Los jugadores del Real Zaragoza celebran el gol
El duelo terminó en 1-1. Foto: Laura Trives

No pudo llevarse el Real Zaragoza la victoria ante el Tenerife en un partido donde únicamente importaba una persona: Alberto Zapater. El capitán, como siempre, peleo y mostró su zaragocismo por los cuatro costados. También se marchó con una ovación de gala y el cariño de todos. Sobre el césped, Mollejo adelantó a los blanquillos y Duda hizo el 1-1 final.

Zapater y diez más era el resumen del once que planteaba Fran Escribá para el Real Zaragoza – Tenerife. Cristian en portería; línea de cuatro para Larra, Lluís López, Jair y Nieto; mientras que Francho acompañaría al eterno capitán. Vada y Bebé se ubicaban en las bandas, mientras que Mollejo e Iván Azón serían la referencia ofensiva del cuadro zaragocista. Borja Garcés o Mo Dauda serían los más peligrosos del Tenerife.

Tras el mosaico, el “Zapater, te quiero” y la ovación más que merecida. Comenzaba lo de menos, el ruedo de la pelota. Más acción había por parte de los blanquillos, que querían dar una despedida digna a su capitán sobre el verde. Favorecía que los tinerfeños saltaban al terreno de juego casi de vacaciones en una cita señalada para el zaragocismo. Eso sí, tampoco había que dormirse en los laureles, como bien demostraba una presión de Mo Dauda que, tras despiste defensivo, casi remata un cuero que se paseaba por el área.

El centro de Larra que remató Azón se convertía en la más peligrosa y probaba a Soriano, que casi ve cómo se cuela el esférico al botar el córner. Bebé probaba de lejos, nuevamente con el arquero llevando a saque de esquina; y Vada lo intentaría por tercera vez antes del 20. El clamor y el aplauso tan merecido como emotivo llegó a continuación, en el 21; y la pitada a un colegiado que, como suele pasar, era flojo flojo. Amarilla a Zapater por una falta en campo del Tenerife, cuando acababa de terminar la ovación y unas ganas de protagonismo absurdas.

Un remate de Mollejo a un balón muerto que despejaba la zaga visitante y un remate malo del querido 21 dejaban encarrilado el primer asalto al resultado gafas. Así sucedía y el soso partido del homenaje llegaba al final de los primeros 45 minutos.

SEGUNDA PARTE CON GOLES

Un ridículo de Soriano llevó a Mollejo a inaugurar el marcador sin querer. El arquero dio un pase que pegó en la bota del delantero en una presión y 1-0. Disparo de Azón al palo y un par de malas definiciones del 9 impedían aumentar esa pequeña ventaja. Zapa lo intentó alguna vez, pero sin éxito, y se quedaba con la rabia de no incrementar su cuenta particular.

Todo lo contrario sucedería en el Municipal, con un Mo Dauda que, con la defensa dormida, controlaba perfectamente un balón para lanzar un zambombazo y hacer las tablas en el electrónico. Lo mejor, sin duda, la ovación al eterno capitán. Porque aquí moría un partido que fue lo de menos; y lo que más, el adiós a Zapater, un capitán eterno que siempre será parte del escudo zaragocista.

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