Tener en cuenta la opinión y sentimientos de los demás puede ser sinónimo de sensibilidad y empatía. Cuando esta actitud determina nuestras emociones, pensamientos y modo de actuar, estamos ante un escenario que paulatinamente conlleva la pérdida de la identidad.

La hipervigilancia hacia los demás tiene un efecto directo negativo porque altera la forma de actuar intentando que sea la adecuada y la que se cree que se espera de la persona. Lo cual precipita que situaciones que deberían ser normales sean interpretadas como amenazantes y, por tanto, altere el modo de actuar. Hay algo que se debe tener claro y es que no se puede gustar a todo el mundo. El no encajar con determinadas personas hace que se establezcan los límites adecuados para ir definiendo la personalidad.

Pon a prueba tu propio criterio, no tengas miedo a equivocarte. Escúchate a ti mismo y toma el control de tus propias decisiones partiendo de las más sencillas, como, por ejemplo, evitar pedir consejo en compras o en qué hacer para comer, e ir avanzando hacia las más complejas, como son las decisiones personales de tipo sentimental o laboral. De este modo irás construyendo de nuevo tu propio criterio. A veces es necesaria la asistencia de un profesional que nos ayude con el proceso.

Mi consejo: Cambia de dirección tu mirada: tu objetivo eres tú.

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