El reloj marcaba las 19.00, pero a nadie le importaba, pues el tiempo se paralizaba en ese preciso instante en el que la luz y el silencio lo han llenado todo. Cuando la puerta de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Zaragoza se ha abierto dando paso a la Gran Cruz del Rosario y a los primeros faroles del Rosario de Cristal, los centenares de devotos han sentido que sí, que tres largos y pacientes años de espera han merecido la pena.

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