Vigésima parte del billete correspondiente al número 53453 para el sorteo de Navidad celebrado de manera extraordinaria el 21 de diciembre de 1929 con errata de impresión en la fecha, agraciado con el Gordo y vendido en Zaragoza. Loterías y Apuestas del Estado

Creemos a menudo que los sueños son cosa de niños. Anhelos imposibles, ilusiones que solo existen en el imaginario de los más pequeños, pero lo cierto es que en el mundo de los adultos a veces también se nos permite soñar.

Quizás esa magia no lleve incorporada tanta brillantina como en los tiernos infantes aunque, ¡quién nos iba a decir a nosotros que saltaríamos de nuestros asientos al escuchar un número que sale de un bombo, y que serían precisamente los niños quienes nos harían creer en esos sueños!

La Lotería Nacional, y más especialmente la que se sortea el día 22 de diciembre, es la reina de la ilusión. Cada año compramos lotería para acoger al Gordo entre nosotros. Si bien es cierto que los zaragozanos tuvimos más suerte con el primer premio en el siglo XIX, ya que hasta en seis ocasiones se paseó la diosa fortuna por nuestras calles –y es que caprichosa ella, se posa donde le parece–, el mayor premio de la Lotería Nacional siguió pasando de refilón por nuestras casas y tan solo en tres ocasiones se detuvo en Zaragoza para Navidad en el siglo XX.

Pero no seamos quejicas y centrémonos en aquellos días de Pascua de 1929. Desde la Casa de la Moneda en Madrid se procedía al sorteo más esperado del año. En los días anteriores los llamados “colistas” se apostaban junto a la tapia del edificio, permaneciendo a la intemperie hasta el día del sorteo, por si alguien les compraba a un buen precio su lugar en la fila para acceder al recinto. En el interior, la mano inocente de un huérfano del colegio de San Ildefonso era quien acariciaba con sus dedos y su voz la fortuna.

De manera extraordinaria, aquel 21 de diciembre, después del consiguiente cántico infantil, como todos los años en la central de teléfonos se organizó el servicio de corresponsales para los periódicos de provincias. El tenor Carmelo Bermúdez cantó los números y a medida que salían del bombo de la Casa de la Moneda se iban transmitiendo por hilo directo”. El primer premio llegaba así a Zaragoza:

Operarios tallistas de la fábrica Loscertales agraciados con el premio Gordo en el sorteo de Navidad celebrado el 21 de diciembre de 1929. Mundo Gráfico

“El Gordo lo cantaron los niños a las doce y cuarenta minutos, y cinco minutos después salió el sexto” –relataba La Vanguardia en su edición del domingo 22 de diciembre de 1929–. “El billete fue vendido en la administración número 2, sita en la calle Alfonso I, El Pilar, a cargo de doña Elena Osete Fraile, que desde junio lleva repartidos nueve premios de los grandes. También ha vendido esta lotera los billetes de la decena del Gordo. Premio muy repartido y sin duda bien invertido en la capital aragonesa.

Como curiosidad relatamos los premios recibidos por algunas de las personas que resultaron agraciadas:
Al industrial don Joaquín Orús le correspondió el premio de cincuenta mil pesetas repartido entre la clientela en participaciones de un real en adelante. Eliseo Rodríguez, contratista de obras de la provincia de Teruel, al pasar recientemente por Zaragoza, adquirió una participación de dos pesetas del Gordo al obrero de la casa Loscertales. Los operarios tallistas de esa misma casa también lograron un buen pellizco en ese mismo sorteo.

Los pintores del Ayuntamiento, Antonio Luna, Tomás Carcos y José Torres, favorecidos con participaciones de quince, catorce y cuatro pesetas en el premio Gordo del sorteo de Navidad. Mundo Gráfico

Anselmo Ostáriz jugaba una participación de cinco pesetas y éste hizo entrega de una de tres pesetas, sin extender recibo de ninguna clase a Gaspar Ibáñez que fue agraciado posteriormente con 22.500 pesetas. He aquí uno de los casos típicos de nobleza tan frecuentes en esta tierra de Aragón.

Anselmo Ostáriz era propietario del café Ricla, ubicado en esa misma localidad al frente del cual se hallaba su esposa Josefa y sus hijos María, Carmen y José. El vecino que cobró sin llevar participación escrita era un contertulio de ese establecimiento.

Este sorteo lleno de anécdotas se adelantó un día a la fecha tradicional del 22 de diciembre ya que cuando ese momento señalado en el calendario caía en domingo, se anticipaba al ser festivo. Esta circunstancia se dio hasta 1991, momento en el que dejó de suceder por la flexibilidad de horarios en los días inhábiles. Incluso en alguna ocasión se celebró el día 23 de diciembre como  en las navidades de 1906.

Pero regresemos a 1929, a esa lluvia de millones que el recadero más conocido de la ribera del Jalón dejó a su paso…

Vecinos de la calle de Casta Álvarez agraciados con el premio Gordo de la lotería de Navidad de 1929. Mundo Gráfico

El recadero Manuel López Moreno “El Morretes”, que realizaba el viaje de Zaragoza a Ariza, adquirió diez vigésimos del primer premio, repartidos como lluvia de oro en los pueblos de la ribera del Jalón. Llegó a Zaragoza a las seis de la tarde, siendo recibido en volandas por los amigos y agraciados compartiendo un total de 15.000.000 de pesetas entre los poseedores de las participaciones premiadas del número 53453.

Sin embargo, este premio alberga una historia cuando menos curiosa, que merece la pena reproducir… El periodista de Crónica, Manuel Casanova, mencionaba en su entrevista a la mujer que regentaba desde 1927 el establecimiento que dio la suerte, como “viuda de buen ver”, algo que hoy resultaría inadmisible en un medio de comunicación y en la sociedad en general. Citaba además a nuestro protagonista por boca de doña Elena. Hablaba de la relación que le unía con el intermediario entre la administración y el resto de agraciados en el sorteo.

“El Morretes” junto a su esposa, Tomasa Berdejo, y el periodista de Crónica, Manuel Casanova. A la derecha, en la sucursal bancaria del Banco Español de Crédito donde depositó los vigésimos premiados del sorteo y las matrices de las participaciones

No era otro que el mandadero natural de Sabiñán, Manuel López Moreno, apodado “El Morretes”. Este trabajador que recorría las localidades entre Zaragoza y Ariza usando las líneas de ferrocarril, conocía al padre de Doña Elena, médico de profesión, ya que estuvo destinado durante un tiempo en Ariza y Monreal de Ariza, lugar por el que pasaba a diario “El Morretes”. También relataba la administradora que fue ella quien dio los veinte vigésimos, diez de ellos a Manuel, que a la postre resultaron premiados con el Gordo de Navidad.

Aquella mañana amaneció nevando y siguió lloviendo. A las precipitaciones atmosféricas las acompañó otra lluvia, pero esta de millones, a lo que los zaragozanos respondieron con inmensa alegría. Al “Morretes” le pilló la noticia en sus repartos mañaneros. 7,5 millones de pesetas eran la causa de la algarabía que algunos desaprensivos le formaron en días posteriores. Aparecieron rumores sobre si este había vendido más participaciones de las que realmente podía, que si lo habían encarcelado con anterioridad por otros delitos e incluso que si se había quedado con el dinero del premio…

Todo era mentira.

Elena Osete Fraile, lotera regente de la administración nº 2 “El Pilar” en la calle Alfonso I, junto al periodista de Crónica, Manuel Casanova, con el ejemplar del 22 de diciembre de 1929

Don Manuel depositó en el Banco Español de Crédito los 7,5 millones de pesetas entre todas y cada una de las participaciones que realizó de los diez vigésimos premiados y la matriz de todos los talonarios, permitiendo retratarse en ese momento para demostrar su inocencia, aunque muchas de ellas de ínfima cantidad (media peseta alguna) fueron destruidas y “El Morretes” sonrió al enterarse.

Se produjeron otras anécdotas curiosas entre los agraciados, como el caso de Ignacio Fernández, un comerciante de ultramarinos de Ariza, quien recibió como pago de dos docenas de huevos por parte del recadero, dos participaciones de 3 pesetas del número 53453, por lo que el negocio le salió redondo, obteniendo una ganancia de nueve mil duros, a razón de 375 duros por huevo. Después de aquel golpe de suerte tendrían que pasar otros 27 años para que la capital del Ebro recibiera la llamada de la fortuna durante el sorteo navideño.

Administración nº 4 en el Paseo de la Independencia nº 3. Curiosos se agolpan en el portal al saber que el Gordo se ha vendido allí. Gerardo Sancho, 1970

En 1956 Zaragoza se veía sorprendida con el primer premio de la lotería de Navidad. En esta ocasión el premio eran 15.000.000 de pesetas al billete. La portadora de sueños fue la administración nº 4 sita en el paseo de la Independencia número 3. Si el cartero llama dos veces, la suerte hizo lo propio en este lugar, ya que en 1970 esta misma administración volvería a repartir el primer premio, con su anterior y posterior escoltándolo en su destino del nº 19381.

La fortuna es caprichosa como sabemos y quiso que el mismo número premiado en 1956, el 15640, duplicara la ilusión otorgando otra lluvia de millones veintidós años más tarde. En 1978 el primer premio se repetía en número y sorteo. Algunas ciudades que compartieron suerte con Zaragoza en el 56 se beneficiaban del azar amarrado a un número. Lástima que en esa segunda ocasión Zaragoza no estuviera en sus planes.

En la década de los cincuenta todavía quedaban demasiados sueños rotos entre la España de la posguerra, sin embargo, la Navidad y más concretamente el sorteo de la lotería, hacía que por unas horas la respiración se contuviera por si era nuestro número el agraciado. El tocado por la varita de la suerte…

Adiós a las letras del pisito, a las del utilitario y las de la televisión. Por fin entrarían en casa los maravillosos electrodomésticos que “toda mujer deseaba y necesitaba” para una vida más cómoda y llevadera: lavadoras Westinghouse, cocinas Ignis, calentadores Fagor… todo era posible si uno de esos billetes de 200 pesetas resultaba premiado.

Aquel año de 1956, Miguel Roa y Joaquín Sánchez, “niños de San Ildefonso” tenían en sus inocentes manos el destino de parte de los 1.080 millones de pesetas, cantidad jugada por los españoles en ese sorteo, con un importe en premios de 750 millones. La pedrea a 10.000 pesetas, que cantaban alegremente en un soniquete incesante hasta llegar al preciado primer premio.

Doña Dolores Gil Vallabriga, propietaria de la administración número 4, ya mencionada anteriormente, fue la encargada de repartir fortuna una vez más. Como decíamos, aquel 22 de diciembre de 1970, esta vez con el 19381. Como no hay dos sin tres, el anterior y posterior al Gordo fueron de la mano y doña Dolores alegró las navidades a no pocos zaragozanos.

Sin la tecnología que hoy nos rodea, se valía de bolígrafo y papel para anotar a los ganadores con sus correspondientes series. También apuntaba los bancos o cajas donde habían sido depositados los billetes premiados.

Administración nº 5 “El Rincón de la Suerte” en su anterior ubicación en la calle Estébanes número 20 pegada a la iglesia de San Gil. Colección Alejandro Aznar

Quien no podía faltar en este apartado dedicado al sorteo de Navidad, es el decano de las administraciones Zaragozanas. La administración número 5, “El Rosario” o El Rincón de la Suerte, como es popularmente conocido, lleva vendiendo lotería desde el siglo XIX. Desde los años sesenta del siglo pasado se ubicó en la calle Estébanes nº 20, antes de trasladarse a su actual domicilio en la calle Don Jaime I número 11. En Estébanes repartió en 1980 un buen pellizco de la lotería de Navidad con el 42735, un tercer premio que supo a gloria.

Después de aquellas Navidades, ya no se puede considerar nostalgia. Demasiado cerca están los recuerdos en la memoria, por lo que vamos a seguir evocando aquellas Navidades pasadas que nos devuelven a una época en la que nuestra mayor preocupación era apuntar correctamente los números premiados.

¡Cuántos de nosotros escuchamos en la radio y después vimos en la televisión, el sorteo íntegro…hasta que salía el Gordo! Anotábamos fehacientemente todos los números en una libreta por si se había escapado algún premio. Después de eso solo quedaba acercarse a los kioscos y comprar el ejemplar del periódico cantado al oído para certificar al día siguiente que seguíamos siendo igual de pobres, a lo que nuestras madres añadían… ¡salud que no falte!

Claro que siempre quedaba la esperanza de jugar otro décimo para “el Niño”…

Plaza del Pilar. Un vendedor ofrece lotería para el sorteo “del Niño”. Narciso Puig Cardona. 1973

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