Los jugadores del Real Zaragoza celebran un gol
Los maños se quedaron a un suspiro de sumar tres puntos. Foto: Real Zaragoza

Cuando parecía que, después de un mes, el Real Zaragoza lograría sumar tres puntos de oro ante un candidato al ascenso directo, todo se fue al traste. Los de Fran Escribá lograron anotar el 1-2 gracias a un tanto en propia de Miguel Atienza, pero apenas habían pasado dos minutos cuando llegó el empate en el 92. Triste final para un equipo maño que había dejado encarrilada la victoria pero que padece un importante miedo a ganar.

Lo mostró desde el principio. Giuliano y Mollejo, muy activos todo el encuentro, no fueron capaces de finalizar correctamente. Tuvieron numerosas para tomar ventaja en la primera parte, aunque no fue hasta el 55 cuando Jair se adelantó en el marcador. Pero 10 minutos después de hacerlo, el Real Zaragoza mostró la primera muestra del día de su padecimiento. Fue Gaspar Campos quien lograría la igualada y dejaría todo como al principio.

El Real Zaragoza, en una buena señal, demostró que no iba a darse por satisfecho con el empate y que iba a ir a por la victoria. A pesar de que el Burgos era el cuadro más sólido atrás de la categoría, los maños querían el 1-2. Y llegó. Tras un muy buen centro de Fran Gámez, Atienza se marcaría en propia. Sin embargo, nuevamente florecería ese mal tan doloroso para el aficionado, el del medio a ganar. Curro Sánchez aprovecharía un gran pase filtrado para elevar la bola por encima de Ratón y hacer el 2-2 definitivo.

No hubo forma de ganar a pesar de ponerse dos veces por delante. El empate a dos, a priori, era un resultado casi aceptable, a pesar de que había que comenzar a ganar, pero tras la visto en Burgos no vale. Era la oportunidad, el momento de dar un golpe encima de la mesa y demostrar que el Real Zaragoza tiene otra cara. Hubiese sido un chute de moral enorme, clave para avanzar en un camino que ahora solo tiene como objetivo la permanencia.

LEVANTARSE ANTE EL IBIZA

Ante un rival directo como es el Ibiza hay que levantarse. Si el empate no podía calificarse como bueno en Burgos, en casa ante el actual colista la victoria no es negociable. Hay que vencer sí o sí. Y en el Real Zaragoza solo hace falta quitarse de encima la pesada losa del miedo a ganar, la que lastró al equipo este domingo. Es el momento de levantarse y de ser conscientes de que hay que sumar más puntos para garantizar una temporada tranquila.

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