José Luis Corral: "La historia es más pasional y terrible que la propia imaginación del escritor"

José Luis Corral (Daroca, 1957) ha escrito tanto que parece que ya no le queda más historia por contar. Con 26 novelas publicadas y otros tantos ensayos ha hecho viajar a los lectores desde la Mongolia del conquistador Gengis Kan hasta la Guerra de la Independencia pasando por el mundo romano. Ahora, en «Matar al rey» se sumerge en la Castilla del siglo XIV, una etapa que, dicen, es más trepidante, fascinante y sangrienta que el mismísimo Juego de Tronos. Y es que aunque la Edad Media siempre haya tenido un poco de «mala prensa» las imponentes catedrales góticas demuestran que fue un momento luminoso y de esplendor en el que las mujeres jugaron un papel fundamental, aunque sean las grandes olvidadas de la historia. Para Corral, el impulso que lo mueve todo es hacer las cosas con la misma pasión que la primera vez. Porque una vez que pierdes ese sentido de la pasión en la vida estás, inequivocablemente, perdido.

Pregunta.- Una vez dijo que los historiadores a menudo solían olvidarse de hablar de sentimientos en las novelas históricas y que de esta manera hacen historia, pero no historia con amor. En esta nueva novela, el amor cobra un papel fundamental con Leonor de Guzmán. Usted es historiador y novelista, ¿qué diferencia a sus dos versiones?
Respuesta.- Los novelistas tenemos una clara ventaja frente a los historiadores y es que jugamos con los sentimientos, utilizamos los sentimientos en nuestros textos, cosa que los historiadores lo hacemos de manera diferente o no lo hacemos. En esta novela hay mucho amor porque la relación amorosa entre Alfonso XI de Castilla y de León y su amante, que no era su esposa, Leonor de Guzmán es la clave. Esa relación tremenda, pasional, de una profundidad extraordinaria condicionó, en buena medida, la política castellana del siglo XIV.

P.– “Juego de Tronos no es nada comparado con las intrigas y la violencia de Castilla de XIV”.
R.– Eso dicen (risas). Yo no he visto Juego de Tronos ni me he leído las novelas, pero sí que es cierto que gente que lo ha hecho y luego ha leído “Matar al rey” dicen que, en ese sentido, hay más intriga, hay mucha más violencia, más crueldad. Además, Juego de Tronos es ficción y esta novela es historia y, por tanto, está basada en unos hechos que fueron realmente terribles. La historia, a veces, es mucho más pasional, mucho más terrible y mucho más fabulosa que la propia imaginación de los escritores.

P.-¿Cómo encuentra el equilibro entre lo históricamente correcto y contar su historia?
R.-La novela histórica tiene que cumplir una serie de parámetros. Si no, es otra cosa. Y el fundamental es que sea verosímil, que no veraz. Ojo, que no sea veraz, porque la veracidad histórica no la saben ni los historiadores, pero lo verosímil tiene que estar en el corazón de la novela, en el núcleo fundamental de la narración. Tú te puedes inventar una historia, pero esa historia no tiene que chirriar. Cuando yo invento, cuando introduzco fabulación, ficción, imaginación en mis novelas históricas procuro que esta no chirríe con la historia. Es decir, que no aparezca un extraterrestre en alguna de las batallas medievales que describo en mis novelas o que en Numancia no aparezca una feminista clamando por el machismo de los romanos. La verosimilitud radica en contar cosas que quizás no ocurrieron, pero que pudieron ocurrir.

En «Matar al rey», Corral se sumerge en la Castilla del siglo XIV

P.- ¿Cuáles son los elementos de ficción que suele introducir en sus novelas?
R.- «En Matar al rey», por ejemplo, no he incluido personajes de ficción. María de Molina, Leonor de Guzmán, el propio Alfonso XI… fueron personajes reales. Lo que yo he intentado es ajustar esos personajes a su tiempo y a su realidad. Evidentemente he incluido ficción en sus relaciones, en sus contactos, en los acontecimientos que ocurrieron a su alrededor pero sin alterar su historia. En la novela histórica los hechos no se pueden alterar. Por eso es tan difícil hacer novela histórica, la gente se cree que es muy fácil pero no porque la historia no puede cambiarse. Por tanto, los finales son previsibles, porque la gente conoce la historia, ahí está lo difícil, en intentar mantener un pulso narrativo a lo largo de la novela sin que se note que va a haber un final determinado. Eso es lo que intento en mis novelas.

P.-  La Edad Media es una época que a menudo ha sido retratada como decadente y algo oscura. ¿Cuál es la fascinación que encuentra en esa Castilla del siglo XIV?
R.- La Edad Media tiene muy mala prensa. Está considerada como una época oscura, sucia, terrible, de brujas, de Inquisición, pero ahí están las catedrales góticas. No creo que construir una catedral gótica esté en manos de gente poco inteligente, poco culta, de poca sensibilidad. Para mí, la Edad Media es una época fascinante por muchas razones. Primero porque soy profesor de Historia medieval, soy medievalista y por tanto es mi ámbito de trabajo, en el que me muevo todos los días, sobre el que leo y estudio. Y me fascinó mucho la Castilla del siglo XIV para escribir “Matar al rey” porque es un momento clave en la historia de España. Es un momento en el cual, de alguna manera, va desapareciendo esa Edad Media plena, luminosa, de las catedrales góticas, de la eclosión de las ciudades, del comercio, del desarrollo de algunas líneas de filosofía y van apareciendo los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: la guerra, el hambre, la peste de 1348 que aparece perfectamente reflejada en la novela y por fin la muerte.

Son acontecimientos que se desarrollan en un periodo de tiempo muy pequeño en el siglo XIV que tienen una gran incidencia en Castilla y es ese momento de la historia de la humanidad, de la historia de España, en el que los cuatro jinetes del apocalipsis aparecen de manera sorpresiva y con una contundencia tremenda lo que me hace escribir esta novela porque condiciona la historia de Castilla y la historia de España. Buena parte de lo que es España en los siglos siguientes se debe a lo que ocurrió en “Matar al rey” y en la continuación que habrá dentro de unos meses: “Corona de Sangre”.

P.- ¿Cuáles son los retos que asume como escritor al trasladar la Castilla del siglo XIV al hoy?
R.- Como historiador tengo el reto fundamental de entender el pasado para comprender el futuro y como novelista de apasionarme con el pasado para que la gente que lea historia a partir de la novela histórica se apasione con la historia y entienda también el presente. Lo que quiero es un reto con el lector, que el lector entienda a través de la historia, bien sea en forma de ensayo o de novela histórica, lo que es el ser humano, lo que somos los seres humanos y cómo nos comportamos precisamente porque ha comprendido lo que hemos sido. Somos historia, nos comportamos porque tenemos detrás toda una historia, en nuestra formación, en nuestros sentimientos, en nuestra forma de entender la vida, en la forma que tenemos de expresarnos y de relacionarnos con los demás. Eso es lo que pretendo en mis novelas históricas: entender el presente comprendiendo el pasado.

Para Corral, el impulso que lo mueve todo es hacer las cosas con la misma pasión que la primera vez

P.-¿No hay historia sin guerra?
R.-La guerra, y en estos tiempos la tenemos muy presente, es una constante en la historia de la humanidad. Los primeros textos que tenemos, de hace unos 5.000 años, ya hablaban de guerras. Los restos arqueológicos más antiguos, incluso los del Paleolítico, ya hablan de enfrentamientos violentos entre seres humanos: huesos, cráneos, restos de los Neandertales, de los Sapiens, que están fragmentados por otros seres humanos y, por tanto, con enfrentamientos violentos. Desde que existe texto escrito, hace 5.000 años, es decir, desde que tenemos historia y, por tanto, podemos leer en documentos, en lápidas, en pinturas en las paredes ha habido guerras. En los últimos 5.000 años no ha habido un día, ni un solo día, que no haya habido guerra en la humanidad. Ni un solo día. A veces, varias guerras e incluso guerras mundiales. Pero que el mundo no haya tenido ni un solo día de paz en los últimos 5.000 años de historia es terrible. Por tanto, yo no sé si es un condicionante esencial del ser humano, pero desde luego lo que sí que es es una constante en la historia.

P.-¿Sobre qué hecho histórico no ha escrito todavía y le gustaría?
R.-He escrito ya 26 novelas históricas y soy medievalista. La mayor parte de ellas están ambientadas en la Edad Media, en ese periodo histórico, pero he escrito tres o cuatro novelas sobre el mundo romano, he escrito sobre el siglo XVI, he escrito esa trilogía sobre la Guerra de la Independencia del siglo XIX, he escrito de toque histórico contemporánea y hay muchas etapas todavía en la historia de la humanidad que me gustaría afrontar. Por ejemplo, una época que es apasionante es la caída del mundo romano y la aparición de la Edad Media que además significa un cambio de paradigma en la civilización y en la religión de Occidente. Cuando el cristianismo, a lo largo del siglo IV, se va convirtiendo en religión, primero la mayoritaria y luego la religión única y excluyente del Imperio Romano. Esa transformación del siglo IV me parece fundamental para entender después la historia del cristianismo y, por tanto, la historia de Occidente, en los próximos 1.500 o 1.600 años.

Ahora estoy enfrascado en esta bilogía, “Matar al Rey” y “Corona de Sangre” y para el año que viene quiero hacer un cambio de registro. Quiero escribir una novela en la que el amor y el erotismo tengan mucho protagonismo, no sé si con un toque histórico, o no, que espero que sí, pero dejar un poquito de lado ese mundo reconocible de la novela histórica, de grandes personajes como puede ser Gengis Kan o Carlos V o Alfonso XII o algunos otros y bucear en la historia de los sentimientos y adentrándome en los personajes más anónimos. Y además hacer guiños a la actualidad con una novela que esté a mitad de camino entre el presente y el pasado .

P.-¿Qué le diría a aquel José Luis Corral que publicó su primera novela en 1996? ¿Ha cambiado su forma de mirar y plasmar la historia desde entonces? ¿Cómo?
R.-Claro que he evolucionado. Las cosas no son las mismas, ni histórica ni política ni socialmente. El mundo cambia y los seres humanos también cambiamos. A ese escritor de 1996 quizás le diría: “chaval, haz las cosas mejor, esfuérzate un poco más, intenta superarte un poquico más en lo que haces”. Es algo que me digo a mí mismo todos los días y que se lo diría a esa especie de clon mío de hace 26 años. Porque además esa gente que se gasta 20 euros en tu novela se lo merece, merece que le des lo mejor posible.

Buena parte de lo que es España en los siglos siguientes se debe a lo que ocurrió en “Matar al rey”

P.- ¿Tiene alguna novela que haya sido especialmente complicada en cuanto a bibliografía?
R.- Todas tienen su dificultad, pero sí que recuerdo una que fue especialmente complicada: mi segunda novela, «El amuleto de bronce». Es una obra que narra la vida de Gengis Kan, el conquistador más importante de la historia de la humanidad, allá por finales del siglo XII principios del siglo XIII. Fue complicada porque la mayor parte de la documentación estaba en idiomas que no comprendía y, claro, el acercarme a esa figura a través de textos traducidos al inglés, al francés y a otros idiomas tenía la dificultad de que con la traducción de la traducción de la traducción no se perdiese la esencia. Y luego poner una atención extraordinaria en comprender un mundo tan ajeno a nosotros como es el de las estepas de Asia Central, el mundo de Mongolia, el de los nómadas tártaros y mongoles y meterme en la piel de un niño como Gengis Kan que prácticamente estaba desahuciado con ocho años de edad, solo, perdido, abandonado, perseguido en las estepas y que se convirtió en el dueño de medio mundo conocido requirió un esfuerzo extraordinario.

P.- En “Matar al rey” la figura femenina cobra importancia con María de Molina, pero parece que la historia solo es masculina. ¿Son las mujeres las grandes olvidadas?
R.- Las mujeres son las grandes olvidadas pero no de la historia sino de los historiadores, y especialmente de los historiadores del siglo XIX. El siglo XIX, el del Romanticismo, hizo mucho daño a la imagen de la mujer. Los románticos consideraban a la mujer poco menos que un objeto decorativo, ese bibelot de los franceses, esa figurilla de porcelana, preciosa, frágil, que hay que admirar y tocar, pero poco más. Fue terrible. En cambio, en la historia de la humanidad el papel de la mujer fue mucho más importante que el que han transmitido algunas historias y algunos historiadores. Y especialmente en “Matar al rey”.

El papel de María de Molina, una mujer que sostiene el reino de Castilla en la minoría de su hijo, Fernando IV y de su nieto, Alfonso XI. El papel de Leonor de Guzmán, de Constanza y María de Portugal. Todas las mujeres que fueron reinas, princesas, amantes de reyes y que no solamente tuvieron un papel amoroso y erótico, pasional en esas relaciones con reyes y príncipes sino un papel fundamental en el gobierno del reino. Cuando escribí aquella novela de “La reina olvidada” la gente me decía si Petronila de Aragón era realmente así y claro que lo era. Eran mujeres que tenían mucho poder y que lo ejercían, además, pero los historiadores y sobre todo los del siglo XIX han relegado a la mujer a un plano muy secundario en la historia.

Por ejemplo, en los Sitios de Zaragoza las mujeres no solamente cumplieron un papel como enfermeras o cocineras, sino que también combatieron. Ellas estaban allí, defendiendo Zaragoza de los franceses. Igual que están haciendo ahora las mujeres en Ucrania, igual que lo hicieron las mujeres en Grecia y en otros tantos lugares, pero, insisto, la historiografía ha orillado por completo a las mujeres. Cuando escribí mi novela «El número de Dios» puse de manifiesto que había maestras, arquitectas, que eran directoras de taller en la construcción de algunas catedrales góticas. Eso no se conocía prácticamente en la historia, había pasado desapercibido. En la construcción de una catedral gótica el 30 o 35% de la mano de obra era femenina. Las mujeres esculpían, pintaban, hacían vidrieras, subían peso por los andamios a la parte más alta de la catedral. Las mujeres trabajaban mucho, pero han sido orilladas por la historiografía. Por eso, ese papel hay que reivindicarlo porque las mujeres son el 50% de la historia de la humanidad.

P.- ¿Una novela histórica para conseguir que la gente se enganche al género?
R.- A mí me han marcado varias novelas históricas a lo largo de mi vida. Me marcó muchísimo Aníbal de Gisbert Haefs, probablemente el mejor escritor de novela histórica en Alemania, además traductor de Borges al español, y quizás fue la lectura de esa novela la que me impactó tanto porque entendí cómo a partir de la novela histórica se podía transmitir perfectamente el conocimiento de un mundo como el de Aníbal. El mundo de ese siglo III a.C , de esas luchas entre los romanos y los cartagineses, esos sentimientos de conseguir el poder de unos y de otros y ese espíritu de la época me hicieron sumergirme en la historia a pesar de que yo, por mi profesión, ya había leído mucha historia. De hecho, fue este Aníbal el que hizo que yo comenzase a escribir novela histórica.

P.- ¿Y una suya?
R.- Bueno esto es como cuando te preguntan a qué hijo quieres más que no puedes elegir… Pero le tengo un especial cariño a la primera. Ramón y Cajal cuando tuvo su sexto hijo y le preguntaron qué era lo que se sentía al tenerlo dijo que no era lo mismo que el primero, pero bueno cosas del maestro Cajal. En ese sentido, yo a todas las novelas las quiero igual por unas razones o por otras, pero claro El salón dorado es mi primera novela y cuando recibes el ejemplar en tus manos siempre te invade una emoción especial. Pero también quiero decir que yo siempre que tengo un ejemplar nuevo en mis manos de cualquier novela sigo teniendo ilusión. Creo que lo importante en la vida es que tengas la misma ilusión con lo que haces todos los días. Si vas perdiendo la ilusión con la primera, segunda, tercera o cuarta novela, con los hijos, con las clases o con la primera, segunda, tercera y cuarta vez que haces el amor yo creo que pierdes mucho. Hay que poner la misma pasión y el mismo interés en la primera y en la última novela, en el primer y el último beso, en la primera clase y en la última. Y si pierdes ese sentido de la pasión por la vida estás perdido.

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