Las tres bombas halladas en el templo del Pilar, de las cuatro arrojadas por un avión enemigo en la madrugada de ayer y que milagrosamente no hicieron explosión, 4 de agosto de 1936. Emilio Lozano, cliché “El Noticiero”. Aviso a lectores: se han mantenido los pies de foto originales, no implica que se esté de acuerdo con su enunciado.

Hace unas cuantas semanas relatamos, en este mismo espacio, la curiosidad que despierta en el visitante ver las banderas de los países de la Hispanidad, y alguna más, en el Templo de Nuestra Señora del Pilar. Aunque para propios y foranos nada comparable con la presencia de dos bombas de aviación colgadas de la pared en el exterior de la mismísima Santa Capilla. Un cartel explica escuetamente “Dos de las tres bombas arrojadas sobre el S.T.M. del Pilar el 3 de agosto de 1936”. Para completar su asombro sólo tienen que dirigir sus miradas a dos lugares concretos del techo (fotografías en este artículo, realizadas el mismo día del bombardeo), para distinguir los agujeros producidos por la caída de los proyectiles, debidos a su impacto que no a su detonación, no reparados para que quedaran como prueba patente de lo acontecido.

Tema este del bombardeo sin explosión que suele levantar polémica, más dada a nuestra naturaleza de dejarnos llevar visceralmente por las filias o fobias personales tanto religiosas como ideológicas, que hace negar enérgicamente lo evidente porque se quiere obligar a la Historia a que diga lo que queremos oír, no lo que sucedió en realidad. Por todo ello lo ocurrido aquella madrugada del 3 de agosto de 1936 está lleno de manipulaciones, ‘leyendas urbanas’ e interpretaciones interesadas… los bulos no son inventos modernos.

Que el bombardeo existió y que ninguno de los artefactos explotara es innegable, son muchas las evidencias y los testigos. Como lo nuestro son las fotografías y la documentación, no la especulación ni las hipótesis torticeras, vamos a intentar a través de ellas clarificar este extraño caso de las bombas arrojadas y no detonadas.

Una de las bombas que el avión enemigo arrojó contra el Templo y fue a clavarse en el pavimento de la plaza del Pilar, 3 de agosto de 1936. Marín Chivite, fotograbado Heraldo

Recién comenzado el día 3 de agosto de 1936 algo se movía en el aeródromo del Prat de Llobregat. Un avión se preparaba para despegar en plena noche. Se trataba de un Fokker trimotor F.VII con matrícula EC-PPA, de las Líneas Aéreas Postales Españolas “LAPE”, militarizado en los primeros días de la Guerra Civil, siendo transformado como bombardero por milicianos anarquistas, adaptando debajo de las ventanillas el mecanismo que permitía transportar y arrojar bombas.

El Fokker estaba pilotado por el alférez Manuel Gayoso Suárez, aviador militar desde 1922, al que acompañaron dos mecánicos. Aeronave y piloto conocían el recorrido sobradamente ya que los últimos días sobrevolaban la columna Durruti en misiones de apoyo y reconocimiento.

El objetivo: dirigirse a Zaragoza y bombardear el Pilar. La orden había partido del «Comité Central de Milicias Populares Antifascistas de Cataluña», que solían funcionar con bastante independencia del mando gubernamental, como estrategia intimidatoria ante el  fracasado avance sobre la ciudad de las columnas Durruti y Ortiz. Se consiguió todo lo contrario.

Una de las bombas arrojadas por el avión enemigo de España cayó en la plaza del Pilar en el arroyo inmediato a la fachada del Templo. La bomba tampoco hizo explosión; pero al caer sobre el pavimento quedó marcada, como puede verse en la fotografía, una cruz, 3 de agosto de 1936. Marín Chivite, revista Aragón, SIPA

El avión llegó a la ciudad minutos antes de las tres de la madrugada, a muy baja altura, y sin problemas ya que hasta el año siguiente Zaragoza no dispuso de sistema antiaéreo. El ruido del motor había alertado a más un vecino en la calurosa noche veraniega, quedando a la expectativa por si se trataba de aviación amiga o enemiga. Al llegar al templo pilarista el habilitado bombardero dejó caer cuatro proyectiles, algunos de 50 kg, conteniendo aproximadamente 20 kg del explosivo conocido como trilita (trinitrotolueno, el famoso TNT de los dibujos animados).

La primera bomba parece ser que se hundió en el Ebro, pero no se ha encontrado nunca. Otras dos perforaron el tejado del Pilar, una sobre el Coreto de la Virgen dañando el fresco de Goya “La adoración del nombre de Dios”, otra atravesó la bóveda horadando la pechina próxima a la Santa Capilla (ver fotografías adjuntas). La cuarta cayó en la Plaza, en el lugar exacto que actualmente se encuentra señalado con una cruz de mármol, quedando clavada en los adoquines. La mayoría de la población no advirtió nada extraño ya que no hubo explosión alguna. De las tres bombas que impactaron ninguna estalló. Según Heraldo de Aragón el vecino Tomás Burillo dio el aviso de que habían caído varios proyectiles, uno de ellos en la plaza.

La ciudad se empezó a movilizar, principiando por la evaluación de daños. Las dos bombas que atravesaron las cubiertas pilaristas habían quedado destrozadas por el choque contra tejado, vigas, entramado… fueron retiradas junto con la trilita desparramada y recogidas por el arquitecto Teodoro Ríos. Para la de la plaza, que requería toda la precaución, se hizo necesaria la presencia de miembros del Parque de Artillería.

(Izda.) La bóveda del Coreto, de Goya, perforada por las bombas, Marín Chivite. (Dcha.) La pechina próxima a la Santa Capilla, muestra también su agujero criminal, Emilio Lozano, cliché El Noticiero. Ambas del 3 de agosto de 1936, revista Aragón, SIPA

Pero ¿Por qué no habían explotado las bombas? En una primera inspección, viendo el tipo de ojivas de las que se trataba, se determinó que era prácticamente imposible que su mecanismo de detonación se hubiera activado. Estaban dotadas de una hélice que al caer gira liberando alguno de sus componentes que funciona a modo de seguro. Pues bien, para que eso suceda se necesitan por lo menos 500 metros de altura, mientras que los testigos presenciales relataron que el avión pasó a poca distancia de las dos torres (entre 150 y 200 m del suelo).

En un examen más minucioso de la bomba que había quedado prácticamente intacta, realizado por el teniente coronel Manuel Cella, director del Parque de Artillería de Zaragoza, se concluyó en el correspondiente informe técnico que el artefacto tenía completos todos sus componentes, hallándose éstos en perfecto estado, pero los elementos del fulminante estaban montados de forma desordenada, en vez de pólvora-cebo-multiplicador, que es lo correcto, se encontraron pólvora-multiplicador-cebo. Imposible que se produjera la explosión en el impacto.

Tanto la bomba intacta como los fragmentos de las otras dos fueron llevadas a Talleres Mercier, junto a la estación zaragozana de Cariñena, empresa especializada desde muchos años antes en la fabricación de material bélico. Con la primera se procedió a su estudio, realización de plantillas para su copia y producción en serie, ya que los golpistas carecían de este modelo de proyectil. Los Talleres Mercier se militarizaron el 5 de agosto.

Las bombas se restauraron y niquelaron, exponiéndose dos de ellas en el Pilar, como bien sabemos.

(Arriba) Titular del diario “El Noticiero”, Zaragoza, 4 de agosto de 1936. (Abajo) Titular del diario “Solidaridad Obrera-AIT”, Barcelona, 4 de agosto de 1936

Aunque desde el primer momento diarios como El Noticiero adjudican la categoría de milagro a los acontecimientos (no se leyeron el informe del propio ejército sublevado) la Iglesia jamás ha considerado un milagro el hecho de que las bombas no explotaran.

Por el contrario también hay opiniones actualmente que mantienen que fue un acto propagandístico elaborado por los golpistas, simulando un bombardeo republicano para enardecer a la población. Leyendo algunos de los titulares de prensa no queda duda alguna de dónde partió la orden: “Nuestros aviones bombardearon el templo del Pilar” recoge la portada del periódico anarcosindicalista Solidaridad Obrera- AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores). En subtítulos (casi ilegible en la fotografía) añade: “(Por teléfono, con Durruti, ocho de la noche): Nos comunican del frente aragonés, ayer tarde, que nuestros aviones bombardearon, con gran eficacia, el templo del Pilar, de Zaragoza, donde se hallaban acuartelados numerosos fascistas”. En su edición del día 5 completaba su información: “El Templo del Pilar destrozado”.

Se ha intentado exponer solamente hechos, sin valoraciones. Cada lector sacará sus propias conclusiones personales. Que acontecimientos ocurridos hace casi noventa años no enturbien nuestra mente y sirvan para no cometer los mismos errores.

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