Pauner y Vilalta, en su regreso a España

Pauner regresa del Korzhenveskaya: "Vimos estallar un glaciar cuando paramos a comer"

La aventura de Carlos Pauner y Andrés Vilalta en el ascenso al Korzhenveskaya ha terminado antes de tiempo y ambos se encuentran ya en Zaragoza. Pero como una retirada a tiempo puede ser una victoria, ambos lo hacen felices “por haber salvado la vida”. La tardía llegada del helicóptero, la falta de suministros y el estallido de un glaciar cuando se encontraban comiendo hacen de la capital aragonesa el mejor refugio.

Es precisamente el estallido del glaciar lo que decantó la balanza en favor de la vuelta. Era en la segunda ronda, cuando partían con la idea de llegar al campo 3 e, incluso, hacer cima el 28 de julio. Pararon a comer en el tramo entre el 1 y el 2, que es muy estrecho, y ahí sucedió todo “De pronto vimos como reventaba un glaciar en ese tramo. Lo que era terreno seco, una canal de piedras con cuerdas viejas, se convirtió en un rio de agua negra y piedras”, ha relatado Pauner.

De piedra se quedaron porque decidieron no subir. “Pasamos la noche muy preocupados, pensando que el agua podría llegar a tal volumen que socavase el campo 1 y se lo llevase”, ha declarado. Y cuando bajaron, sufrieron otra avalancha “en un sitio que no te lo esperas”. “Vimos una serie de cosas que dijimos “estamos aquí jugándonos la vida”. Si el estallido llega a suceder media hora más tarde se nos hubiese llevado porque no hay otro sitio para subir. Nos hizo reflexionar y tomar la decisión, que no es fácil”, ha insistido el alpinista.

Detrás había “mucho entrenamiento, muchas ilusiones, apoyo de patrocinadores…” pero es más importante “saber leer la montaña y saber cuándo apretar y cuando no”. En los 25 años que ha estado en el Himalaya, Pauner asegura que ha apretado cuando había que hacerlo, “cuando las condiciones de la montaña te dicen que puedes seguir adelante”. Ese balance no es fácil, “es fruto de la experiencia”, y en esta ocasión lo vimos los dos claro. El riesgo era demasiado alto y decidieron darse la vuelta y dejarlo para otro momento.

Un ascenso que comenzó torcido

Pauner ha asegurado que tenían el viaje para el día 15, pero Tayikistan tiene tres helicópteros y una misión se lo retrasó hasta el 18. Además, una vez en el campo base, el helicóptero llega cada 10 días. “Hemos pasado bastante hambre y la sensación de estar atrapados. Cuando decidimos volver tuvimos que esperar 10 días”, ha afirmado.

Se encontraron “una montaña con mucho recalentamiento”. Los glaciares, en vez de estar helados, estaban llenos de agua y se iban rompiendo; había avalanchas por la mañana, por la tarde y por la noche. Se rompían y caían coladas de agua y piedras, además de hielo, y se veía “demasiado recalentada”. La combinación de llegar tarde, el calor y el impacto del estallido del glaciar hicieron ambos tomar la decisión de volver.

El reto sigue

A pesar de que se dan al menos un año para retomar esta montaña, el reto del Leopardo de las Nieves, donde se enmarcaba esta subida, sigue vigente. Así lo ha confirmado su compañero Andrés. Ambos quieren alcanzar las cinco cimas, y aunque solo han completado la primera, tienen en mente hacer dos en los próximos meses. En eso se centran los dos montañeros que, por ahora, disfrutan de unos días de descanso.

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