El Teatro de las Esquinas acogió este lunes una gala llena de acrobacias, teatro y circo

Federico García Lorca dijo una vez que el teatro es esa poesía que se levanta del libro y se hace humana y que «al hacerse humana habla y grita, llora y se desespera». Y ese arte que emociona y conmueve necesita de unos artífices que, sobre las tablas, cuenten historias de amor, desamor, dramas y comedias. Y por ello, para reconocer el trabajo y el talento de actores, productores y compañías, este lunes se ha celebrado la XIII Edición de la Gala de las Artes Escénicas de Aragón en el Teatro de las Esquinas. Una cita que coincide con la celebración del Día Mundial del Teatro y que, después de doce ediciones, quiere ensalzar y llevar el teatro aragonés allá donde quiera.

Combinando el teatro y el circo y con un carismático y sorprendente estilo personal, Daniel Esteban ha sido merecedor del Premio artista revelación por una carrera prometedora que, parece, va en la sangre, pues forma parte de una familia muy unida a las artes circenses. Y de un talento incipiente a otro con una sólida carrera que era un fiel reflejo de la forma de entender el arte de Pedro Rebollo. Sobre el actor y crítico teatral, que falleció a los 59 años hace apenas unos meses, ha recaído el Premio Honorífico. La actuación de su hija, Violeta Rebollo, evidenciaba en las Esquinas ese bello legado en forma de pasión y amor por el teatro.

El Premio a la gestión cultural ha recaído en Pilar Más mientras que Chipilandia, y también ser ese «animal de teatro» como lo cataloga la crítica, bien le han valido a José Luis Sabirón el Premio al trabajo que ha recibido de la mano de Marianico El Corto. Con una trayectoria que va desde superproducciones como Way Down hasta tantas obras de teatro que parecen incontables, Silvia de Pé ha demostrado con creces que es una auténtica actriz camaleónica y por eso, y por llevar la pasión por el teatro y también por Aragón, allá donde va, ha recibido el Premio aragoneses por el mundo.

Si hay un lugar en el que los sueños se hacen realidad y donde los títeres cobran vida hasta llevar la magia y los cuentos a cualquier rincón ese es Abizanda. Este pequeño pueblo es desde hace unos años la casa de los Titiriteros de Binéfar. Y es que allí crearon un teatro propio con residencia para invitar a artistas y colaboradores con el objetivo de establecer lazos de relación e intercambio con las compañías de títeres y de teatro popular de todo el mundo. Por eso, el Premio a la iniciativa artística ha ido directo a La casa de los títeres de Abizanda. Y de una escuela a otra, la del Teatro Arbolé, allí donde los más pequeños y los jóvenes pueden conectar con las artes escénicas de la ciudad gracias a iniciativas y actividades que les permiten practicar el lenguaje corporal, la expresión y las emociones entre otras. La escuela del Teatro Arbolé ha recibido el premio a las Artes Escénicas y la Pedagogía.

Así, en una gala llena de talento en la que no han faltado las actuaciones de Titiriteros de Binéfar, los Títeres de la Tía Elena, Circo la Raspa, Civi Civiac, Kinser Producciones o Pepín Banzo, actores, productores y compañías han demostrado por qué el teatro y las emociones que se plasman sobre las tablas son, precisamente, poesía que se hace viva.

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