Dolores Redondo
La escritora ha estado este martes en Zaragoza. Foto: web Dolores Redondo

En el Baztán siempre huele a tormenta y la lluvia cala día tras día los huesos y el corazón de quien lo habita y en Bilbao el diluvio está a punto de llenarlo todo del dolor y el horror de la pérdida. A Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) le gusta la lluvia y la oscuridad, digna escritora de novela negra, y se autodefine como una «novelista de tormentas». Aunque, quizás, las mayores tormentas son las que uno vive por dentro, como en una amarga espera al diluvio, al fin del mundo. «Esperando al diluvio» son todas esas tormentas internas, es el chispazo con el que se han forjado las grandes cosas de la Humanidad, es el thriller y es la pluma de Dolores Redondo. Una pluma que hace diez años temía con no destacar nunca y que ahora se traduce a 38 idiomas y está considerada como uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos años. Dolores Redondo es el Baztán, Bilbao y cientos de cosas más y así lo ha demostrado en los «Martes de libros» que organiza la Fundación Ibercaja en el Patio de la Infanta de Zaragoza.

PREGUNTA.-Se define como una escritora de tormentas. ¿En qué sentido lo es?
RESPUESTA.- No tiene tanto que ver con la climatología de los espacios que sí que es cierto que me gusta que los personajes transiten por ahí, sino con la tormenta que va por dentro de los personajes. Ya con «La cara norte del corazón» expliqué que comenzaba un ciclo de novelas en el que mis personajes iban a tener que escalar esa cara norte de su propio corazón, así que iban a tener que enfrentarse a cuestiones distintas de los seres humanos, momentos cumbres de sus vidas en los que se les va a poner muy cuesta arriba y muy difícil. Y es precisamente de eso de lo que va «Esperando al diluvio». Sí que es cierto que en esta novela no he tenido que inventármelo porque en la semana previa de aquel 26 de agosto de 1983 llovió sin cesar y acabó con una gota fría que arrasó Bilbao y otras muchas localidades.

Tiene más que ver con la tormenta que va por dentro, con el momento que se le presenta al personaje que está esperando su propio diluvio, su propio fin del mundo porque buscando dar otra vuelta de tuerca y buscando originalidad para el planteamiento, el protagonista de mi novela es un policía que sí que está persiguiendo a asesino pero con una circunstancia muy especial: se está muriendo. Está en los últimos días de su vida, ha decidido usarlos para terminar de darle sentido a algo que lleva haciendo muchísimos años. Y a eso se dedica, lo que no quiere decir que flaquee en muchos momentos, que sea muy difícil para él. Él esta esperando su propio diluvio y además se llama Noah en una referencia bíblica a Noé.

P.- El duelo siempre está muy presente en sus novelas…
R.- Absolutamente. Desde la primera novela ya estaba presente el duelo porque es algo a lo que he tenido que enfrentarme en mi propia vida y también he visto las consecuencias que ha tenido en la vida de otras personas que se han visto atrapadas en él, también en situaciones de negación o de prolongar el duelo de una manera absurda o incluso los más terribles son los que lo niegan. Y es que la pérdida está ahí, luego vuelve a aparecer una y otra vez en tu vida, como un fantasma que no te deja vivir ni ser feliz. En «Esperando al diluvio» se habla de la pérdida de tu propia vida, un autoduelo que complica mucho las cosas. Porque por desgracia hay muchas personas que tienen que enfrentarse a la pérdida, no solo del amor o de un puesto de trabajo, sino que se pone muy cuesta arriba cuando lo que te planteas es que has perdido tu vida o que la has desperdiciado.

«El duelo forma parte de mis novelas porque es algo a lo que he tenido que enfrentarme en mi propia vida»

Dolores Redondo, escritora

P.- El inspector Noah Scott Sherrington casi logra atrapar a John Biblia movido por una corazonada y a Amaia Salazar (la protagonista de la trilogía del Baztán) se le dice siempre que siga su instinto. ¿Es así como se logran las grandes cosas?
R.- Estoy convencida de que sí y creo que en algunos trabajos o según para qué profesionales es fundamental que sean capaces de guiarse por ese instinto. En ocasiones, los grandes avances de la Humanidad han tenido que ver con el chispazo, con la ocurrencia, con el sobrepasar lo que hasta entonces se había hecho y probar. En medicina, en literatura y en la propia vida creo que las cosas ocurren así. Pero creo que sobre todo en investigación policial tiene muchísimo que ver. Noah, mi personaje, se llama Noé y forma parte de una metáfora al llegar a Bilbao en un barco y como aquel Noé bíblico él también oye una voz en su cabeza que le dice lo que hacer y eso que debe hacer quizás no tenga mucho sentido para el resto de la gente pero para él sí.

Él se llama Noah Scott Sherrington y es un homenaje al Premio Nobel Charles Scott Sherrington que obtuvo el premio por sus avances y sus descubrimientos del córtex cerebral y de la comunicación neuronal. Y cuando Charles hizo estos descubrimientos, los escritores de novela negra de la época como Agatha Christie o Arthur Connan Doyle atribuyeron esa propiedad a sus personajes. La propiedad de ser capaces de hacer conexiones que no son fáciles y unir una cosa con otra, una pista y una señal con otra y llegar a deducciones a la que otros no han llegado. De ese modo, Sherlock Holmes entra en una habitación y ve un abrigo mojado, unos zapatos secos, unas flores sobre la cama y sabe quién ha sido el asesino Eso a veces nos deja un poco patidifusos y te quedas como diciendo: «¡Ostras, claro, si la información estaba allí solo que no la había visto!».

Quise homenajear a Scott Sherrington porque eso que a veces parece instinto realmente no lo es. Son conexiones neuronales entrenadas y es maravilloso que lo podamos entrenar los seres humanos. Creo en las corazonadas que, a veces, no lo son tanto y que quizás deberían llamarse «cerebradas» porque vienen del cerebro.

P.- Dice que «Esperando al diluvio» es un experimento literario. ¿Por qué?
R.- Lo es en el sentido de que aquí empieza algo, una historia, que tendrá consecución en las que vienen pero no es exactamente una trilogía o una saga. Estoy intentando algo que creo que es la obligación de un novelista: contar una historia con un planteamiento diferente cada vez, con un punto de vista que sobresalga. Creo que como novelista debo intentar que la obra sea diferente, no repetir lo que ya está hecho, sino intentar que el lector siempre disfrute de algo nuevo. Es cierto que no hay nada nuevo bajo el sol pero por lo menos visto desde una perspectiva diferente, sí. Y luego está en manos del lector decir si lo he conseguido o no.

P.-Dijo una vez que sobresalir le parecía imposible. 10 años después su obra está traducida a más de 38 idiomas. ¿Cómo espera estar Dolores Redondo dentro de 10 años?
R.- Me sentiré muy bendecida si los lectores siguen viniendo masivamente a las firmas como ahora, si me siguen dando su afecto, leyendo mis libros. De verdad se puede escribir para uno mismo, puedes escribir como terapia si quieres pero creo que la quintaesencia del placer de un escritor se alcanza cuando es un tercero el que disfruta y espero, de verdad, que dentro de 10 años los lectores sigan acercándose a mi obra para entretenerse, para acompañarse y me permitan estar allí.

P.-Recientemente se han cumplido 10 años de la que es considerada uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos años (Trilogía del Baztán: «El guardián invisible», «Legado en los huesos» y «Ofrenda a la tormenta». ¿Volverá algún día al Baztán?, ¿volverá Amaia Salazar?
R.- Puedes estar absolutamente segura. Amaia no duerme, Amaia está despierta en un rinconcito de mi cabeza y está contándome muchas cosas. Mi proceso de escritura es así, mis personajes viven mucho tiempo dentro de mí y no acometo las cosas desde cero. No digo: «bueno voy a escribir una novela sobre Amaia Salazar». No. Dejo que ella me hable y que viva en mi cabeza y que me cuente cosas y me está contando muchas cosas. Así que Amaia volverá y yo os contaré todo lo que ella me ha contado.

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