Una desaceleración que llegaría después de cerrar 2022 con un crecimiento del 4,3%

La economía aragonesa sufrirá una fuerte desaceleración en 2023, en el que crecerá solo un 0,1% por los impactos directos de la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania. No obstante, este bache no llegará a convertirse en recesión, aunque sí se pueda ver algún trimestre en negativo, especialmente el primero, y se superará en 2024, cuando volverá a elevarse hasta el 2,6%. En ambos casos, serían unas décimas inferiores a la media nacional.

Así lo reflejan las previsiones de crecimiento que Ibercaja ha realizado en el número 77 de su Revista Economía Aragonesa, y que contrastan con las realizadas este martes por Gobierno autonómico, que eleva la evolución de la economía en 2023 al 2,1%. Sin embargo, desde la entidad financiera sí reconocen que Aragón es la región que más ha crecido respecto a 2019. “Se ha recuperado la producción previa a la pandemia y lideramos el comportamiento en España. Hemos sido muy competitivos. El sector exterior se ha comportando muy bien en un entorno de muchas dificultades”, ha remarcado el jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja, Santiago Martínez, que ha incidido en dos “peros” como “señales de alarma”: tener una inflación más alta que el resto de España y el freno a la creación de empleo.

Una desaceleración que llegaría después de cerrar 2022 con un crecimiento del 4,3%, cuatro décimas por encima del conjunto del país, aunque en los dos años posteriores, según Ibercaja, se crecería por debajo de la media por las características de la economía aragonesa. “Estas pocas décimas se deben a la estructura productiva. A medio plazo es excelente el peso que tenemos en la industria, pero, para esta crisis energética, esos sectores más afectados, como la industria intensiva, pesan más que en el conjunto de España, pero en el contexto de que lideramos el crecimiento, es temporal, y se debe a una estructura productiva que a medio plazo es positiva para Aragón”, ha aclarado el director del Área Financiera de Ibercaja, Antonio Martínez.

Así lo reflejan las previsiones de crecimiento que Ibercaja ha realizado en el número 77 de su Revista Economía Aragonesa

EL HORIZONTE EN LA CRISIS DE LA INFLACIÓN

La elevada inflación es el principal origen de estas previsiones, aunque desde Ibercaja ya ven la luz al final del túnel con una fecha: será “visible” a la vuelta del próximo verano para llegar a finales de 2023 en torno al 2%. Además, prevén también una rápida recuperación gracias a la mejora de la confianza, el exceso de ahorro generado por hogares y empresas, los proyectos de inversión, los fondos europeos o la reactivación de tendencias de largo plazo, como, precisamente, el impulso a las energías renovables.

Una crisis energética que, defienden, “no se parece en nada” a las anteriores, ya que España no está “en el epicentro” del terremoto. Cuando estalló la gran recesión de 2008, explican, España tenía una “burbuja inmobiliaria” tan grande que los efectos fueron “devastadores”, al igual que, en la pandemia, la economía se vio “severamente afectada” por la dependencia de los servicios. “En este caso, las relaciones económicas y las dependencias con Rusia con mucho menores que otros países de la UE. No seremos inmunes, pero no estamos en el epicentro de la recesión, y eso hará que España sea uno de los países que más crezca”, ha señalado Antonio Martínez.

¿SUBIDA DEL SALARIO MÍNIMO?

Por otra parte, los responsables de la entidad bancaria se han mostrado reacios a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que se ha planteado desde el Ministerio de Trabajo, que se elevaría a los 1.082 euros, aunque defendiendo medidas que ayuden a las rentas más bajas a compensar la subida de los precios. “Debe ir siempre ligado a la productividad. Si subimos salarios y pensiones al 10% se va a perpetuar la inflación. Hay que ser cautos, con una visión racional a medio plazo para que no haya repercusiones en el futuro”, ha afirmado Santiago Martínez.

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