Los bares a puertas cerradas se pusieron de moda en Nueva York en la época de los años 20 | Fotos: Calling Room

Su ubicación es un verdadero misterio y solo podrán conocerla aquellos que efectúen una reserva, sigan las enigmáticas instrucciones al pie de la letra y lleguen hasta un misterioso lugar en el que alguien les pedirá la contraseña. Si la descifran, esta persona se encargará de gestionar su traslado hasta Calling Room, donde se les entregará una pulsera y podrán descubrir todos los entresijos del primer bar clandestino de Zaragoza.

Una vez dentro el jazz invade la sala y te teletransporta a cualquier capítulo de los Peaky Blinders, como si en vez de en un bar de Zaragoza acabases de llegar al mismísimo pub Garrison de Birmingham regentado por la familia Shelby. Y es que este pub clandestino de luces bajas y ambiente tranquilo que abrió en octubre de 2021 está inspirado precisamente en aquella época de los años 20 en la que nació el concepto que le da forma.

No es otro que el de los llamados ‘speakeasy’ que nacieron en la ciudad de Nueva York, exclusivos bares a puertas cerradas a los que la sociedad acudía cuando regía la Ley Seca. Esta polémica medida prohibió la elaboración y la venta de bebidas alcohólicas durante las primeras décadas del siglo XX pero no impidió que proliferaran los bares ilegales que invitaban a desafiar a cualquier autoridad bajo la única norma de la discreción. La entrada no era restrictiva o discriminatoria: solo se trataba de jugar.

Y ahora en Calling Room es posible volver a disfrutar de ese juego, tal como explica a sus visitas Roland López, que se encuentra detrás del proyecto y también detrás de la barra. La moda de los bares a puertas cerradas ha arrasado en ciudades europeas como Londres y fue precisamente allí donde, según asegura el coctelero, se gestó la idea de traer este bar escondido hasta la capital maña.

El bar ofrece cócteles con acento español pero también otras bebidas internacionales

Por eso no solo el saxofón y las trompetas que se oyen de fondo tienen ese aire clásico inglés: también los sillones orejeros, los sofás y los teléfonos antiguos que decoran cada rincón de la sala hacen fácil adivinar en qué ciudad europea vivieron los propietarios de Calling Room, Esther Layo y Jorge Escalante, durante casi una década. La mayoría de elementos decorativos los compraron en un mercadillo londinense con un gusto especial que logra que la hostelería más clásica y glamurosa esté siempre presente.

Cada detalle está cuidado al milímetro e incluso los hielos que se sirven con la bebida se sellan delante del cliente con las iniciales del nombre del bar. “Es una parte fundamental de la bebida, por eso el hielo que trabajamos está libre de impurezas, no tiene cal y no aporta prácticamente agua. Así la bebida se mantiene fría, pero sin perder su nivel de sabor”, explica López. A esto ayuda también “una cristalería muy fina que guardamos siempre a -18 grados”, añade.

En la carta, los cócteles llevan por nombre el de ciudades como Segovia, Villafranca del Penedès o Álava, -este último el más popular por su sabor y presentación- y cuentan con su prefijo de teléfono correspondiente. “El nombre de cada producto indica de dónde proviene el producto que utilizamos en su receta”, detalla el camarero. Según explica, hay cócteles con acento español, elaborados a partir de destilados nacionales, y otras bebidas internacionales. Todas pretenden “brindar una experiencia de calidad y totalmente diferenciada en cuanto a productos y sabores”.

Roland López se encuentra detrás del proyecto y también detrás de la barra

También hay champagne y cerveza artesana aunque ni rastro de comida porque a un ‘speakeasy’ se viene a brindar. Eso sí, con cada cóctel se sirve una pequeña ración de palomitas con un toque exótico y muy especial. Normalmente es Roland López quien elabora los cócteles delante del cliente, pero también hay ‘bartenders’ invitados que acuden mensualmente al pub para realizar formaciones y compartir sus cócteles propios, además de barra y experiencias.

Secretismo

El secretismo de este lugar se mantiene gracias a todos ellos, pero también a los clientes. Aunque las cámaras y los móviles están permitidos, “la mayoría de clientes se han mantenido fieles a la esencia con la que nació el bar y nos han ayudado a que el concepto tenga sentido”, asegura López.

Después de varios meses abierto, los managers empiezan a ver a gente que pasa por el escaparate del local y se para a señalarlo, pero esto no es algo que les preocupe porque “siempre habrá alguien que no sepa dónde estamos”, considera el coctelero, que además asume que “lo que realmente queremos es tener clientes y cuánta más gente nos conozca, más lleno estará el bar”.

Y a pesar de que la intriga es crucial, hay datos que se pueden revelar -sin entrar, por supuesto, en los temidos spoilers-, como que solo se admiten a 30 personas por turno y cada turno dura 1 hora y 45 minutos. “Permitir reservas más largas puede ser un hándicap porque es un lugar bastante cómodo. A veces empiezas a charlar y te olvidas de que estás tomando algo, y nosotros queremos que se consuma”, explica Roland sobre el motivo de ese límite temporal.

Un futuro prometedor

El inicio fue rompedor y, durante los dos primeros meses, el local colgó el cartel de completo. “A la gente, las cosas nuevas o les gustan mucho o les chocan, y en nuestro caso hubo un poco de todo”, explica el coctelero. Pero de todo se aprende y aunque admite que están satisfechos porque “cada vez hay más clientes y varios habituales que repiten y traen a nuevos amigos”, lo cierto es que es necesario satisfacer a todos ellos y escuchar sus demandas, por eso los de Calling se encuentran ahora en pleno proceso de creación de un nuevo menú.

Los hielos que se sirven con cada bebida se sellan delante del cliente con las iniciales del nombre del bar

“Nuestra intención era tener dos cartas al año, una cada seis meses, y aunque este año no pudimos hacer ese cambio, ya lo estamos preparando”, comenta con respecto a esa nueva carta que tendrá como máximo entre 16 y 18 cócteles, “para no darle tantas opciones al cliente, que pueden llegar a confundirle o no saber qué decidir”.

Para esta nueva temporada el bar ha firmado ya nuevos acuerdos con marcas y busca trabajar productos más enfocados a la época veraniega, “más refrescantes y con tragos más largos”. Darán protagonismo también a los cócteles sin alcohol, para lo que barajan nuevas sorpresas como ahumar estas bebidas en riguroso directo.

A quien le apetezca jugar a los bares secretos debe reservar un turno a través de la cuenta de Instagram de Calling Room. Solo de jueves a domingo se puede acudir a este singular lugar, y habrá que estar muy pendiente de sus redes sociales para descubrir cuál es la contraseña. La clave actual es ya la segunda aunque aseguran que volverá a cambiar muy pronto.

“Para nosotros, los detalles marcan las experiencias”, resume muy bien López. Desde las instrucciones, la pulsera o la marca de los hielos hasta la preparación del equipo y cada detalle del menú dejan muy claro que, más allá de un local bonito, Calling Room es una experiencia en todos los sentidos. “Los establecimientos generarían más dinero si tuvieran trabajadores mucho más formados”, reivindican desde el pub, y es que no ven otra forma de completar una experiencia así que “hacer aprender al cliente y descubrirle mundos nuevos”, la única manera de conseguir que este nunca deje de brindar.

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