La familia puede estar formada por muchas personas, en cambio, el matrimonio y todo lo que ello conlleva, solo lo forman dos. Nuestros familiares eligen parejas afectivas que no siempre se ajustan a las expectativas familiares, y cuando algo de esto surge, los miembros afectados empiezan a desestabilizarse.

Es imprescindible ponernos en el lugar del otro y tratar de entender las situaciones ajenas, sabiendo que entender no supone dar la razón o apoyarlas, simplemente es comprender el punto de vista desde el que otro actúa para tratar de acercar posturas, pues partimos del objetivo de no querer perder el vínculo con nuestra hermana.

En estos casos, comunicación. Puedes tratar de hablar con ella, darle tu punto de vista de cómo os hace sentir ciertos escenarios que presenciáis en su casa, e incluso preguntarle si ella está bien y es feliz con su situación actual. Siempre desde el respeto, con tacto y sin traspasar los límites de la opinión o el consejo. En definitiva, hacerlo de forma constructiva por si vuestra conversación le puede ayudar a ver y entender que hay actitudes que podrían mejorar o darse de otra manera, por el de la relación familiar.

Mi consejo: Habla con tu hermana cuando encuentres el momento adecuado, desde el cariño y la comprensión, controlando las emociones, desde la sensatez y evitando imponer tus argumentos.

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