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La llamaba su patria amada y es que Goya sentía una profunda conexión con esa Zaragoza en la que vivió durante 29 años. Allí pintaba a los parroquianos de la taberna de la calle Colchoneros para ganarse una propina, iba a sus primeras corridas de toros con 18 en una recién inaugurada plaza de La Misericordia y conoció a su gran amigo Martín Zapater, al que escribía cartas y cartas contándole cómo iban sus pinturas o lo que echaba de menos la ciudad al irse a Madrid. También le marcó su Fuendetodos natal, sobre todo la cocina en la que su madre le hacía los pucheros. Ahora, todos esos espacios saltan a La Lonja en la exposición «Yo soy Goya. La Zaragoza que viví, 1746-1775», una muestra que va un paso más allá de la faceta artística del de Fuendetodos y profundiza en la Zaragoza de la época y que se ha presentado el mismo día en que Goya nacía en 1746.

Es el propio pintor el que, haciendo gala de su carácter innovador, da la bienvenida a la exposición en un holograma a tamaño real que cuenta a los visitantes algunas curiosidades y anécdotas del de Fuendetodos, como esa fama que tenía de tacaño o sus recuerdos más felices en su pueblo natal. Y precisamente allí, en su cocina de Fuendetodos y con el abrigo del hogar, el pintor cuenta a través de un corto 360 algunos de los momentos más felices, e infelices, de su vida.

«Lo que teníamos claro es que queríamos hacer una exposición que, primero, se acotara en las fechas en las que Goya vivió en Zaragoza durante esos 29 años y que no pivotara sobre las grandes obras pictóricas del pintor sino que fuera fundamentalmente didáctica, mostrando cómo era la ciudad en ese momento, los barrios…En definitiva, todo lo que Goya vivió», ha explicado este jueves el comisario de la exposición, Domingo Buesa.

A pesar de eso, la muestra también tiene una gran riqueza pictórica gracias a piezas inéditas que se exponen por primera vez. Una de ellas es el único retrato que Goya le hizo a su esposa, Josefina Bayeu, que está situado junto al autorretrato del pintor de 1824 que se conserva en el Museo Nacional del Prado. Otra joya es el retrato de la Infanta zaragozana María Teresa de Vallabriga a caballo que solo ha salido en dos ocasiones de la galería de los Ufizzi en Florencia. Además, también se pueden ver dos importantes retratos a lápiz inéditos, fruto de las últimas investigaciones de la obra de Goya.

Los paisajes que Goya plasmaba en sus pinturas como la presa de Mezalocha, una panorámica de la ciudad de la Zaragoza, unos bocetos del escudo de Aragón y once grabados de Los Desastres de la Guerra, Tauromaquia y Caprichos componen una exposición pensada para todos los públicos. «Lo que se quiere reflejar aquí es, además de la gran riqueza pictórica de nuestro aragonés más ilustre, es que Goya era un zaragozano ilustre que llevó su patria allá donde iba. Queremos que los ciudadanos se acerquen a su figura y lo conozcan porque todavía quedan muchas cosas por descubrir de Goya», ha explicado la vicealcaldesa y concejal de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Sara Fernández.

Hasta el 25 de junio, en horario de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 horas (martes a sábado) y de 10.00 a 14.30 (domingos y festivos), el visitante podrá adentrarse en esa mirada que Goya tenía de una Zaragoza que siempre estuvo en su corazón y en su arte.

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