Las obras eliminarán las humedades y restaurarán los frescos. Foto: Laura Trives

Los frescos de Coello de la Iglesia de la Mantería volverán a brillar gracias a una restauración

Se la conoce como la Capilla Sixtina aragonesa y es que no hay más que mirar hacia arriba para dejarse deslumbrar por los frescos de la Iglesia de la Mantería de Zaragoza. Claudio Coello los pintó en el siglo XVII y aun hoy, a pesar de las humedades y el deterioro, se puede admirar su belleza. Angelotes, guirnaldas y frutas decoran la cúpula en la que es una de las obras más importantes del barroco. Pero en, un futuro no muy lejano, la iglesia de la Mantería, que en realidad se llama iglesia de Santo Tomás de Villanueva, volverá a brillar y es que el Gobierno de Aragón ha iniciado ya los trámites para su restauración. Una restauración que se basa en la eliminación de las humedades del templo y la posterior restauración de los frescos.

Será una restauración en la que entran en juego tres actores: el Ministerio de Cultura del Gobierno central, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España, el Gobierno de Aragón y las Madres Escolapias. Y es que el templo, que forma parte del colegio desde 1883, es de su titularidad por lo que tendrán que hacer una cesión de uso por unos años al Gobierno de Aragón y que así se puedan acometer las mejoras. Es el Ministerio de Cultura el que asume la mayor parte de la restauración con un aporte económico estimado de unos 2 millones de euros, según ha reconocido este miércoles el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán.

Así, Lambán también ha asegurado que «sin prisa pero sin pausa» se está estudiando el proyecto y que en los Presupuestos del 2023 se contemplará la partida que destinará el Gobierno de Aragón para la reforma de una iglesia que es «asombrosa». «Cuando nos reunimos con el ministro de Cultura, Miquel Iceta, nos dimos cuenta de que tenían un gran interés por esta iglesia y por los frescos y que muchas veces habían viajado desde diferentes puntos de España para venir a contemplarlos. Solo hay que cerrar los ojos y pensar que si son ya bonitos así, con las humedades y con el deterioro, cómo lo serán en un futuro», ha reconocido el presidente del ejecutivo autonómico.

Con la voluntad de abrir el templo para que «todo el mundo» pueda admirar su belleza, María Jesús Boned, religiosa de las Escolapias, ha reconocido que hablar de una restauración es una «bendición y gran alegría». El templo no está abierto al público, aunque ha acogido el culto cuando hicieron obras en San Gil, ha servido como escenario para bodas de antiguas alumnas del colegio, conciertos y exposiciones y también como sede para algunas cofradías. Es, verdaderamente, una joya oculta en pleno centro de Zaragoza que aspira a recibir a todo aquel que quiera descubrirla.

Una de las cúpulas sufrió un derrumbe en el año 2001 por problemas de estabilidad derivados de las humedades y desde ese momento se acometieron diversas reformas estructurales en el templo. Ahora, el Gobierno de Aragón se encargará de acabar con las humedades mientras que el Gobierno central acometerá la restauración de los frescos. Así, sin un plazo concreto pero con la voluntad de hacerlo cuanto antes, cada vez queda menos para que los frescos vuelvan a brillar en la Capilla Sixtina aragonesa

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