Francho celebra el gol ante el Huesca
Los maños se llevaron por delante a un Huesca inofensivo. Foto: Real Zaragoza

El zaragocismo está feliz. Fue él quien llevó en volandas a un Real Zaragoza que vapuleó y dejó por los suelos a un Huesca que en ningún momento soñó ni con puntuar. Francho, Giuliano y Vada, este de penalti, fueron quienes plasmaron esa goleada por 3-0. Eso sí, antes del choque, con un recibimiento masivo, la inició la hinchada. Los oscenses se desenganchan del playoff y los maños logran la tranquilidad de alejarse del descenso.

Novedades importantes en la portería zaragocista. Debutaba Rebollo con el cuadro maño, protegido por una línea de cuatro compuesta por Fran Gámez, Francés, Jair y Gabi Fuentes. Zapater y Francho ocupaban el doble pivote, mientras que las bandas eran para Bermejo y Vada. Arriba, Giuliano y Mollejo. En el Huesca, Andrés custodiaba la portería y contaba con otra línea de cuatro para él, con Jorge y Rubén Pulido en el eje de la zaga y bandas para Ratiu y Florian Miguel. Kento y Timor se hacían con el centro del campo y Gerard Valentín y Vilarrasa de interiores. En punta, Carrillo y Escriche.

Ideal forma de comenzar el partido para el Real Zaragoza. Un rechace malísimo de la defensa oscense dejaba el balón muerto para Francho que, desde la frontal del área, disparaba al fondo de la red en el minuto 3. Ese gol, el 1-0, materializado por el canterano, lo había marcado una afición entregada a la causa. Ya en el 8, una falta peligrosísima provocada por Zapa daba la oportunidad a unos visitantes que desaprovechaban la oportunidad.

Tuvo Mollejo el 2-0 tras un maravilloso pase de Gabi Fuentes que dejaba solo al maño ante Andrés y este enviaba a córner. Pero tranquilidad, zaragocistas, que llegaría a continuación. Jugada ensayada, de pizarra, de esas que cuando salen, siempre son gol. Centro al primer palo que tocaba Francho, peinaba Zapater y golpeaba Giuliano para el 2-0. Y en la siguiente jugada, tangana que costaba la amarilla para Jair y Carrillo.

Después de su incomparecencia inicial, el Huesca despertaba y Escriche remataba un balón de cabeza que a punto estuvo de colarse en la portería de Rebollo. Comenzaban a llegar los de Ziganda; mientras, los de Escribá se defendían por medio del arquero de un gol olímpico de Vilarrasa, que volvería a probar en el 40. Ahora bien, también tuvieron Vada y Simeone el tercero en un mano a mano y unos rechaces. Y en un pase de la muerte, y en un saque de esquina rematado por Mollejo… Más cerca estuvo el 3-0 que el 2-1, pero ocasiones hubo. Y así, descanso.

SEGUNDA PARTE DE DISFRUTE

El zaragocismo quería disfrutar en el segundo asalto, mientras que el Huesca buscaba la desesperada. Timor y Vilarrasa dejaban hueco a Joaquín y Cristian Salvador en los primeros movimientos de Ziganda. Parecía que también habría movimiento en el trío arbitral, porque Arcediano Monescillo tenía que ser atendido en la banda. Lo intentó heroicamente, pero Pérez Peraza tenía que sustituirle.

Lo mejor para los maños es que, literalmente, no pasó nada hasta el minuto 75. Lo que había sufrido en sus carnes con equipos como Lugo o Alcorcón, lo supo hacer a la perfección ante el Huesca. Tranquilamente, entre la lesión del árbitro y otras del Real Zaragoza – cambio de Simeone por Puche incluido – pudo plantarse en la recta final con menos de 10 minutos de juego efectivo. En el 79, Mollejo anotó el tercero, pero había fuera de juego y la acción quedó invalidada.

Sin embargo, el Municipal no se quedaría con las ganas de celebrar porque llegó de penalti y tras revisión del VAR, con Vada como protagonista. 3-0 y felicidad absoluta en La Romareda. Dominio, control y varios nombres a resaltar en el Real Zaragoza, empezando por la portería. Rebollo no tembló en ningún momento, siendo un auténtico guardián de la meta. Francés volvió a ser el de siempre; Francho se reivindicó, como Mollejo, y Simeone mostró su garra, su entrega y su pundonor. Mención merece también el capitán, Alberto Zapater.

Visto para sentencia el choque. El Real Zaragoza se aprovechó perfectamente de un Huesca que quedó en todo momento a merced de los maños. Los blanquillos se gustaron ante los altoaragoneses, que en ningún momento vieron opciones de puntuar en una Romareda que llevó en volandas a los suyos. La afición, como siempre, fue la mejor de un equipo que solo tuvo que plasmar en el terreno de juego el aliento de la mejor hinchada de Segunda División.

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