Simeone contra el Diocesano
Los blanquillos no pudieron ni perforar la meta del Diocesano. Foto: Real Zaragoza

La mañana del domingo ha dejado un auténtico desastre en el estreno de Fran Escribá al frente del Real Zaragoza. En la primera ronda de Copa del Rey, el Diocesano, ubicado en Segunda RFEF y en puestos de descenso, lograba vencer por 1-0 a los blanquillos para sonrojo de todo el zaragocismo. El cuadro aragonés no pudo en ningún momento poner en aprietos serios al conjunto extremeño, algo muy esclarecedor de lo que es en este momento el histórico maño. Del rey de copas que fue, solo queda actualmente el recuerdo.

Afrontaba el Real Zaragoza el primer partido de Fran Escribá con un 4-4-2 inédito con Carcedo. Ratón en portería y la primera línea de cuatro compuesta por Fran Gámez, Francés, Jair y Gabi Fuentes. En el doble pivote, Zapater cumplía su partido 400 acompañado por Jaume Grau. Las bandas eran para Mollejo y Eugeni. Arriba, Gueye formaba junto a Simeone para pelear contra la ilusión del Diocesano.

Primeros minutos sin dueño claro, mala señal para el conjunto maño. Una internada de Gueye y un centro de Gámez que atrapaba Cordero sin problemas era lo más destacado en los primeros 15 minutos de juego. Y hasta el 25, un disparo de lejos tras un fallo de Francés y una intervención de Cordero en una ocasión que podría calificarse de clara para Mollejo. Poco más.

Pero la cosa cambiaría de cara. Corría el minuto 28 cuando el Real Zaragoza metía la pata hasta el fondo. Centro lateral del Diocesano que repelía muy mal Fran Gámez y dejaba muerta. En esta tesitura tenía que salir Álvaro Ratón y arrollaba al delantero para provocar la pena máxima que, ya en el 29, transformaría David Sales. 1-0 en tierras extremeñas y se ponía muy cuesta arriba el choque.

Qué mala pinta tenía al filo del descanso un golpe de Mollejo que finalmente quedaría en un susto. El atacante, en una pelea por un balón, recibía un tremendo pisotón a la altura del tobillo que podía haberle dejado gravemente lesionado. Eso sí, parecía que había sido totalmente involuntario. No hubo tiempo para ningún ataque serio mayor y, con ese sonrojante resultado, se marchaba el Real Zaragoza al descanso.

SEGUNDA MITAD DE QUIERO Y NO PUEDO

Vada y Bermejo entraban en el once en la segunda mitad en detrimento de unos desaparecidos Eugeni y Gueye. Apenas habían pasado tres minutos de la segunda mitad cuando Gámez ponía un peligroso centro que se le escapaba a Cordero y se marchaba a córner. Ya en el 53, Mollejo remataba con todo a favor, pero el arquero lo blocaba sin problemas.

Diez más tarde, en una jugada entre Mollejo y Gámez por banda derecha crearon un barullo que no encontró rematador. Bermejo también comenzaba a crear peligro y parecía posible alcanzar próximamente el empate. En esta tesitura, Francho y Larra ocupaban el sitio de Grau y Fran Gámez. Seguía intentándolo el cuadro de Escribá y, esta vez, Alejandro Francés no encontraba portería con un remate en el 71. El canterano tuvo la segunda en el 76, pero el centro de Zapater pasó rozando su cabeza sin conectar.

Puche, en el minuto 77, constituía el último cambio blanquillo al ocupar el puesto de Mollejo y así se llegaba al minuto 80. El 1-0 seguía mandando en el electrónico a falta de diez minutos para el final. Era Simeone quien probaba a Cordero allá por el 85, pero Cordero atrapaba y desbarataba así una nueva ocasión blanquilla. Pero ya no se vería nada de nada. Balones colgados al área sin éxito, con poco tino y causando la desesperación en el zaragocismo.

Así se llegaba al final del partido, con un Real Zaragoza que era el mejor ejemplo de ser un quiero y no puedo. Ninguno de sus jugadores dio la talla en el terreno de juego y, además, Ratón terminó expulsado por protestar. Poco se puede quejar nadie del Real Zaragoza tras pasar 90 minutos sin marcar un solo gol a un equipo de Segunda RFEF. Lo mejor del partido es que el equipo de Escribá solo tiene ya que centrarse en la competición regular.

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