Carlos Sadness fue uno de los cantantes que más lleno el festival por la tarde // Foto: Laura Trives

Abre sus puertas un día más el Vive Latino en la Expo de Zaragoza. Y será la última vez, al menos este año. Las ganas se sienten fuertes porque, desde que se ha permitido la entrada, no han parado de acceder festivaleros bien ataviados y con mucha sed, porque el calor no ha dejado de pulsar bien el ambiente durante toda la tarde. Se oyen tres nombres todo el rato: Kase.O, Amaral y Leiva. Y por ese orden. Y la pena por Bunbury, claro.

La Expo está como fue la Expo hace catorce años, llena de gente, bares, alegría y fotos. Se oye a María Guadaña cantar en el primer escenario, unas cincuenta personas se apuestan en los rectángulos de sombra que da la cartelería que una vez se usó para poner los nombres de los países participantes en la exposición internacional. Un poco por detrás, cuatro jóvenes piden una hamburguesa “fast food artesanal” y se la van a comer a las mesas tranquilas de una terraza. Hoy está tranquilo, pero ayer, según cuentan tres mujeres que repiten día de Zaragoza, “las colas de la comida eran infernales”.

La gente parece que salió este viernes mucho. Multitud de festivaleros se agolpan en la sombra de los pocos árboles que existen en el recinto. Eso sí, todos en la mano un refrigerio fresquito que la noche es larga y hay que aguantar. Manuel y Ana son una pareja de Zaragoza que disfrutaron del festival el viernes “sin conocer a casi ningún artista”. Les sorprendió muchísimo Coque Malla y Molotov. Hoy lo tienen claro: quieren ver a Amaral y a Kase.O.

Y es que el grupo social predominante en el Vive Latino es la pareja. Arturo y Sandra decidieron venir cuando vieron que el cabeza de cartel era el exsolista de Héroes del Silencio, pero aun así se animaron al ver que Amaral y Rulo también estaban ahí. “Quería ver la última actuación de Bunbury”, se ha lamentado Arturo. Un grupo de amigos descansa en el suelo bebiendo cerveza que le acaban de traer otros amigos y esperando a Bebe, que nunca llegó a salir.

Los asistentes cumplen con el conjunto festivalero al 100%. Los hombres: camisa con motivos, predominantemente de rayas. Las mujeres van mucho más alternativas y heterogéneas. Pero este año se lleva la pedrería de plástico para la cara. Muchas banderas mejicanas que hacen de capa. La música continúa y ya arranca Mikel Erentxun en un desbordado anfiteatro.

En el escenario Nautalia, el más grande, después de Bebe le seguía Carlos Sadness, después Amaral, seguido de Leiva y más tarde Kase.O. Mucho público no se va a mover de allí en toda la tarde. En el escenario Ambar, el del anfiteatro, una vez terminado Mikel Erentxun le siguen Iván Ferreiro, Café Tacvba, Rulo y la Contrabanda y Nortec: Bostich+Fussible. Por último, en el escenario Vuse, el localizado justo en la entrada, tras el fin de María Guadaña, continúan Little Jesus, Instituto Mexicano de Sonido, Mula, Caligaris, Ximena Sariñana y para cerrar todo el festival, Kumbia Queers, hasta las 4.00 horas de la mañana.

La gente no ha parado de llegar por tandas, coincidiendo con las frecuencias del tranvía, esperando una noche muy mítica en un recinto Expo que si tuviese voz estaría muy gozoso de tener tanta música y alegría. Como dice Kase.O, «esto no para».