Celebración de gol
Los maños fueron superiores a su rival. Foto: LaLiga Smartbank

Victoria más que justa del Real Zaragoza ante el Cartagena, imponiéndose por 2-0 gracias a sus alas, a Bebé y a Bermejo, y también al trabajo defensivo del equipo. Los maños sellan así su permanencia, que era más que virtual, de forma matemática y mantienen el idilio de los últimos tiempos en el Estadio Municipal de La Romareda.

Sorprendía Escribá con la alineación, agitando el avispero dando entrada a Francés por Lluís López, con Larra en el lateral derecho en detrimento de Gámez. También Vada por el centro junto a Azón, dejando a Bermejo libertad para diagonales desde la derecha. El Cartagena demostró desde el inicio que quería ir a por los tres puntos, sin guardarse nada y apostando por vivir en campo contrario, presionando arriba en salida de balón. Lo que dificultaba al Real Zaragoza la salida de balón desde atrás.

Era por la banda de Larra por donde intentaban estirarse los de Escribá, pero también por donde el Cartagena trataba de hincar colmillo en su duelo con Franchu. Eso sí, cero profundidad por parte de Real Zaragoza y también del rival, sin poner en apuros ni a Cristian ni a Escandell. Demasiado poco esférico para Grau ni Francho, por lo que existían dificultades para que Bebé y Bermejo conectaran con el choque. Pero una de las primeras que el “10” enganchaba por dentro con Vada y Azón, llegaría el peligro.

El disparo de Azón, tras una dejada impresionante de tacón de Vada, se marcharía a córner. Y ahí tomaría los mandos Bebé. Con un guante puesto en su bota derecha, lanzamiento potente, con rosca, al corazón del área pequeña que desviaba con la cabeza Darío para hacer el 1-0 maño. Él no quería. Bermejo seguiría a lo suyo, una vez destapado el tarro de las esencias. Tras una gran jugada individual, pelota perfecta para Vada al punto de penalti, pero el argentino no conectaba bien con su disparo perdonando el segundo cerca de la media hora de juego.

Volvió el choque a un ritmo más bajo, de imprecisiones. Cartagena, excesivamente vertical y topándose con Francés y Jair bien situados en cada momento. El Real Zaragoza, con más sensación de peligro cuando lograba robar y salir en estampida. También con una versión muy mejorada de Vada respecto a otros días. Así se llegaba al descanso, sin excesivas cosas que contar, pero con el partido controlado por parte de los blanquillos.

SEGUNDA PARTE

Era Bebé el primero en poner el peligro, en el 48, tras otro lanzamiento a balón parado donde estaba en modo mago. Otra cabalgada del caboverdiano, haciendo un descosido por su banda, llegaba a Nieto, quien probaba un disparo muy fuerte que la zaga del Cartagena despejaba a córner con más que apuros. Un Nieto que en el 53 era objeto de polémica, tras derribar a Franchu dentro del área. Le avisaban a García Verdura desde el VAR, y tenía varias cosas que observar. Sobre todo porque antes Poveda había golpeado con la mano a Francho en la cara, lo que evitaba la jugada posterior, que pintaba a pena máxima. Es decir, sigan.

Eso sí, el parón hizo que Cartagena adelantara líneas y el Real Zaragoza se acostara más buscando la contra, aunque Azón no estaba fino en el último tramo. Los visitantes ponían chicha en el asador con Ortuño, viejo conocido zaragocista, y Sadiku, otro de los máximos realizadores del equipo. Sumados a Ureña, desequilibrio puro. La alegría llegaría con el regreso meses después de Víctor Mollejo, quien sustituía a en el 68 a Vada.

Todo estaba pendiendo de un hilo, con los visitantes ya volcados con todo lo ofensivo disponible sobre el césped, aunque sin hacer temer por la imbatibilidad de Cristian. De las pocas veces que asomó el Real Zaragoza en la segunda parte fue cuando Bermejo, desconocido en la segunda mitad, dibujó una vertical para cederle a Bebé el balón a la frontal, pero se le marchó alto el disparo. Y con Larra lesionado, en otro momento de reapariciones, Vigaray al campo en el 78. Poco después, Puche por Azón, desafortunado y exhausto.

El balance de los de Carrión en defensa ya no podía ser el mismo, por la carencia de efectivos, pero los maños no andaban finos a la hora de poder sentenciarlo. Ni siquiera Bebé, en un mano a mano con Aarón tras una asistencia exquisita de Vigaray, quien regresaba con brillo. Estaba tieso el internacional y dejaría su sitio a Alberto Zapater.

El que se erigió como el gran baluarte en la recta final fue Jair Amador. Pero no el único. Jugada endiablada de Sergio Bermejo en la frontal del área, siendo derribado dentro del área. Penalti claro en el 94. Él mismo se encargaría de lanzarlo y no de cualquier forma: por toda la escuadra, con la calidad que atesora, para poner el definitivo y justo 2-0.

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