"La Cría" es la cuarta novela del polifacético Pablo Rivero. Foto: Laura Trives

Veinte años han pasado desde que un jovencísimo Toni Alcántara se colase en las pantallas de toda España. Periodista de raza, carismático y con aires de Don Juan, el primer varón de los Alcántara se convertiría poco a poco en el hijo de todos esos que anhelaban un nuevo episodio de Cuéntame cada semana. Y detrás de él, con todo y nada en común, está Pablo Rivero (Madrid, 1980). Incapaz de separarse de Toni, pero tratando de hacerlo, ya hace tiempo que Pablo Rivero dio el salto a la literatura. Y no a una cualquiera, sino a esa que te pone los pelos en punta y te hace devorar las páginas en menos tiempo del que te gustaría. Las cosas más espeluznantes de la vida son las que hacen vibrar el thriller de Pablo Rivero. Con influencias de David Lynch, Polanski o Kubrick, Rivero teje con maestría y enseña esa parte más oscura de la realidad, esa que, aunque parezca increíble, sale diariamente en la sección de sucesos de los periódicos. “La cría” es su nueva novela, una cuenta atrás en la que en apenas 24 horas se navega en la “deep web”, ese Internet profundo lleno de tráfico de órganos, trata de menores y horror en estado puro, en la adicción desorbitada a las redes sociales, a esas cosas que alguien estaría dispuesto a hacer por conseguir seguidores que son sinónimo de fama. Y es que hay veces que la realidad es mucho más terrible que la imaginación del escritor.

Pregunta.- ¿Cómo nace esta «cría»?
Respuesta.- Nace cuando hace unos seis años me abrí Instagram y empecé a ver todo el tiempo que lleva mantener una cuenta cuando es a nivel profesional y lo que cuesta interesar. Yo me pregunté entonces que, si a mí me costaba tanto siendo un personaje conocido llamar esa atención, qué estaría la gente anónima dispuesta a hacer para conseguir seguidores y tener alcance, sobre todo esos adolescentes a los que continuamente les bombardeamos con que si tienes seguidores y las marcas se fijan en ti es sinónimo de éxito. Entonces allí empezó y como mi cabeza siempre está asociada a la novela negra y al thriller, pues un poco me dio miedo el pensar qué haría alguien que no estuviera muy bien para captar seguidores y qué podría maquinar.

P.- ¿Son tan peligrosas las redes sociales? ¿Somos conscientes de que lo son?
R.- Se trata de suerte y también de tentar a la suerte. Entonces yo creo que la novela no habla de ser buen o mal padre o madre, sino que se lleva todo al extremo y a los aspectos que me parecen más oscuros y más inquietantes. Gira en torno a la desaparición de un niño muy mediático y entonces cuando investigas ves que a través de las redes sociales se hace un seguimiento de las víctimas, la gente se obsesiona y además hay un mundo que es el Internet profundo en el que se comercializa con tráfico de órganos, de menores, con pederastia y también es muy común que se creen identidades falsas para ponerse en contacto con los adolescentes para conseguir fotos suyas subidas de tono, etc. Ese lado me parece muy perverso y me he podido permitir esto en la novela porque el niño era muy famoso y luego también tiene que ver con algo que a raíz de la pandemia se ha incrementado todavía más como es el ciberacoso.

Yo no trato de crear pánico a la gente, pero como al final es algo que se está normalizando, si a través del género del thriller puedo conseguir que la gente se pare a cuestionarse las cosas habré conseguido un propósito. Porque, además, pongo testimonios de psicólogos y expertos en boca de los personajes, lo que hace que la gente pueda acercarse a este tema de la exposición de menores en las redes. Y quizás luego pueden seguir publicando cosas de sus hijos, pero ya no con el uniforme del colegio o con una localización porque puede ser realmente peligroso si caes en malas manos.

P.- Ha dicho que “La cría” comenzó a forjase hace seis años coincidiendo con ese momento en que dio un paso a las redes sociales. ¿Se ha arrepentido alguna vez de haberlo dado? ¿Ha tenido alguna vez miedo de lo que ha publicado?
R.- Las redes sociales son un vehículo maravilloso para llegar a la gente y para tener contacto con ellos, lo que es importante es que ese contacto se vuelva real y que la gente lo disfrute a su manera, pero en un entorno cercano. Es una manera de estar en contacto con gente que hace mucho que no ves, a la que admiras o con familiares lejanos. Yo el uso que hago de las redes sociales es profesional y allí comparto mis inquietudes, lo que me mueve, porque por ejemplo a veces la gente me suele decir que no sabían que escribía o que hacía teatro y si yo puedo ser “influencer” de algo pues que sea de libros, películas, de cultura, de eso que me gusta.

P.- En la novela se plantea si es peor sobreexponer a los hijos en redes sociales o mantenerlos al margen de las redes sociales. ¿Se llega a algo en claro?
R.- Efectivamente en la novela hay dos personajes femeninos que son completamente opuestos, una teniente de la Guardia Civil que quiere mantener al margen a sus hijos y otra que es un intento de influencer que los sobreexpone. Entonces intento exponer dos tipos de mujeres, dos tipos de feminismo y también de crianza y a mí esto me sirve para dialogar y para que ellas se defiendan y poner dos maneras de vivir sobre la mesa. Yo no tengo la respuesta y no pretendo adoctrinar ni mucho menos, pero sí que todas las preguntas, todas las dudas, todas las cuestiones que yo me planteo, lo que he intentado es por un lado señalarlo y por el otro lado intentar entenderlo porque ese es el mundo real. Lo que pasa es que por desgracia sabes las consecuencias de un acto y del otro.

Ahí cada uno tiene unos valores y lo que a uno le parece normal a otro le espanta. Es como hace unos años, todos los actores y todo el mundo se mataba por tener privacidad y ahora enseñan su casa y todo. Ha cambiado el mundo, es un concepto nuevo, y no me gusta sentenciar con los influencers. Yo muestro una mujer muy extrema. Conozco compañeras que enseñan a sus hijos y no son tan extremas. Necesitaba una mujer muy extrema para que se entendiera lo que luego sucede.

Para mí el problema no es que los niños salgan, sino sobre todo es cuando ves que los niños no quieren salir, no lo piden o no están felices. Cuando ves una familia que está bien armada y se lo puede permitir, el problema es cuando no hay vínculo y es una moneda de cambio o un escaparate.

La novela es un thriller que habla de los peligros de las redes sociales

P.- Y hablando de redes sociales y de «stalkear»… Publicó en Instagram que estuvo en Sant Jordi e hizo de «gruppie» con un montón de escritores. ¿Quiénes son esos a los que admira?
R.- Muchos. De la casa de Penguin Random House me estaba leyendo un libro de Mikel Santiago, estaba Santiago Díaz, Virginia Feito, la autora de La Señora March, estaba Elísabet Benavent, Javier Castillo. También Carles Porta. Muchos autores que he leído libros, que sigo y que de repente para mí ha sido un paso importante decir que era de los seleccionados para estar allí. Lo comparaba en mi entorno como la primera vez que fui al Festival de San Sebastián. Es para recordarlo.

P.- ¿En qué momento dio el salto a la escritura? Es ya su cuarta novela.
R.- Yo estudié comunicación audiovisual, periodismo, y siempre tenía asignaturas de guion, guiones, tenía relatos cortos, bastantes ideas. Empecé a desarrollar una historia, durante muchos veranos me iba fuera y desarrollaba personajes y tenía casi un diario de cada personaje y de la historia que quería contar. Se lo dejé leer a compañeros y a gente en la que confiaba, con criterio, entre ellos Paula Ortiz, y llegó un momento que me dijeron que tenía que hacer algo con esto.

Lo mandé con mucho pudor a la editorial, para decir que me gustaría que si seguía trabajando en esto alguien le diera una salida o que alguien con criterio me dijera que lo dejara. Caí en buenas manos, tuve suerte, y me propusieron trabajar un año entero en la que fuera mi primera novela y el resto salen solas porque es lo que me gusta. No es lo que planee, es que para mí el género es diversión.

P.- ¿Quién y qué inspira a Pablo Rivero?
R.- ¡Muchísimas cosas! Me inspira David Lynch, Polanski, Kubrick y todos aquellos que han hecho cosas complejas que te parezca casi como si estuvieses en un sueño y esa realidad que también se mezcla con los sueños. Me inspira también el contacto con la realidad, leer los periódicos, estas cosas que son un poco típicas del periodismo, pero que si realmente estás atento y te cuentan y buceas en las cosas, puedes encontrar cosas increíbles que son parte de la realidad.

P.- 20 años han pasado ya desde que toda España conoció por primera vez a Toni Alcántara en la serie Cuéntame. Zaragoza ha acogido en este mes de abril el Saraqusta Film Festival, donde hubo una jornada dedicada a la mítica serie. ¿Pasar a la fama por ser el primer varón de los Alcántara le ha perjudicado o beneficiado en el mundo de la escritura?
R.- Nunca lo sabes, es lo mismo con la interpretación, nunca sé cuál hubiera sido mi camino. Hay un público al que le generas interés previo, te tiene cariño y quiere saber lo que haces o apoyar o incluso regalarlo. Y otra muchísima gente que por el mero hecho de asociarte a una serie tan distinta a lo que yo escribo, un género tan distinto a lo que yo escribo, tiene un prejuicio. Es decir “cómo este me va a hablar de temas tan escabrosos o novela negra”, si no supieras que soy yo a lo mejor te lo leerías. Desde luego siempre es un beneficio porque me permite un escaparate, tener atención, para bien o para mal y lo veo como un privilegio. En determinados campos siento prejuicio y en otros siento mucha admiración.

Pablo Rivero saltó a la fama por su papel en la serie Cuéntame. Foto: Laura Trives

P.- ¿Crees que Toni Alcántara se leería «La cría»?
R.- Yo creo que le podía interesar. No le veo mucho de thriller, pero el tema le interesaría, y más siendo padre.

P.- Después de tantos años en el papel, ¿qué hay de usted en Toni y de Toni en usted?
R.- Pues todo y nada. Al final, en mi segunda novela hablaba de esto, de un actor que llevaba 20 años en una serie y al final de la forma que lo concibo, salvo que tengas que hacer un trabajo muy concreto de creación y disfrazarte, para mí lo más difícil es no ponerte caretas y darlo todo al personaje porque confías en que nunca vas a ser tú.

Si tengo que estar divertido, intento darle toda mi energía para que sea creíble porque confío plenamente en que en guiones y situaciones nunca es Pablo, pero llega un punto que se fusionan. A mí al principio me asustaba cuando me veía a mí y ahora cuando me veo más a mí me gusta más, porque la base del guion es tan firme y de la creación, que cuando de repente me relajo y salen otras cosas me parece que coge algo más auténtico y más real.

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