En primer lugar, desearía presentar mi queja por la duración exagerada de la huelga de autobuses urbanos de Zaragoza capital. En mi caso, dependo del bus para desplazarme por la ciudad y a mi trabajo, del que vivo alejada: debo tomar dos líneas, para lo cual voy renovando un bono cada 90 días. La huelga comenzó el 20 de febrero de 2021: creo que ya ha habido suficiente tiempo para llegar a acuerdos. No sé qué piden exactamente aunque comprendo que luchen por sus derechos.

Yo soy interina en Educación, de Formación Profesional, y tan pronto estoy en Zaragoza como en un lugar tan alejado como puede ser Teruel o Barbastro, lo cual no me importa, porque me gusta mi comunidad y su gente -he vivido allí y en más sitios y me encantan- aunque tengo que atender asuntos familiares como cualquiera. Mis horas de trabajo son superiores a otras comunidades autónomas, gracias a recortes que se llevaron a cabo y que no se han revertido –ahora parece que se ha llegado a un acuerdo con Educación-, por no hablar de horas extras en casa o en el centro, e incluso debo añadir que el sueldo es menor en Aragón. Además, se reciben opositores del resto de España que no tienen problema para presentarse aquí, cuando nosotras no podemos presentarnos en comunidades donde existen lenguas vernáculas –a no ser que tengas el nivel certificado exigido en las pruebas-. Actualmente hay un clima añadido de crispación, a causa del oscuro proceso de estabilización del funcionariado. Y encima, te puedes poner enferma y no poder corregir tareas o exámenes, ni preparar clases, ni cumplir con la inmensa burocracia que desde hace unos años nos han asignado.

A todo este maremágnum, se suma que debo salir con más de una hora de antelación para no llegar tarde al trabajo por la dichosa huelga. Yo me pregunto qué ocurriría si todas las profesionales de la educación dejáramos de trabajar para reivindicar lo antes mencionado: ¿Dónde llevarían las personas afectadas a sus hijas, hijos y demás familia mientras trabajan si no tienen una red social suficientemente amplia y disponible para ayudarles? ¿Qué pasaría si se cerraran institutos y colegios?

Ahora les voy a hablar de responsabilidad: tengo alumnado que viene de barrios rurales, de pueblos de alrededor de Zaragoza o de toda la Comunidad Autónoma, e incluso de las vecinas, que depende igualmente del bus para llegar a tiempo a las clases, porque son presenciales y las faltas cuentan. Son gente joven, con un futuro que no es muy halagüeño me parece, dadas las circunstancias actuales. Muchas compatibilizan sus estudios con un trabajo. Este esfuerzo supone, por añadidura, un desembolso económico para sus familias. Entonces ¿les vamos a poner aún más trabas para que completen una formación que ni siquiera les asegura que les ayude a acceder a mejores empleos? Responsabilidad de todos pienso yo.

He de decir que cuando trabajaba como auxiliar, tuve una compañera, cuyo padre era trabajador de TUZSA, que me ayudó mucho: me acercaba en coche a un instituto donde yo cursé una FP. Gracias a su generosidad, yo llegaba a algunas clases y eso no hubiera sido posible yendo en bus. Siempre la recordaré con cariño. Por consiguiente, pienso en el compromiso, en el respeto, en la solidaridad, en el apoyo mutuo.

Concluyendo, querría pedir que finalice ya este asunto, que dura demasiado, que afecta a muchas personas sin tener culpa alguna y provoca pérdida de tiempo, pérdida monetaria y pasa factura a todas y todos.

Ana Isabel Pontaque Pérez

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