Larrazabal disparo
El cuadro maño disparó en total tres veces a puerta. Foto: Real Zaragoza

Partido de alta intensidad desde la grada y de un Real Zaragoza plano sobre el terreno de juego. El conjunto de Juan Carlos Carcedo jugó más de una hora con uno más y los últimos 25, añadido incluido, con dos. Pero, aun así, esa Romareda entregada no vio ocasiones de peligro real en prácticamente ningún momento, ni con 16 minutos en total de añadido. El cuadro maño debe espabilar si quiere optar a algo más que la permanencia.

Cambios obligados en los blanquillos, que apostaban por Cristian; Fran Gámez, Jair, Lluís López y Gabi Fuentes. En la medular, Francho acompañaba a Jaume Grau en detrimento de Manu Molina. En la segunda línea, Bermejo, Vada y Giuliano con Azón en punta. Del Eibar, destacaba Stoichkov, Tejero, viejo conocido maño, o Arbilla.

Como suele ser habitual en Segunda División, primeros minutos de tanteo sin dominador claro del juego. Eso sí, la pelota era del Eibar. Un par de centros sin peligro de ambos equipos para alcanzar los primeros cinco minutos de juego ponían el movimiento en La Romareda. La primera seria la tendría Jaume Grau, que se durmió dentro del área y se la robarían con facilidad. En el rebote, el tiro de Simeone fue fácil para Yoel. Minuto 7.

Ya en el 9, una buena combinación de Francho con Gámez terminaba con un centro del canterano que, de nuevo, atraparía Yoel. Uno más tarde, en el 10, Bermejo robaba un cuero que no podía culminar Azón. No se sentía cómodo el conjunto vasco a costa de un cuadro maño que protagonizaba los acercamientos más peligrosos. Y, sin embargo, tendrían la más clara del choque con un centro lateral que no acertaba a meter Corpas.

Tras unos momentos difusos, volvía el Real Zaragoza a ser reconocible, y Arbilla veía la primera cartulina del partido. El balón lo ponía Vada para que Jair rematase solo y obligase a Yoel a emplearse a fondo en el minuto 25. Más centros de Giuliano, otra vez sin rematador, para poner contra las cuerdas a un Eibar que sufría. Otra tarjeta, por cierto, para Javi Muñoz cortando una contra del Real Zaragoza. Más problemas para los visitantes: Berrocal, lesionado, dejaba su sitio a Venancio.

Amarilla para Gámez en el 35 y polémica al botar la falta por una posible agresión a Vada. Ahí estaba el VAR para poner los nervios en La Romareda y decidir que había agresión de Venancio. Jugaría con 10 el Eibar, que se llevaba alguna amarilla de regalo. Doble cambio a todo esto en el Eibar: Stoichkov y Corpas fuera para que entrasen Nolaskoain y Rober Correa. Unos visitantes hundidos y con uno menos dejaban el partido de cara, pero había que marcar y, al menos antes del descanso y con 8 de añadido, no lo hicieron.

SEGUNDA PARTE SIN SUSTANCIA

Gámez por Larra era el primer movimiento del Real Zaragoza de Carcedo, que buscaba más profundidad ante un rival con 10. En una Romareda que parecía una caldera, Leschuk entraba por el Eibar. Y tras 15 minutos de un cuadro maño en busca de espacios, llegaría una genialidad de Bermejo que supondría el 1-0. Golazo del mediapunta que, de nuevo, conllevaría polémica. El VAR veía un manotazo que había pasado desapercibido para Trujillo Suárez y gol anulado.

Se entraba así en los últimos 20 minutos de juego, con un Real Zaragoza dominando y sin conseguir el ansiado gol. Para darle más empaque, brutal entrada de Javi Muñoz que terminaba en tarjeta roja en el minuto 76. Vada la tuvo en el 78, pero el remate -por decirlo de alguna forma- se iba a fuera de banda. Una afición entregada daba brillo a un equipo que debía vencer con 11 frente a 9.

Se entraba en el descuento con el 0-0 y La Romareda muy tensa. Una tangana en el área de Yoel, con Jair y Gueye fuera de sí, volvían a parar el choque. Las triquiñuelas del Eibar valían una pérdida de tiempo que, para los maños, era oro. Se consumía y se consumía, pero lo único que aumentaba era la presión. Así se entraba en el minuto 98 y así se llegaba al pitido final.

Ni con dos más pudo ante el Eibar el Real Zaragoza. Un equipo plano, sin ideas, que apenas disparó tres veces a puerta siendo dos más sobre el terreno de juego. De nada vale el punto en estas circunstancias para un equipo que, al menos de momento, no aspira más que a la permanencia.

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