Azón marca ante el Real Oviedo
Un gol de Azón sirvió para empatar ante el Real Oviedo. Foto: Real Zaragoza

El Real Zaragoza ha tenido nueve jornadas para disipar dudas y convencer, algo que puede suceder en cierta medida sin resultados positivos, pero no ha sido así. La llegada de Juan Carlos Carcedo al banquillo de la mano del director general, Raúl Sanllehí, fue aceptada, pero nueve partidos después, La Romareda ha dictado sentencia. El zaragocismo no quiere al míster y no por los resultados, al menos no solo por eso. Sino por un planteamiento difuso y conformista, muy lejano a la ambición prometida en el nuevo proyecto.

Corría el minuto 69 del 1-1 ante el Real Oviedo cuando la sorpresa y la incredulidad se reflejó en una afición que respondió con una importante orquesta de viento. Iván Azón, delantero centro, dejaba su sitio a Puche en una operación incomprensible si realmente se quería ganar. Los pitos dieron paso al primer “Carcedo, vete ya” de la tarde de fiestas, pero no sería el único. La entrada de Zapater por el mediapunta Vada, en otro gesto que se interpretó -quizá con acierto- como un deseo de amarrar el empate, dio continuidad al canto. “Carcedo, vete ya” sonó con claridad.

Lo cierto es que la pitada al terminar el partido fue gorda, igual que seis días antes, cuando no generaron peligro a un Eibar con nueve. Y no lo hicieron porque no atacaron con orden ni determinación; sin juego y colgando balones al área. Ante el Real Oviedo, La Romareda dejó muy clara su concepción de un entrenador que se la juega en Santander, pero pocas veces se ha vivido una reconciliación tras pedir su marcha a coro.

LA MALA CONCEPCIÓN DE CARCEDO

A Juan Carlos Carcedo le está jugando una mala pasada una concepción del fútbol que no vale en La Romareda. A lo mejor con el Ibiza había que amarrar un empate ante el Real Oviedo, pero no en el Municipal. Con los ibicencos se podía permitir preparar los duelos en función del rival, pero no puede hacerlo con los maños cuando se recibe al Lugo. O a quien sea. El Real Zaragoza tiene que jugar a algo propio, tiene que convencer sobre el verde, y en otras circunstancias ha sucedido con idénticos resultados.

Basta con mirar a Juan Ignacio Martínez hace una temporada. El equipo jugaba, el Real Zaragoza encadenó una infinidad de empates, pero muchos pudieron terminar en victoria. Y aunque el cuadro maño terminó décimo, nunca se pidió la cabeza del míster. Lo mismo sucedió con Natxo González. El equipo proponía, jugaba y merecía ganar. Los frutos llegaron con un tercer puesto que de nada sirvió, porque el Numancia acabó con el sueño del ascenso.

En definitiva, ese fichaje que, como explicó Raúl Sanllehí, se convirtió en la primera apuesta del proyecto, está en tela de juicio. Incluso, La Romareda ha dictado su particular sentencia, con la inmensa dificultad de que un entrenador se reconcilie con la gente en la capital aragonesa. Carcedo se la juega ante el Racing de Santander y, si no quiere volver a una Romareda caldeada, debe traer consigo tres puntos.

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