La falta de espacio es uno de los principales problemas del centro. FOTO: Laura Trives

En 1944, no eran pocos los hombres que llenaban el café Levante de Zaragoza todos los lunes por la tarde. Todos iban unidos por una misma pasión: el arte de doblar papeles hasta el infinito para conseguir construir figuras en tres dimensiones. Tras toda una vida en este mítico local zaragozano, trasladaron su sede a la cafetería del Teatro Romano. Y allí, la resistencia del origami aragonés busca soluciones a la maltrecha situación del museo que corona la segunda planta del Centro de Historias.

Una situación límite a la que se ha llegado tras comprobar que el convenio firmado con el Ayuntamiento de Zaragoza en 2013 no ha funcionado como se esperaba. A la elevada deuda que el museo tiene con el consistorio, de la que se desconoce la cantidad por llevar siete meses en tramitación, se le suman dos problemas principales. Según los gestores del EMOZ, la visita “se hace corta” a los turistas que se acercan a conocer la exposición de este lugar. El segundo de los problemas es la falta de información y publicidad en las calles, lo que hace que “muchos visitantes se quejen de que cuesta llegar a nuestra sede”.

“Somos toda una referencia para el turismo en Zaragoza. En algunos portales de viajes salimos como el segundo lugar que se debe visitar, solo por detrás de la Basílica del Pilar”, ha comentado Felipe Moreno, responsable de las exposiciones del Museo del Origami. No es este el único dato que refrenda la buena acogida del centro: casi 200.000 visitas en su década de existencia avalan el cariño de los visitantes por el papel, siendo más de un 15% visitantes de fuera de las fronteras de España. “La única deuda que tenemos es con el Ayuntamiento de Zaragoza, y es lo que nos impide seguir trabajando”, ha señalado Moreno, que ha asegurado que “no es viable seguir así”. “Podemos hacer mucho más por toda la ciudad”, ha asegurado el responsable de las exposiciones.

El director del museo, Jorge Pardo, ha asegurado que el futuro del Museo en Zaragoza “parte con diez años de ventaja frente a cualquier otro proyecto cultural, por lo que es urgente firmar un nuevo convenio que nos permita seguir haciendo nuestro trabajo”. Consciente de que el primer paso es solventar la deuda, Pardo ha adelantado que hay muchos proyectos en mente relacionados con EMOZ: “Existe una posibilidad real de abrir nuevas delegaciones, siempre bajo el sello zaragozano, de este museo en Málaga, Londres o Dubái”.

Consenso con todos los partidos políticos

Las nuevas reclamaciones de los gestores del Museo del Origami han estado acompañadas de una visita por el centro junto a representantes de todos los partidos políticos con escaño en el Ayuntamiento de Zaragoza. Una reunión fructífera que ha puesto la guinda a las numerosas reuniones individuales que EMOZ había mantenido con cada una de las formaciones.

Todos los miembros han participado en una puesta en común final, en la que cada partido ha compartido sus impresiones. En líneas generales, todos han coincidido en la necesidad de mantener el Museo del Origami abierto y en la importancia, como patrimonio cultural, que este centro tiene en la oferta turística de Zaragoza.

Diego Peña, del Partido Popular, ha asegurado que la voluntad del partido al frente del consistorio es “mantener la apuesta por la cultura” y que la situación con el convenio ya no puede ir a más, “por lo que hay que empezar a llegar a acuerdos”. Unos acuerdos que, según Trinidad Arias, de Ciudadanos, llegarán seguro si Sara Fernández se mantiene como consejera de Cultura, ya que “Sara ha prometido que el Museo del Origami se mantendrá siempre abierto mientras ocupe el cargo”. Por su parte, Julio Calvo, de Vox, ha calificado como “lamentable” la posibilidad de que Zaragoza pierda el Museo del Origami y ha animado a renovar el convenio, además de encontrar “nuevos lugares en la ciudad donde se pueda exponer el enorme fondo de piezas que hay almacenado”. Según cálculos del propio museo, en la actualidad los almacenes tienen capacidad para llenar diez museos más como el actual.

Desde la bancada progresista, el socialista Antonio Barrachina ha manifestado el apoyo público de su partido y ha instado al Ayuntamiento de Zaragoza a “asegurar la estabilidad del proyecto cultural y mostrar su respaldo”. Amparo Bella, de Podemos, ha definido el Museo del Origami como “un proyecto de ciudad que pone a Zaragoza en el foco” y que se necesita “un nuevo convenio para dar continuidad al museo”. Por último, Luisa Broto, desde Zaragoza en Común, ha asegurado que se debe mantener la apuesta por EMOZ, un lugar que “no se puede perder y que sería un error muy grave si el Ayuntamiento de Zaragoza lo deja escapar”.

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