El Greco fue ese personaje icónico y peculiar que recorrió el Mediterráneo en busca de fortuna y buenaventura y que no consiguió ninguna de las dos cosas. Lo que sí que consiguió fue abrir la puerta a la pintura española, un hecho insólito y genial teniendo en cuenta que el pintor nació en Creta. Sus pinceladas sueltas y esa forma de mirar la pintura, como manchas que desde la lejanía se convierten en auténticas obras maestras y de cerca solo son eso, manchas, le convirtieron en todo un hito en la historia de la pintura universal. Y ahora sus pasos lo conducen hasta el Museo Goya de Zaragoza con «El Greco. Los pasos de un genio», una exposición en la que se podrá admirar ese legado artísticos hasta el 29 de mayo.

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