Esta es una carta a mi padre. Miguel Ángel. Pero podría ser extensible a todos aquellos que han servido, sirven y servirán a los ciudadanos españoles, sin importar su ideología, raza, género u orientación sexual. Una carta de pleno agradecimiento a mi padre, subinspector del Cuerpo Nacional de Policía, hoy, en su último día de servicio por sus más de cuarenta y dos años de entrega a España y a la defensa del estado de derecho.

¿Qué puede decir un hijo de su padre? Todo que diga siempre será poco y además nada objetivo. Pero si os aseguro que puedo hablar de él como policía. Correcto, justo y defensor garante de las leyes, las que defienden los derechos y libertades de todos, incluso de quienes hasta no hace mucho asesinaban a sus compañeros o quisieron asesinarlo a el mismo.

Toda la vida destinado en el norte, Pamplona y San Sebastián, donde vivió en primera fila los años de plomo. Esos años en los que la pérdida de compañeros se sucedía un día sí y otro también. Años en los que un comando quiso matarlo a él también. Años en los que la familia tuvimos que residir lejos de donde él trabajaba por seguridad. Años en los que unos niños, mi hermano y yo, nunca entendíamos porqué nuestro padre iba siempre unos pasos por detrás, porqué en los bares o restaurantes se ponía al final de establecimiento, o porqué en la playa de la Concha, mientras nosotros disfrutábamos como niños que éramos cuando íbamos a verlo el siempre estaba en la distancia, cerca de su bolso. Obvio. Eran años duros. No podía dejar de lado su arma reglamentaria. La que hoy en su último servicio entregara.

A pesar de esa dureza, y de la responsabilidad con la que tomaba las medidas de seguridad, jamás mostró un atisbo de miedo. Jamás, a pesar de la dureza, lo oí hablar con ira. Jamás salió de su mente un pensamiento de venganza. Y es que queridos amigos, sin serlo, pero viviéndolo en primera persona, eso es ser policía.

Proteger al débil, ser justo con todos, mantener el control y, sobre todo, defender la ley y la libertad de todos.

Es un día triste, para él que ha dedicado su vida entera a una profesión que ha amado, hoy entrega su placa y su arma. Pero estoy seguro que no dejará de ser policía. También es un día duro para quienes hemos crecido a la vera de un uniforme, de una disciplina y forma de vida. Para quienes vemos a los policías, no como enemigos, sino como amigos.

Pero a la vez es un día feliz, como hijo y como español, no puedo estar mar orgulloso del Subinspector 55855 del CNP y de su generosa entrega a España que ha contribuido a que todos, incluso quienes los quieren mandar al ostracismo tengan una mejor calidad de vida.

He de reconocer que siempre quise ser policía, el destino hizo que solo fuera torero. Quizás algo de valor, y todos los condicionantes que hay que tener para ser torero, los haya heredado de él.

Así, que ¡Papá!, en esta nueva etapa, en el descanso del guerrero, te deseo lo mejor. Y sobre garantizarte que tu trabajo ha contribuido a que muchas personas sean hoy más felices. Siempre estaré orgulloso de lo que has sido.

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