A los niños les encantan los juegos de palabras y algunas expresiones ambiguas. Prediquemos con el ejemplo y pidámosle a un niño que dibuje un cuadrado con dos trazos rectos.

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En virtud de la ambigüedad, basta con dibujar un cuadrado, y en su interior dos trazos rectos.

Sobre ambigüedad y política, Dorothy Pickles (ensayista británica, cuya vida recorrió todo el siglo pasado) escribió: “Hasta hace cien años, la democracia era cosa mala; en los cincuenta años siguientes, buena. En los últimos cincuenta, ambigua”.

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