El arquitecto Jorge López está muy concienciado con el tema de la innovación en el entorno rural. Foto: Paula Caballero

Jorge López Conde es un arquitecto que, entre otras cosas, ha trabajado seis años en la Fundación Foster de Madrid, y desde la pandemia está muy concienciado con el tema de la innovación en el entorno rural y la nueva agenda europea. Ha recibido una beca de la Fundación Europea de Medio Ambiente para realizar un estudio y buscar soluciones a la despoblación y el cambio climático. Ha aplicado, por primera vez, algoritmos y red neuronal para analizar un tema tan amplio como este y encontrar conclusiones, y muchas de ellas proceden de Aragón. Vivió en Boltaña hasta los 12 años y está empadronado en el municipio, sus raíces también son aragonesas.

Pregunta.- ¿En qué consiste su proyecto para combatir la despoblación y el cambio climático?
Respuesta.- El “Observatorio de la Despoblación y visión a largo plazo de los unicornios rurales en España” nace para crear una herramienta puente entre el lenguaje legal, científico y humano de los marcos políticos y económicos que apoyan los proyectos rurales. Este objetivo general se logra a través de dos objetivos principales: analizar la globalidad y multidimensionalidad de la problemática rural, crear un marco teórico completo, replicable e interescalar, y una vez definido el marco, generar un ecosistema, una agenda y un atlas de soluciones que se puedan implementar a corto, medio y largo plazo por los agentes implicados: habitantes, activistas, trabajadores, empresarios, académicos, científicos y, con especial hincapié, en los políticos. El documento es único y pionero.

P.- ¿El estudio se ha realizado ya en Aragón?
R.- Sí. El origen del estudio está en la manifestación de interés desarrollada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) en 2020. Recibí el encargo del Consejo Superior de Arquitectos de España para plantearlo asociado al Ayuntamiento de Boltaña, la comarca del Sobrarbe y el Gobierno de Aragón, como propietario de uno de los lugares más emblemáticos dentro de la despoblación.

P.- ¿Cómo podría aplicarse a nuestra Comunidad?
R.- El estudio se ha desarrollado a nivel nacional y se ha seleccionado Aragón como caso de estudio. Por un lado, la red neuronal ha sido alimentada con información específica de Aragón. Todos los archivos generados por la Cátedra de la Despoblación han sido utilizados… Pero también todos los documentos del Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (Ceddar) y algunas tesis, papers o información específica de algunos Centros de Estudios comarcales. El análisis se ha realizado con miles de documentos aragoneses.

Imagen del estudio de Jorge López

Por otro lado, se ha realizado un estudio de 50 ideas, proyectos, startups y empresas que operan en Aragón, que ha sido presentado a diferentes estamentos del Gobierno regional con voluntad de generar un cambio. Estamos a la espera de poder ayudarles a implementar el estudio en diferentes políticas o que el ecosistema creado sirva como mesa de diálogo.

P.- ¿Qué puntos fuertes tiene Aragón?
R.- La resiliencia, una palabra muy de moda últimamente, pero que se define a lo largo de nuestro territorio. La capacidad de adaptación frente a los agentes o estados perturbadores tanto del cambio climático como de las políticas. El propio territorio debe ser nuestro laboratorio. Es una de las comunidades con más zonas protegidas y de alto valor natural y cultural del mundo. Un paisaje cultural único, con sus múltiples formas de vida asociadas a esos ecosistemas, en clara ventaja para luchar contra el cambio climático. Por poner un ejemplo, todo el sector primario que está trabajando con productos de un alto valor cultural y de mercado. En el Pirineo, hablamos del cordero agnei que utiliza Dabiz Muñoz en Diverxo, del caviar de trucha del río Cinca, de las carnes de Carnísima seleccionadas por el Celler de Can Roca (tres estrellas Michelin) y el BBVA, o el proyecto de promoción y venta de vinos artesanos que ha creado Vignerons.

P.- ¿Y debilidades?
R.- Los puntos débiles que he detectado durante este último año son potenciar el trabajo en equipo y en red, estar conectados y conocer los conocimientos que se desarrollan en otro lugares (de ahí la necesidad de aportar un ecosistema), así como un trabajo a largo plazo de la administración en colaboración público-privada, desarrollando prototipos (como indica la Nueva Bauhaus Europea) en determinadas zonas para que luego se pueda aprender de dichos prototipos, medir el impacto, y escalarlo a otros lugares con problemas similares. Se está trabajando.

P.- La provincia de Teruel es una de las protagonistas de la España Vaciada, pero… ¿Hay más?
R.- Esta es una gran pregunta, puesto que grandes zonas de Huesca tienen datos mucho peores que los de la propia Teruel, y desconozco por qué no se está trabajando en conjunto. Me consta que asociaciones de empresarios y otras organizaciones llevan tiempo reclamando esta paridad y este trabajo en equipo para luchar por revertir esas problemáticas.

Jorge López señala que Aragón es una de las comunidades con más zonas protegidas y de alto valor natural y cultural del mundo

P.- No sé si ha podido hablar o conocer la opinión de los ciudadanos que habitan estas zonas, ¿Qué reivindican? ¿Qué necesitan?
R.- Yo mismo me he educado en estas zonas. Viví en Boltaña hasta los 12 años y ahora he vuelto a empadronarme, trabajar aquí y pasar grandes temporadas del año. El proceso es muy curioso y explica muy bien otros problemas globales. Por un lado, se siguen reclamando infraestructuras y condiciones básicas de vida desde el siglo XVIII y XIX que siguen sin desarrollarse. Desde carreteras a comunicaciones básicas como el autobús o el tren, a infraestructuras de servicios básicos como medicina (UVI móvil), cuidados para las personas mayores, educación (FP-Universidad) o políticas agrarias competitivas. Por otro lado, se sigue luchando por mantener una forma de vida que parecía abocada a su final mientras se están abriendo las sociedades a nuevos habitantes que vienen de la ciudad con nuevas economías asociadas y relacionadas con la digitalización, la sostenibilidad o la ecología. Sin embargo, sigue faltando esa conexión con las corrientes o políticas globales para poder dar respuesta a esos retos de manera más directa y bidireccional.

P.- Se han indexado también, tras un análisis exhaustivo, algunas de las startups que trabajan en esta línea. ¿Cuál ha sido el resultado en Aragón?
R.- Aragón tiene muchas capacidades asociadas a esa resiliencia en relación con la innovación y los futuros. Hemos seleccionado 50 proyectos relevantes que trabajan desde el territorio para combatir al cambio climático y luchar contra el reto demográfico-despoblación. Hemos ordenado este ecosistema en diez categorías: Alimentación, Educación, Energía, Nuevas economías, Construcción, Infraestructuras, Economía Circular, Agua, Agricultura o Hábitat.

P.- ¿El proyecto sirve de ayuda también a otras iniciativas del territorio?
R.- No sólo trabajamos con ideas muy avanzadas, sino que reforzamos redes o proyectos que trabajan con la historia y que son innovadores también a nivel global, como es la red de semillas de Aragón o Apadrina un olivo, una iniciativa sin ánimo de lucro que es modelo de emprendimiento social y medioambiental. Dentro de esa categoría, muy importante para el territorio, trabajamos con diferentes propuestas que gestionan el hábitat intangible de dichas sociedades, como puede ser la Fundación para la conservación del Quebrantahuesos o Valentia y Fundación Serrate, que desarrollan empresas y proyectos sociales para las personas en riesgo de exclusión, dotándolas de procesos para su autonomía.

P.- ¿Hay iniciativas interesadas en poner su granito de arena para luchar contra la despoblación?
R.- Todas tienen propósitos o trasfondos sociales y territoriales, tanto de generar oportunidades como de luchar por mantener esa forma de vida que está en nuestro paisaje cultural, sin olvidar esos futuros a través de tecnologías o nuevas economías asociadas. Hay algunas específicas que tienen la lucha contra la despoblación como base fundamental, las ecoaldeas y el proyecto de Selba Vida Sostenible es uno de ellos, o EDRA Cultura y Natura, que desarrolla el medio rural y sus comunidades desde una visión global y sostenible, poniendo el foco en el confort, el diseño y las tradiciones más ancestrales como puede ser construir con tapiales.

P.- ¿Qué cree que necesita Aragón para tratar de erradicar este conflicto demográfico?
R.- Es un problema multiescalar que lleva siglos con nosotros. Felipe II ya aplicaba políticas luchando contra la despoblación de los territorios rurales que se iban a América o a la ciudad… Aragón necesita alinearse y ser vanguardia con las políticas europeas vinculadas al tema y trabajarlas de manera transversal en todas sus consejerías, asociándose al sector privado, a la industria, a los agentes sociales, a los representantes de esos territorios y a sus habitantes, pero también a los centros de conocimiento, desde los colegios a las universidades como a los centros de investigación. Y una vez alineados y con políticas a largo plazo que estén vinculadas a esa “visión a largo plazo para las áreas rurales” o a la “Nueva Bauhaus Europea”, trabajar con el territorio como laboratorio y prototipar proyectos en red en algunas áreas especiales que puedan ser medibles en impacto y escalables a otros lugares. Aragón tiene la oportunidad de ser vanguardia mundial en este problema.

P.- ¿Lo ve factible a corto plazo? O considera que es un proceso largoplacista…
R.- Un problema multiescalar que tiene su origen en varios siglos atrás no va a tener una solución a corto plazo, como bien indica la propia presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen. Requiere de alineamientos con dichas políticas europeas y comenzar a trabajar esas visiones a largo plazo, en red, con acciones en el día a día, y en los presupuestos anuales, que tengan esa voluntad y ambición. Requiere crear áreas especiales de prototipado, territorios específicos sobre los que aplicar soluciones co-creadas con esos ecosistemas que hemos detectado, para poder construir o rehabilitar y medir su impacto para plantear su escalabilidad en otros lugares.

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