Grau regatea en la Romareda
El Real Zaragoza encadena dos partidos sin ver puerta. Foto: Real Zaragoza

Si a un aficionado le llegan a decir a las 21.00 horas de este lunes que empataría el Real Zaragoza en La Romareda no pondría buena cara, pero sabría valorar un punto ante el Eibar. Pero después de 90 minutos en el Municipal, con ocho de añadido en cada parte y jugando más de la mitad en superioridad, la hinchada blanquilla se fue a casa con sabor a derrota. El VAR y la falta de gol fueron los protagonistas del 0-0 en un estadio que terminó pitando al equipo.

El “trabajo” de Ocón Arráiz desde la sala de videoarbitraje y de Trujillo Suárez sobre el césped fue habitualmente al revés de lo que sucedía en el terreno de juego. Llamó revisar una agresión de Venancio a Vada antes de sacar una falta, de esas que se ven claras cuando son a favor y jamás cuando toca sufrirla. En cualquier caso, el Real Zaragoza tendría que aprovecharlo por ser una inmensa ventaja.

No contento con ello, decidió ejecutar su intervención estelar: el gol anulado a Sergio Bermejo. Tras un recorte, el mediapunta rozó la cara de Arbilla, y Trujillo Suárez, que en ese momento estaba a escasos tres metros de la jugada, no vio nada punible. Sin embargo, la sala de vídeo quería volver a ser protagonista, y decidió que el roce era motivo suficiente para anular el gol. Sí, es una deducción sencilla que, sin la primera expulsión, nunca se hubiese anulado este tanto.

EL GOL SE RESISTE

Lo realmente grave fue la incapacidad del Real Zaragoza para meter un gol. Y eso que los blanquillos fueron mejores que el Eibar durante buena parte de la primera mitad, con un juego reconocible y directo. Pero qué poco útil es jugar bien si no hay capacidad de hacer sufrir mínimamente a un equipo que juega con nueve. Ni siquiera terminar el choque con cinco hombres de ataque -Simeone, Larrazábal, Puche, Gueye y Mollejo- sirvió para inquietar a Yoel.

Simeone peleó sin éxito, Larrazábal ocupó el sitio de lateral derecho, Puche no tuvo tiempo casi ni de tocar el balón y Gueye y Mollejo no están. Estos son los dos casos más preocupantes debido a las expectativas generadas. El cedido por el Atlético de Madrid había mostrado un alto nivel en Tenerife, jugando 43 partidos, algo que aquí no se le ha visto de momento. Y el de Gueye es el más grave. El delantero senegalés sigue adaptándose y, aunque se espera que lo logre, todavía no ha habido éxito.

Es momento de lograr una victoria contra el Real Oviedo, equipo en caída libre desde hace varias jornadas que visita La Romareda este domingo. Es el mejor momento para medirse a un conjunto asturiano que apenas ha sumado tres puntos de los últimos 15 disputados. Se han dejado pasar demasiadas ocasiones para sacar la cabeza de la zona baja y hay que rehacerse cuanto antes.

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