Calles de Uncastillo. Foto: Ayto. Uncastillo

Aunque se trata de una lista que podría extenderse ampliamente, es también un buen aliciente para saber por dónde empezar. De vez en cuando y más ahora, con el puente del 5 de marzo a la vuelta de la esquina, conviene recordar que en Aragón están varios de los pueblos más bonitos de nuestro país y que el turismo rural nos conviene y nos necesita.

Desde Valderrobres, Calaceite, Rubielos de Mora o la inconfundible y medieval villa de Albarracín, en Teruel; pasando por Roda de Isábena, Aínsa, Ansó y la vertiginosa pero obligatoria ruta de las pasarelas de Alquézar, en la provincia de Huesca; hasta Nuévalos, Urriés, el embalse de Mequinenza y la Fuendetodos natal del mismísimo Goya, sin necesidad de salir de la capital. No hace falta irnos lejos: nuestra comunidad está plagada de localidades por descubrir y de historia, secretos y rincones por explorar.

Si, lejos del bullicio característico de parques y comidas, este año te apetece festejar el día del pueblo zaragozano de una forma diferente y libre de focos covid, ir a pasar el día a una de estas localidades -o a varias, ya que todas se encuentran a muy corta distancia del resto y a menos de dos horas en coche desde la capital aragonesa- es seguramente tu mejor alternativa para disfrutar de esta Cincomarzada. Una festividad que vuelve a la carga tras dos años de descanso pandémico y que, por Zaragoza, merece la pena volver celebrar.

Sos del Rey Católico

Pertenece a la lista oficial de los Pueblos Más Bonitos de España y fue declarado conjunto histórico artístico en 1968, y es que sus casas de piedra, sus ventanas góticas y renacentistas, sus fachadas con sillares y escudos y sus calles empedradas conquistan por igual a todos sus visitantes. El conjunto del recinto amurallado de Sos del Rey Católico se encuentra en la comarca zaragozana de las Cinco Villas, muy cerca de la Comunidad de Navarra.

Edificio de Sos del Rey Católico

Su nombre guarda relación con su intensa historia, marcada por el nacimiento del rey Fernando El Católico en 1452 en la casa de la familia Sada. Su castillo se asienta sobre la peña Feliciana, en el promontorio más alto del pueblo, mientras que, paradójicamente, en el más bajo se halla el Barrio Alto, que albergó en la antigüedad la judería medieval. Además de la Torre del Homenaje de este castillo; la Lonja Medieval, la Iglesia de San Esteban y el Palacio de Sada son, entre otras, visitas obligatorias.

Las maravillas de este pueblo aragonés han viajado incluso al mundo del cine de la mano de Luis García Berlanga, quien rodó en Sos la mayor parte de su largometraje ‘La vaquilla’, en 1984. En homenaje, unas esculturas en forma de sillas de director de cine recuerdan al cineasta valenciano, cuyo centenario de nacimiento se celebró el pasado 2021.

Aunque se hayan encontrado en el municipio vestigios de las épocas prehistórica y romana, el emplazamiento actual de la villa corresponde al siglo X, periodo de reconquista, y con el tiempo se convirtió en un lugar estratégico entre los reinos de Aragón y Navarra. De los siete portales de acceso conservados el principal es el de Zaragoza, que lleva, a través de la calle mayor Fernando el Católico ll, hasta la Plaza de la Villa de Sos, donde se encuentra el Ayuntamiento. Rodear el pueblo por el exterior es una buena manera de contemplar su sorprendente muralla medieval.

En la oferta hotelera de Sos del Rey Católico destacan el Parador, la Casa del Infanzón y la Ruta del Tiempo, aunque en un solo día hay tiempo suficiente para disfrutar de las laberínticas calles de este pueblo medieval con encanto que bien podría haber sido sacado de un cuento.

Anento

Junto a Sos, completa la lista oficial de los reconocidos oficialmente como pueblos dignos de conocer en España por la obviedad de su belleza. El popular Paseo del Aguallueve, que lleva a sus caminantes por los alrededores de Anento, es disfrutado cada año por miles de turistas.

Este sendero circular transporta hasta las ruinas del antiguo castillo medieval, el torreón celtíbero de San Cristóbal y el retablo de Blasco de Grañén, pasando por el singular manantial del Aguallueve. Se trata de una pequeña cortina de la que brota agua en forma de gotas y que crea un espectacular relieve con paredes de piedra toba y musgo y pequeñas grutas escondidas en su interior. Su valle, rebosante de naturaleza, puede recorrerse a través de sendas rodeadas de pinos, chopos, zarzamoras y animales autóctonos, como el mirlo, el cuco y el corzo.

Calles de Anento

Anento está situado en el Campo de Daroca y es uno de los municipios zaragozanos con el censo más pequeño. Según datos del INE, el pueblo contaba en enero de 2021 con tan solo 91 habitantes, por lo que el turismo rural es su fuente indispensable de supervivencia.

Entre sus riquezas destaca el retablo gótico más grande de Aragón: el de Grañén, situado en la Iglesia de San Blas. El castillo de Anento, datado desde 1357 y considerado Bien de Interés Cultural, ocupa un tozal de tierra rojiza en un bello paraje de pinares. Aunque de origen musulmán, destaca su importancia tras la Reconquista, dada su posición fronteriza con Castilla. No se conserva en su totalidad, pero las últimas restauraciones llevadas a cabo han permitido recuperar gran parte de su aspecto original para que los que visiten el pueblo puedan comprender su valor. La ermita de Santa Bárbara forma también parte de las maravillas de esta villa de la que uno no puede marcharse sin haber quedado encandilado por sus encantos.

Además, si pasas por esta comarca no puedes dejar de visitar la laguna de Gallocanta o la ciudad amurallada de los Corporales, Daroca, donde se encuentra la popular Pastelería Manuel Segura y su Museo, una muestra más de la rica tradición gastronómica y cultural que atesora este territorio que, de hecho, es nombrado en el Cantar del Mío Cid.

Belchite

Un grafiti difícil de olvidar recibe a todo el que se atreve a pisarlo. “Pueblo Viejo de Belchite ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres”. Les recuerda así que ese pueblo, que hoy solo puede visitarse con la compañía de un guía turístico por peligro de derrumbes, ya no es lo que fue aunque sus ruinas conserven todavía la grandeza del pasado. La Batalla de Belchite fue una de las más cruentas de la Guerra Civil Española y dejó una huella imborrable en este pueblo que no ha podido olvidar y que tuvo reconstruirse y empezar de cero.

Iglesia de San Martín de Tours de Belchite

En el Pueblo Viejo de Belchite nada deja indiferente a nadie. La torre de la Iglesia de San Martín de Tours procede del siglo XV y sus tres cuerpos tienen decoración mudéjar. Lo mismo ocurre con la torre del Reloj, otro de los monumentos mudéjares que se conservan, o con los arcos de la Villa y de San Roque. Un paisaje arruinado envuelto en leyendas que ha sido escenario de películas como El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro.

Este viaje al horror, tan nostálgico como necesario, puede realizarse a solo 50 kilómetros de Zaragoza. Una buena opción también como última visita del día, pues en este paradero se organizan visitas guiadas nocturnas en las que se narran las leyendas más oscuras de este pueblo fantasma en el que muchos aseguran que cada noche se escuchan cacofonías y gritos, seguramente procedentes de aquellos que perdieron la vida en la guerra.

Situado en una de las zonas más áridas de Aragón, el Belchite nuevo, construido en el siglo XX, cuenta con las calles anchas y amplias plazas características de esa época, como la de España, la sede del Ayuntamiento y la Iglesia. El Museo Etnológico y el Centro de Interpretación de las Estepas del Valle del Ebro son dos de sus paradas culturales que merecen más la pena.

Además, a solo quince minutos en coche desde Belchite se encuentra Fuendetodos, un lugar en el que es posible desde entrar en la Casa Natal de Goya y admirar el Museo del Grabado del artista hasta pasear por un bunker de la Guerra Civil.

Uncastillo

Coronada por la fortaleza que le dio origen, esta localidad cincovillense y sus laberínticas calles rezuman sabor medieval por cada rincón. Su valioso patrimonio histórico y artístico, dominado por sus iglesias románicas, da buena muestra de lo importante que esta villa fue en un pasado al que no es difícil viajar en cuanto se pone un pie en Uncastillo.

Torre de la iglesia de Uncastillo. Foto: Ayto. Uncastillo

Las de San Martín, Santa María, San Juan, San Lorenzo y San Felices: todas sus iglesias coinciden en su estructura de nave única y un ábside extremadamente articulado, aunque ninguna consigue brillar al nivel del rey por antonomasia de este pueblo. No es otro que su castillo, construido entre los siglos XI y XIII y cuyos restos se asientan en lo alto de la Peña Ayllón, un lugar que, desde la última planta de la torre, permite disfrutar de una espectacular panorámica a sus visitantes. En su torre del homenaje, un museo invita a conocer la evolución histórica de esta fortaleza y la torre de vigía alberga parte de un palacete gótico del siglo XIV.

El paseo de esta fortaleza medieval da la bienvenida al que se adentra en Uncastillo y le anima a perderse por las calles de su judería, admirar la belleza de su caserío y presumir de haber visto sus residencias palaciegas, como la renacentista Casa Consistorial, el palacio de Martín el Humano y la Lonja.

No muy lejos de este pueblo zaragozano se encuentran unos de los más notables yacimientos arqueológicos romanos de Aragón, Los Bañales, un lugar perfecto para practicar algo de deporte esta Cincomarzada, y es que puede recorrerse a través de diferentes rutas, ya sea a pie o en bicicleta.

Grisel

En la comarca de Tarazona y el Moncayo hay muchos tesoros por descubrir. Ya lo deja claro la propia ciudad turiasonense, una de las más bonitas y monumentales de Aragón y cuna de varias caras conocidas de la cultura, algunas de la talla de Paco Martínez Soria o Raquel Meller.

El pozo de los Aines en Grisel

A menos de cinco kilómetros de Tarazona se encuentran Grisel y su imponente castillo, construido entre los siglos XIV y XV, uno de los mejor conservados de esa época y en el que incluso es posible hospedarse. Junto a el se alza la Iglesia renacentista de Nuestra Señora de la Asunción.

El Pozo de los Aines, una gran sima de 30 metros de profundidad situada en medio de un campo de olivos, es uno de esos sitios que consiguen sobrecoger a cualquier turista, no solo por el atractivo de su exuberante vegetación, sino también por sus peculiaridades, como su microclima de diez grados de media, o las leyendas que lo envuelven.

Y para terminar un día festivo tan especial, un plan idóneo es contemplar las vistas del Moncayo desde el monte de La Diezma, donde está uno de los miradores más especiales de Aragón.