Esto supondría ahorrar hasta 436.000 euros en costes de fabricación de nuevos productos anualmente

Hasta diez mascarillas convertidas en un peine: el proyecto Wasamask las recicla y les da otra vida

Hasta diez mascarillas pueden convertirse en un peine gracias al proyecto Wasamask, que pretende darles una vida más útil reciclándolas y convirtiéndolas en productos no perecederos. Aunque de momento sigue siendo un estudio teórico que ha demostrado ser válido, su puesta en práctica conllevaría salvar 274 toneladas de mascarillas al año de acabar en los verterderos. Además, esto supondría ahorrar hasta 436.000 euros en costes de fabricación de nuevos productos anualmente y dejar de emitir 318,2 toneladas de CO2 al año.

Para conseguirlo necesitarían la colaboración ciudadana. Por ello, proponen instalar contenedores de recogida de mascarillas en las farmacias para que todo el mundo pueda ir a depositarlas allí. «Aunque vayamos a un escenario en el que las mascarillas no se utilicen con tanta asiduidad, me temo que el hábito de ponérnosla cuando estemos enfermos o en espacios muy saturados ha venido para quedarse», ha señalado la consejera de Ciencia, Maru Díaz, este martes en la presentación de Wasamask. Así, ha subrayado que «no es un desecho del que podamos olvidarnos tan fácilmente».

«Apostar por cerrar el círculo, por revalorizar los desechos, por volver a convertirlos en materias primas… En difinitiva, por reducir el impacto de consumo en nuevos productos», ha indicado la consejera. También ha incidido en que «creo que esto es un ejemplo paradigmático de cómo una necesidad, aliada con una buena idea y la innovación se puede transformar en economía circular y en revalorizar un producto que a diario desechamos en nuestros hogares».

La gestión de la enorme cantidad de nuevos residuos generados por la pandemia, en forma de mascarilla, es un reto que, en la actualidad, sigue sin abordarse. No existen opciones implantadas para poder obtener un aprovechamiento, y el fin es la eliminación en el vertedero. Ahora, el Instituto Tecnológico de Aragón Itainnova acaba de validar, a escala industrial, el método de reciclaje de mascarillas desarrollado por el grupo de Diseño y Desarrollo de Materiales del centro público aragonés, a partir del cual ha sido posible la fabricación de peines.

Lo ha hecho en colaboración con la empresa Denroy, líder en el sector del plástico en Irlanda del Norte, y con la Universidad del Ulster, con quienes firmó un acuerdo de I+D de nuevas tecnologías y conocimientos relacionados con los polímeros, su reciclaje y valorización. También se ha validado la recuperación de los residuos industriales generados por esta compañía en la fabricación de mascarillas Denpro FFP3, obteniéndose en este caso cepillos de pelo.

La validación del proyecto ha sido presentada hoy en el laboratorio químico de Itainnova, con la participación de la consejera; la directora del centro, Esther Borao; el coordinador de Investigación y Tecnología de Denroy, Alberto Lario y los investigadores de Itainnova Cristina Crespo y Pablo González.

«Wasamak demuestra la investigación puntera que realiza Itainnova para anticiparse a los retos del futuro, mitigando la crisis climática y avanzando hacia una economía circular de alto valor añadido», ha afirmado Díaz. Una idea que ha defendido también la directora del centro, Esther Borao. «Este es un gran ejemplo de cómo la colaboración público-privada puede sumar fuerzas y ayudar en este caso, a proteger el medio ambiente y contribuir en la neutralidad climática. Retos que, como sociedad, tenemos actualmente y debemos afrontar juntos si queremos superarlos», ha dicho.

Recogida de mascarillas en farmacias

Durante la presentación, se ha explicado cómo, para completar el proyecto, han propuesto una solución para la recogida de este residuo como paso previo a su reciclaje en una ciudad piloto como puede ser la capital aragonesa. Del estudio teórico realizado se ha concluido que la opción más adecuada es la recogida de mascarillas mediante la instalación de contenedores en las farmacias de la ciudad, ya que es la opción más favorable desde el punto de vista económico y medioambiental, además de recibir un amplio apoyo por parte de la población encuestada.

En este sentido, Pablo González ha comentado que «una parte importante de la circularidad es la recuperación de los residuos». Se ha tomado como ejemplo la ciudad de Zaragoza, por ser una población de tamaño medio en cuanto a habitantes y con suficiente extensión como para ser representativa de otras.