El director general del Real Zaragoza no elude el reto del ascenso. Foto: Real Zaragoza

Tras un final de campaña agitado, con un cambio de propiedad y un décimo puesto, el Real Zaragoza ya está inmerso en la nueva temporada. La principal novedad con la que encara el cuadro maño los 42 partidos que dictarán sentencia ha sido el nuevo Consejo de Administración y el director general, Raúl Sanllehí. La historia que le lleva al aterrizaje en Zaragoza es intensa, de la mano de un grupo propietario amplio. Y no se atreve con un pronóstico a largo plazo, pero sí tiene un deseo: “En 10 años quiero ver al Real Zaragoza siendo un equipo top de Europa”.

Su llegada fue rápida. “Cuando se empieza a gestar yo no participo, estaba haciendo consultoría, pero tenía algún contacto con este grupo. Me llaman un día para ir a Madrid y pienso que es para un proyecto de consultoría cuando me encuentro en una mesa con cinco o seis personas que me plantean esta posibilidad”, recuerda. En definitiva: le estaban ofreciendo trabajo.

A Sanllehí le cogió por sorpresa, no lo sabía, pero no dudó. “Si era una venta, tardé muy poco en comprarlo”, insiste. Llevar al Real Zaragoza donde se merece es “muy interesante”. Además, estas personas que hablaron con él le convencieron mucho. “Vi mucha experiencia en el mundo del futbol y mucho músculo financiero. Para acometer un reto del tamaño que me estaban diciendo era la gente adecuada. Fueron dos reuniones y ya lo cerramos”, narra el director general.

Pero, ¿quiénes eran estas personas? “Bueno… es todo este grupo que se va comentando. Eran cinco o seis personas de este grupo. Estaba gente de Ares, trabajadores de Ares que son inversores del proyecto… Estaba también Jim Carpenter; un representante de los Mas, no ellos en persona, a los que ya conocía… Había un grupo de gente. Es que el grupo es variopinto”, explica. Ahí fue cuando le empezaron a explicar lo que querían hacer, y mucho del cómo se lo pasaron a él. “En esas una o dos reuniones ya vi que hablábamos el mismo idioma y fuimos para adelante”, expone.

Lo que personalmente desconoce es el reparto accionarial del famoso grupo. “El representante es Jorge Mas y es la persona que aglutina un poco la comunicación que yo tengo. No sé cómo está distribuido exactamente porque tampoco es de mi incumbencia”, afirma. A él le importaba que la interlocución fuera fácil, que no tuviera que hablar con muchas personas. Es un tema de eficiencia y de no repetir mensaje; por no discutirse con uno y otro. “Aquí sí que funcionó muy bien: el representante es Jorge Mas”, insiste.

Insistiendo en el asunto de la distribución, es complicado conocer quién es el máximo accionista del equipo, al menos por vía oficial. “Cómo lo tienen distribuido es un tema de ellos, privado. Hay inversores de tres continentes diferentes y de no sé cuántos países diferentes”, ha recalcado. Lo importante es que están “muy al unísono en la estrategia planteada”. Les hizo una presentación del business plan, hubo un intercambio de opiniones y, a partir de ahí, se siguió el camino.

Corto y largo plazo

Justo dentro de diez años, en una década, el equipo cumple su centenar de vida. Un siglo llevando el nombre de la capital aragonesa por los mejores campos de Europa, siendo respetado y admirado. Esta etapa en Segunda no lo cambia. “Te puedo decir dónde lo quiero ver, no me atrevo a nada más. Lo quiero ver muy sólido en Primera División, donde merece, pero completamente asentado, sin dudas de su categoría. Y con un estadio nuevo, una ciudad deportiva nueva y un equipo top de Europa. Me encantaría”, asegura.

Sin embargo, el ahora es decisivo, y ahí, Sanllehí huye del “resultadismo”. Este año quiere ver un equipo que transmita “orden, concierto, trabajo y una idea de futbol”, algo visto “desde la pretemporada”. “Que conste que Carcedo no es un fichaje mío. Lo conocía mucho y lo puse en una lista en la cual había otros. Consensuadamente llegamos a la conclusión de que era nuestra primera opción. Decidió venir, lo cual celebro mucho, pero había una lógica detrás, mucho más de conocerlo o no”, incide el director general.

Sanllehí asegura que ahí se encontraba tranquilo, porque “sabía qué sabía hacer Carcedo y qué iba a hacer”. Se inició la temporada en Gran Canaria y luego tocó recibir al Levante, y pudieron ganar los dos. El guion se estropeó en Cartagena, donde “el resultadismo empezó a hacer mella” y ante el Lugo fue “el palo gordo”. “Salimos pensando que íbamos a tener una segunda parte plácida y nos empataron. Entró una ansiedad, un desorden… No sé qué pasó que se contagió a todos los ámbitos porque el equipo lo tenía y la grada también”, recuerda.

Fueron “30 minutos fatídicos que acabaron de la peor manera posible, pero pudieron marcar uno o dos antes”. Sin embargo, “fue una anécdota”. Los siguientes dos partidos se supieron sobreponer y vencer. Con la suma de todos los partidos, quitando esa media hora ante el Lugo, no tiene queja del equipo. “Esperaba pronto que el buen juego se tradujese en resultados. Prefiero estar con menos puntos y buen juego que con un juego desordenado que no entiendo nada ganando de rebote en el último minuto”, insiste.

Para lograr los triunfos “no ha cambiado la tecla, el do sostenido se ha tocado casi igual, la partitura es la misma”. Sí que ha cambiado el resultado tras “un periodo de asentamiento de fichajes”. “El Giuliano de hoy no es el del primer día, como Mollejo; Azón estaba lesionado, Grau parte de la temporada pasada no estuvo; dentro de poco vamos a tener a Gueye dentro. Tenemos competitividad, fuerza, razones para creer que va por el buen camino”, asegura.

Sanllehí no se atreve tampoco con un augurio para la temporada. “Trabajo y coherencia. Pronostico no, una certeza”, promete. Y a partir de ahí, a crecer. Eso sí, hasta ahora, el único problema del club para ascender era económico. Una vez resuelto, no hay excusas: el Real Zaragoza debe volver a Primera División.