Afición desplazada a Villarreal
El aliento zaragocista se dejó sentir en todo momento. Foto: Real Zaragoza

Comenzaba el partido en La Cerámica y solo se oía un clamor: el de la afición del Real Zaragoza. Más de 700 almas se dieron cita en el estadio de Villarreal, tomando por completo el duelo. El himno se escuchó antes de comenzar, el apoyo incondicional se dejó sentir en cada momento. También, la merecida pitada y los abucheos justificadísimos que sirvieron para espabilar al cuadro de Fran Escribá en la segunda mitad del partido. Y de ahí nació la remontada y la victoria que terminaría en palpable alegría descontrolada.

Esa afición desplazada que iba a hacerse cerca de seis horas de viaje para ver a su equipo fue clave. Como bien explicaba Fran Escribá al término del encuentro, el Real Zaragoza tenía, como mínimo, que evitar la decepción de esas 700 almas. “La afición ha ayudado a la remontada. Entiendo el enfado, aunque no comparta algunos gritos, pero nos han venido bien. Debíamos pensar en la gente. Aunque perdiéramos, que muriéramos en el intento. Con la ciudad que tenemos, somos más fuertes”, valoraba el míster.

Lo cierto es que el aficionado que acompañó al equipo pasó por fases de todo tipo. La ilusión de antes del partido, esa cosquilleo al entrar y una decepción al descanso que parecía que duraría hasta el día siguiente con el 2-0. Pero también volvería la ilusión, la alegría de la igualada y el estallido de felicidad culminando una remontada en el descuento. Sí, ellos la comenzaron y Mollejo, con Azón y la defensa local como cooperadores necesarios, la materializaron.

El zaragocismo ha demostrado que está vivo a pesar de una nueva temporada donde el equipo no ha logrado acercarse a los puestos altos. Es más, probablemente, vencer al Villarreal B haya sido el acontecimiento más celebrado. Pero esa hinchada quiere ganar, está deseando animar con fuerza y acompañar a un equipo que deja claro cómo tiene que jugar al fútbol: como en la segunda parte en el estadio de La Cerámica.

LO MÁS VISTO