Exposición Cisnes centro de historias
Foto: Laura Trives

Fue «prima ballerina assoluta» del Teatro Liceo de Barcelona y enamoraba a cualquiera con sus movimientos delicados y el talento desmedido que demostraba al bailar «El amor brujo» con Vicente Escudero y otras de las grandes piezas del ballet clásico. María de Ávila nació en Barcelona, pero se enamoró en Zaragoza, concretamente sobre las tablas del Teatro Principal. Por ese amor que sintió por un ingeniero zaragozano se bajó del escenario cuando estaba a punto de firmar un contrato como bailarina en América. Pero nunca jamás dejó de bailar. Fue la artífice de una escuela de danza de la que salieron cientos de cisnes que echaron a volar a las grandes compañías de ballet clásico. Cisnes que ahora extienden sus alas llenas de magia y belleza en una exposición en el Centro de Historias.

Tutús, el traje con el que se le rindió homenaje a María de Ávila en el Principal y cientos de fotografías componen la primera sala de la exposición en la que también se rinde homenaje al «legado más hermoso de María de Ávila: Lola de Ávila», tal como ha dicho la comisaria de la exposición, Ana Rioja. Lola de Ávila fue considerada como el «alma» de Giselle para el San Franscisco Ballet y el traje rosa icónico de «El Lago de los Cisnes» brilla en la sala como uno de los grandes tesoros de esta exposición que se podrá ver hasta el 8 de enero.

Exposición Cisnes centro de historias
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Una gran barra de ballet en la que cientos de cisnes han hecho cientos de miles de pliés y relevés abre la segunda sala en la que se hace un recorrido por las escuelas de danza clásica más celebres de Zaragoza, fundadas por alumnos de María de Ávila. Uno de los «cisnes más bellos» es la bailarina internacional Arantxa Argüelles y su escuela de danza es una de las que protagoniza esta parte de la muestra junto a Coppelia Danza, la de Antonio Almenara y Carmen Aldana o Emilia Baylo.

LOS GRANDES CLÁSICOS DE LA DANZA DE ZARAGOZA

Quizás, una de las estructuras más bellas de toda la exposición sean los tutús del Ballet de Zaragoza que, colgados en forma de árbol, adentran al espectador en un bosque mágico y lleno de color y belleza. Otras de las grandes joyas de la exposición son las castañuelas de Vicente Escudero propiedad de Miguel Ángel Berna o las icónicas castañuelas de metacrilato del bailarín. Además, también hay puntas como la de Carmen Roche y Laura Homigón o el tutú con el que Trinidad Sevillano bailó El Corsario Paso a dos con el Ballet Nacional Clásico en 1984.

Con una impresionante escenografía que Jorge Gay hizo para El Trovador de LaMov de 2008 se cierra una exposición en la que también se analiza el mundo de la investigación en la danza. En total, más de 150 bailarines y coreógrafos, 130 fotografías desde los años 40 y hasta la actualidad, bocetos originales y escenografía son las cifras de una exposición hecha por y para los cisnes.

«Hemos representado a unos 150 cisnes pero hay muchos más que no están en la exposición. La danza es una disciplina histórica y Zaragoza debería ser la ciudad de la danza. Este es nuestro agradecimiento a esos cisnes que abrieron sus alas y nos hicieron libres y nos contagiaron su libertad», ha reconocido la comisaria Ana Rioja.

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