En cafeterías y bares ha sido donde la medida se ha acogido con más ilusión. Foto: Laura Trives

Más alegría que miedo en las calles aragonesas el primer día sin mascarillas

Después de dos años, por fin, los aragoneses han dicho adiós a las mascarillas. Las cafeterías han acogido a sus clientes como antes de marzo de 2020, algo tan habitual históricamente como impactante tras dos años sin verse las caras. Unos y otros han ido comentando la novedosa noticia de que, por fin, no es necesario el tapabocas en interiores. “Los camareros llevamos meses atendiendo clientes sin mascarilla. Ya era hora de que pudiésemos hacerlo nosotros”, ha afirmado una trabajadora del clásico bar zaragozano La Republicana.

En la misma línea se movía el cliente que recibía un café con leche de sus manos. “¿Por qué no iba a ser posible volver a vernos las caras?”, se preguntaba. Eso sí, se mostraba cauto por el primer impacto y por desconocer qué podía pasar. La alegría de volver a verse contrastaba con la incertidumbre de pensar que esta medida podía retomarse en un futuro.

Aunque para contrastes los que se veían en una pastelería y cafetería, en La Terraza del Teatro, justo en la plaza del Principal. Allí, un cliente exponía su disgusto por la nueva medida: “Es pronto, sigue habiendo muchos casos”, expresaba con temor. Y al otro lado de la barra, el encargado mostraba su hartazgo. “Basta ya. He cogido dos veces el covid con mascarilla y ya vale. Tenemos que recuperar nuestra vida. Vale ya de vivir con miedo”, declaraba.

Más caras cubiertas en supermercados

Si en la hostelería, salvo contadas excepciones, la medida se ha calificado como “lógica”, algo más reticentes se mostraban en supermercados. Un Día abría las puertas y los primeros clientes asomaban a hora temprana, pero muchos se encontraban con la cara cubierta. Entre ellos, eso sí, había quienes lo hacían por olvido a la nueva ley. “En un lugar donde se manipulan alimentos, igual que en zonas donde se cuida la salud, creo que hay que ponérsela”, coincidían Luis y Patricia.

Tampoco se la quería quitar un anciano que acudía a comprar y temía que España “se acabase convirtiendo en China”. Allí, hay ciudadanos que hasta duermen en sus fábricas o con un confinamiento tal que no pueden salir ni a comprar. “Además no creo en la efectividad de las vacunas, y tras mi tercera dosis se me destrozaron los músculos de cintura para abajo”, ha señalado.

Otros negocios

Lugares como las ópticas, ubicados dentro del abanico sanitario, tampoco han podido hacer frente a la retirada de las mascarillas. Y eso que los empleados suelen coincidir en que, en el plano estético, es “imprescindible” verse la cara completamente antes de elegir unas gafas. También había un importante número de trabajadores que, sencillamente, no sabía qué hacer ni qué directrices dar a sus empleados, y tomaría medidas “conforme pase el tiempo”.

En definitiva, las calles aragonesas han acogido la nueva medida con más alegría que miedo al covid. Volver a verse las caras ha dado vida a los comercios zaragozanos, que todavía se encuentran en proceso de adaptación. Y en lo que todos coincidían era en la ilusión al ver que, por fin, parece que el coronavirus –“de las narices” solían añadir- va quedando atrás.