Pedro Sánchez en su discurso. Foto: PSOE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se declaró este miércoles “convencido de que tendremos también una vacuna española frente al Covid-19” y de que “vamos a volver a ser un ejemplo al mundo de vacunación a nuestros niños y nuestras niñas”.

En su intervención en el XIV Congreso del PSdeG-PSOE, uno de los más convulsos del partido tras la victoria del nuevo secretario general, Valentín González Formoso, sobre su predecesor, Gonzalo Caballero, Sánchez apeló repetidamente al orgullo de ser españoles y socialdemócratas cuando esgrimió la gestión sanitaria de la epidemia de coronavirus.

El presidente pidió a la sociedad española, ahora que está subiendo la incidencia, seguir haciendo lo que hasta ahora: “Que confiemos en la ciencia y en la prudencia, vacunas y mascarillas”. Acto seguido, tras presumir de que España ha sido un ejemplo en la vacunación de mayores y de jóvenes, prometió que “vamos a volver a ser un ejemplo al mundo de vacunación a nuestros niños y nuestras niñas”, y lo presentó como un “orgullo de país, el orgullo de ser español”.

Un poco después, se declaró “convencido de que tendremos también una vacuna española frente al covid-19”, y vaticinó que “eso será también un enorme orgullo para nuestro país”.

Remontándose a hace un año, cuando no había vacunas y no se podía celebrar la Navidad en familia, presumió de que España ya ha vacunado al 90% de la población mayor de 12 años y es “el primer país en recibir los fondos europeos gracias a que hemos cumplido nuestros compromisos con Europa”. “Somos el espejo al que se miran muchas sociedades europeas”, aseguró, deslizando en reproche tácito al PP que esto “debería ser un motivo de orgullo para todos los que se sientan también compatriotas”.

Orgullo socialdemócrata

A nivel de partido, Sánchez ya repitió al comienzo de su discurso su estribillo habitual de que “menos mal que estamos los socialistas al frente del Gobierno” para gestionar la crisis derivada del coronavirus, y a postular la socialdemocracia como término genérico de filiación política, en la línea inaugurada en el Congreso Federal de octubre.

El presidente conectó esa filiación con el nombramiento del socialdemócrata Olaf Scholz como nuevo canciller alemán y su apuesta, en el acuerdo de gobierno con los verdes y los liberales (“auténticos liberales, no los que tenemos aquí, que siempre miran a la derecha”, puntualizó para criticar a Ciudadanos), por el salario mínimo, el ingreso mínimo, la equiparación salarial de hombres y mujeres, las pensiones, las becas y la Formación Profesional.

“Hablan de todo lo que llevamos haciendo casi tren años y medio en España. Somos la vanguardia de lo que está por venir, de lo que tiene que venir en Europa”, proclamó, recordando también las victorias socialdemócratas en Portugal, Italia y los países escandinavos y concluyendo que los europeos quieren “una respuesta social, socialdemócrata” a la crisis y que “la socialdemocracia es más necesaria que nunca”.

“Una recuperación económica, como dijo la vicepresidenta”, constató, remitiéndose a la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, pero añadiendo que “tiene que ser justa” y “llegar a todos los colectivos y a todos los territorios, en especial los más vulnerables”. Desdeñó la “tercera vía” de la que se hablaba hace años y concluyó que “solamente hay una vía, avanzar o retroceder”, o, como lo planteó a continuación, una socialdemócrata y otra neoliberal.
Sánchez quiso desmentir “uno de esos paradigmas que no sé por qué se han instalado” asegurando que “la socialdemocracia gobierna mejor la economía que cuando gobierna el neoliberalismo”, como lo demostraría la menor destrucción de puestos de trabajo que tras la crisis de 2008. Y, como en otras intervenciones, llamó no “esconder” el debate de la desigualdad en las sociedades, porque “es lo que legitima nuestra existencia y nuestro compromiso político”, dado que “no va a haber progreso individual si no hay progreso colectivo”.