El uso del desfibrilador ante una parada cardiaca aumenta hasta un 90% las posibilidades de supervivencia sin secuelas graves

La cardioprotección en España crece exponencialmente desde 2019. Aragón se sitúa entre la cabeza, con unos 1.388 desfibriladores, diez por cada 10.000 habitantes, a solo un pequeño paso de Madrid, donde la media se eleva a los doce. En el extremo opuesto, Castilla-La Mancha apenas cuenta con 278 desfibriladores, uno por cada 10.000 habitantes, según un estudio de Almas Industries B+Safe.

Así, destaca el impulso general de la disponibilidad de estos equipos, con un incremento de su número, pasando de los 10.239 desfibriladores en 2019 a los 33.145 en 2021, con una media nacional de siete desfibriladores por cada 10.000 habitantes. Sin embargo, el país queda muy por detrás de los más avanzados en este campo como EEUU, Japón y algunos países europeos.

Tras Navarra y Aragón, que completan el podio, les siguen Cataluña, también con una media de diez desfibriladores por 10.000 habitantes, mientras que con nueve se sitúa Extremadura; con ocho, País Vasco y Galicia; y, con siete, Cantabria. Sin embargo, con una media de cinco aparatos se encuentran Andalucía, Castilla y León, La Rioja, Comunidad Valenciana y Murcia. La lista continua con Baleares y Melilla, con cuatro equipos; Canarias, con tres; y Principado de Asturias y Ceuta, con dos desfibriladores.

El uso del desfibrilador ante una parada cardiaca aumenta hasta un 90% las posibilidades de supervivencia sin secuelas graves. Por eso es clave poder actuar en los cinco primeros minutos para poder salvar la vida de una persona que ha sufrido un accidente cardiaco, realizando la RCP y aplicando el desfibrilador más cercano.

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