondo que daban sensación de profundidad y lejanía recordando a los valles, pendientes y montañas en torno a Jerusalén.

Se construyeron cuatro poblados completos, amén de varios castillos, uno de ellos el de Herodes, con 121 ventanas y rodeado por agua, además de varios edificios diseminados por el solar. A los pies de un lago de nada menos que 2.000 m2 se situaban las ciudades palestinas de Samaria y Jericó. No faltaba una representación de la cascada del torrente Cedrón, origen de un arroyo que luego desembocaba en el Mar Muerto.

Fueron necesarios casi 50 kg de simiente de césped para acondicionar el terreno y se recubrieron de ramaje todas las tapias para así conseguir un mejor efecto para que todos los visitantes sintieran la magia de verse transportados al auténtico pueblo de Belén.

Fue inaugurado el 23 de diciembre con la asistencia del arzobispo Casimiro Morcillo, arropado por diversas autoridades civiles y religiosas más un acompañamiento musical del coro de los infanticos de Pilar que interpretó una selección de villancicos. A partir de ese día los zaragozanos pudieron entrar en el inmenso recinto por la puerta habilitada en la calle capitán Portolés, hoy rebautizada en honor al doctor Val Carreres, y recorrer el Belén a través de un camino transitable de 400 metros, admirando las casi setecientas figuras, el lago, las cuatro aldeas con sus edificios y los cinco puentes construidos, uno de ellos también transitable. No faltaba la iluminación, para la que se emplearon, según la prensa, cerca de 14 km de cable eléctrico, siendo la aérea de mercurio, para dar sensación de luz cenital. El perímetro estaba adornado con centenares de bombillas y varios reflectores de diferentes tonalidades ayudaban a dar más sensación de realismo. Una amplia plataforma lateral permitía al público tener una vista general del conjunto.

El recorrido tenía como final la gruta en la que se había representado el Nacimiento, con sus figuras y un fuego que daba algo de calor a la cueva abandonada de la que habla el evangelista San Lucas. A falta de los infanticos del primer día, unos altavoces ofrecían el acompañamiento musical cantado por las mejores escolanías. Nada podría faltar para ensalzar la alegría auténtica que embarga a todos en esos días de Navidad. O quizá no a todos, ya que eso de la alegría obligatoria unos días concretos es algo que a según quien no le apasiona especialmente. A pesar de las luces. Doy fe.

Vista parcial del Belén instalado en los solares del antiguo Cuartel del Carmen, con la calle capitán Portolés al fondo, hoy calle del doctor Val Carreres. Gerardo Sancho, 1961. Archivo Municipal de Zaragoza, 4-1-105836

Esos días, además de pasear por el Belén, los pequeños, a falta de Play Station, Smartphone u otros juguetes más propios de esos años – Papá Noel aún no cruzaba los Pirineos – podían asistir al cine para ver películas como “101 dálmatas”, “Viaje al fondo del mar” o “Tarzán de los monos”. Para los regalos, cuando los había, tenían que esperar a los Reyes Magos de Oriente la noche del 5 de enero, lo que no dejaba de ser una faena porque poco después de desenvolver los presentes había que volver al colegio. Mientras tanto podían acercar sus pequeñas narices a los escaparates de establecimientos proveedores de juguetes a SS.MM. como El Ciclón o el Bazar X para preparar la carta destinada a Oriente, aunque alguna se perdiera en el camino y no por falta de sello ni de dirección correcta.

Una vez pasadas las Navidades de 1961, el solar del antiguo cuartel siguió siendo la sede de los diferentes circos que visitaban la ciudad, hasta que a finales de los años 60 fue urbanizado y se inició la construcción del gigantesco edificio “Imperial”, que comprendía 72 viviendas en tres bloques, llamado así por estar situado en la vía del mismo nombre, antes Sanjurjo y hoy renombrada como de César Augusto, finalizado en 1969 y que entonces era un modelo en su género. La calle del marqués de Casa Jiménez también se alargó unos cuantos metros aprovechando la reordenación urbana de la zona, calle luego flanqueada por un hotel de lujo, cines y hasta el casino.

En cuanto al Belén, siguió su peregrinar por distintas ubicaciones, ya con unas proporciones mucho más modestas, encontrando acomodo durante unos años en la esquina de la plaza de España entre la Diputación Provincial y el Banco Hispano Americano, hasta que en 1972 se trasladó a la plaza del Pilar, aún con figuras de pequeño tamaño. Como ya se ha dicho, en 1973 se colocó el germen del actual y, tras 50 años en el mismo lugar, casi podemos decir que ha encontrado su acomodo.

Fragmento del plano de 1958 de Antonio Margalé (izquierda) en el que aparece aún el Cuartel del Carmen y del de Antonio y su hijo Rafael Margalé (derecha) de 1965, en el que se aprecia el solar donde se ubicó el Belén y que poco después fue urbanizado.

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