partido de la Selección Española contra Suiza en La Romareda, Zaragoza
El campo de La Romareda de Zaragoza vibró con los vítores a la Selección Española

No será recordado como el mejor sábado de la historia futbolística de Zaragoza, pero nada iba a estropear la fiesta que tenía preparada la afición zaragocista para el regreso de la selección española a La Romareda 19 años, 3 meses y 17 días después. Ni la lluvia ni la cuestionable defensa del balón parado iban a deslucir las ganas que tenía la capital aragonesa de volver a vibrar con aquel fútbol de élite que hace no mucho era costumbre vivir en el vetusto estadio, y la ciudad sacó sus mejores galas para teñirse de rojo, entonar el himno nacional y ovacionar a Borja Iglesias, quizá la única buena noticia de los 90 minutos.

Si durante todo el día la plaza del Pilar se convirtió en el epicentro de la fiesta en torno a la selección, una ola roja invadió los aledaños de La Romareda incluso dos horas antes del partido. Los aficionados se agolparon en los mejores puntos de la calle Luis Bermejo para recibir al autobús de la selección, con gritos como “Yo soy español, español, español” y entonando el “Qué viva España” de Manolo Escobar.

Las puertas del municipal se abrieron a las 19.00 horas y el público comenzó a llenar las gradas con cuentagotas. Algunos pisaban por primera vez las gradas de La Romareda, como el pequeño Jaime, que subía las escaleras de la mano de su madre con una bandera casi más grande que él. Otros como Sergio sí estuvieron en aquel España – Grecia, y lamentaba que una ciudad como Zaragoza esté 19 años sin poder abrazar a la selección.

Hasta la capital aragonesa llegaron aficionados de multitud de puntos de todo el país. José Alberto es de Barcelona y le regaló el viaje y la entrada a su hija por su 14º cumpleaños, y ambos no podían estar más felices de ver a la selección. “Ya fuimos al partido ante Albania y fue un boom, porque estaba todo el tema político. Pensamos que estaría más calmado, pero hay un ambientazo”, contaba.

Y no solo españoles, porque una importante legión de aficionados suizos también pobló las gradas de La Romareda. Mauro encabezaba un grupo de una decena de hooligans acostumbrado a desplazarse a animar a su selección, y la ciudad no pudo dejarle una mejor impresión. “Es una ciudad muy linda y acogedora. Vamos muchas veces a ver al equipo nacional y esperamos ver un buen partido”, decía antes de festejar el triunfo de su equipo.

EL HIMNO Y LA OVACIÓN A BORJA

Dos momentos hicieron estallar a los 31.809 espectadores que nutrieron las gradas de La Romareda. El primero fue cuando sonaron los himnos de ambos países. Como pidió Luis Enrique el viernes, el público respetó los acordes suizos antes de vibrar con el himno español. A falta de letra, el “lo, lo, lo, lo” resonó desde cada asiento de todo el estadio, ya nutrido hasta la bandera.

El segundo llegó a las 22.05 horas, en el minuto 63 de partido. La grada ya había dejado claro a Luis Enrique que quería ver a “su” Borja Iglesias en el césped, tanto por lo que significa sentimentalmente como para remontar el 1-2 que ya lucía en el marcador. Y el técnico dijo sí. Y Zaragoza pudo darle al “Panda” la ovación que le tenía reservada desde hace cuatro años. El cambio espoleó al equipo y la grada, que despertó del bofetón del gol de Suiza para tratar de llevar al equipo a la remontada.

El técnico, que también se llevó su ovación al inicio del partido, aunque esta vez sí escuchando algún que otro pito, no dudó en reconocer en rueda de prensa el “espectacular” ambiente que se vivió en La Romareda, “a un nivel como pocas veces hemos tenido”, afirmaba Luis Enrique. Un apoyo que también agradeció el gran protagonista, un Borja Iglesias que se quedó sin palabras por el recibimiento que le tenía preparado Zaragoza. “Todo lo que pueda decir se queda corto de lo agradecido que me siento con esta afición y esta ciudad, que ha sido muy importante en mi carrera. Les quiero mucho”, decía a los medios en zona mixta.

Finalizaba así un día, un partido, con el que Zaragoza ha demostrado estar a la altura y preparada para volver a vivir grandes noches. Sea con nuevo estadio o en el vetusto templo blanquillo, esta ciudad y esta gente no se merecen esperar otros 19 años, otros 7.000 días, para disfrutar de fiestas como la de este 24 de septiembre. Comienza la cuenta atrás para la próxima visita de la selección.

Por cierto, para los (hoy con razón) pesimistas, la última vez que la selección española perdió en La Romareda, el Real Zaragoza acabó logrando el ascenso a Primera. Y la última vez que España cayó ante Suiza, fue campeona del mundo. La esperanza es lo último que se pierde.

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