Convertirse en el cuidador o cuidadora de nuestros padres mayores, teniendo en cuenta el grado de implicación que requiera la situación, puede conllevar repercusiones negativas a nivel personal, afectando en el entorno profesional, familiar y social.

Si te encuentras en un momento en el que sientes que no llegas como debieras a todas tus obligaciones, por cuestiones económicas, de tiempo, medios o falta de conocimientos específicos para desempeñar el rol de cuidadora, puedes valorar alternativas que no comprometen tanto tu bienestar y el de tus seres queridos, cuidando y estando presentes en sus vidas de igual modo.

Todo dependerá de las condiciones físicas y mentales en las que se encuentren tus padres, de las exigencias de sus horarios y de las necesidades de tu propio ritmo de vida. Por ejemplo, la de contratar a un cuidador profesional a domicilio, sin duda la alternativa más cómoda para ellos y que mejor va a conservar su calidad de vida, también la idea de un centro de día e incluso, una residencia si te encuentras en un caso extremo.

Mi consejo: Es un tema delicado y lleva su tiempo tomar una decisión. No existen soluciones mejores o peores, ya que la idoneidad de una solución depende de las circunstancias personales de cada familia.