No será recordado como el mejor sábado de la historia futbolística de Zaragoza, pero nada iba a estropear la fiesta que tenía preparada la afición zaragocista para el regreso de la selección española a La Romareda 19 años, 3 meses y 17 días después. Ni la lluvia ni la cuestionable defensa del balón parado iban a deslucir las ganas que tenía la capital aragonesa de volver a vibrar con aquel fútbol de élite que hace no mucho era costumbre vivir en el vetusto estadio, y la ciudad sacó sus mejores galas para teñirse de rojo, entonar el himno nacional y ovacionar a Borja Iglesias, quizá la única buena noticia de los 90 minutos.

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