templo budista Pirineo
La fundación del templo tuvo lugar en 1984. Foto: Templo Panillo

Corría 1984 cuando el monje tibetano Kyabye Kalu Rinpoche fundaba un templo budista en una localidad remota y perdida en el Pirineo aragonés. Panillo, con sus cuatro habitantes censados en 2021, se convertía entonces en el Tibet en Aragón, un remanso de paz alejado del murmullo constante de la civilización en el que el espíritu sanaba gracias a las enseñanzas y oraciones de los lamas que lo habitaban. Ahora, más de 30 años después, el templo Dag Shang Kagyu es la cuna del budismo en la Comunidad y atrae cada año a miles de turistas que no pueden más que quedar embriagados por la belleza del lugar.

Y es que cuando uno llega al templo budista, lo primero que hace es sorprenderse ante su magnitud y los colores brillantes que decoran su fachada. Alejado de todo, es una absoluta joya arquitectónica que, además de embellecer el lugar, aporta paz y tranquilidad en un entorno en el que, con la sola presencia de los pinos y las carrascas, cada vez más gente quiere perderse. La comunidad del Dag Shang Kagyu, compuesta por alrededor de una treintena de lamas (maestros tibetanos) y colaboradores, guía a los visitantes en este retiro espiritual.

El templo budista es un rincón de Aragón que merece la pena visitar por su singularidad. Así, se realizan visitas libres y guiadas por un precio de tres euros a partir de los siete años. Con las visitas libres se puede recorrer todo el área de alrededor del templo, incluyendo las estupas (construcciones budistas ciruclares) y estatuas (Tara Verde, Guru Rinpoche, Mahakala, Buda Sakyamuni y Milarepa), sin embargo no se podrá entrar en el interior del mismo donde solo se puede acceder a unas pocas estancias únicamente con la visita guiada.

El templo atrae cada año a miles de turistas. Foto: RRSS DAG SHANG KAGYU

Los colores blancos y dorados brillan como el sol en un lugar en el que el silencio se instala y es obligatorio, como dicen los carteles repartidos alrededor del templo. Además, Dag Shang Kagyu cuenta también con un molino de oraciones, una casita de velas, fuentes, varias esculturas y una tienda en la que el visitante podrá encontrar productos de Nepal e India. A lo largo del recorrido las estupas se repetirán una y otra vez, pues hay hasta 180. La tradición budista dice que son los lugares más sagrados y que hay que rodearlas una y otra vez para encontrar el punto zen en la meditación.

Hasta el templo budista también acuden personas que quieren hacer retiros espirituales, ya sean colectivos o individuales, durante un periodo de tiempo determinado o haciendo el retiro tradicional que dura tres años, tres meses y tres días. En el templo encontrarán lugar para la reflexión, la oración y la meditación con actividades como las «puyas», prácticas de budismo tibetano.

Así, oculto entre árboles y con el silencio de un pequeño pueblo aragonés como escenario, el templo budista de Panillo se muestra como un lugar mágico para la reflexión, la meditación y para la búsqueda de la paz interior.

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