chocolates de la abuela
Uno de sus productos más exitosos son las bolas huecas de chocolate rellenas de dulce de leche

Hostal de Ipiés es uno de esos pequeños pueblos del Pirineo oscense que, si al pasar pestañeas, te lo pierdes. Por eso no conviene pestañear mucho al pasar por la carretera en dirección a Jaca, porque nos podríamos perder Chocolates de la Abuela, la pequeña empresa familiar de los Suárez Delgado que llegó desde Argentina en 2004 para convertirse en el paraíso de las combinaciones de chocolate y desmontar con su creatividad chocolatera todas las ideas preconcebidas que se pudieran tener de este dulce.

Cruzar el umbral de Chocolates de la Abuela es entrar en un mundo totalmente distinto. La que fue la casa del médico de Hostal de Ipiés, ahora recibe a pacientes que sufren de ser lamineros con un embriagante olor a chocolate, mermelada y, si tenemos suerte, quizá también a licor de dulce de leche. Y es que Chocolates de la Abuela es el cielo de cualquier amante del chocolate, da igual si te pierde el chocolate blanco, el negro o con leche, la familia los tiene todos y con todas las combinaciones que se les ocurran a las mentes más creativas. Desde los clásicos con frutos secos hasta rellenos con mermeladas artesanas, que también elaboran en su obrador con frutas de temporada tan típicas como fresa y mora o con ingredientes más extraños como el escaramujo.

La familia elabora todos sus productos de forma artesanal

Una pasión por el chocolate que Raúl y Eva, los fundadores de Chocolates de la Abuela, se trajeron desde San Carlos de Bariloche, que algunos conocen como la Suiza argentina por su tradición chocolatera. Ahora, ya jubilados, han pasado el testigo a su hija Carina, que cuenta cómo se fueron de Argentina intentando evitar las crisis y al llegar “durante un tiempo trabajamos en lo que surgía y cuando nos pudimos acomodar mis padres me plantearon que lo que querían hacer era lo que hacían en Argentina, que era esto: mermeladas, licores y chocolate, pero también me dijeron que necesitaban un relevo”. Entonces fue cuando ella se unió al proyecto y comenzó la aventura de encontrar un lugar en el que quedarse.

Y la familia tenía muy claro qué esperaba de este nuevo hogar: debía ser un pueblo del Pirineo que se asemejara a Bariloche. “Buscamos por muchos sitios y se dio una posibilidad en Hostal de Ipiés porque el Ayuntamiento había abierto un pliego para que la gente presentase propuestas de trabajo, asentamiento de población y la recuperación de la que era la casa del médico. Presentamos el proyecto y tuvimos suerte porque no se presentó nadie más”, cuenta riendo Carina, que también admite que la suerte ha jugado un papel importante en la realización de este sueño.

Carina se sumó al proyecto de sus padres y ahora también sus hijos trabajan el chocolate

Pero cuando por fin consiguieron montar los dos obradores -el de chocolate y el de mermelada y licores, que también se pueden ver desde la tienda mientras decidimos qué dulces nos vamos a llevar- y poner a la venta su chocolate, se encontraron con que la forma de consumir el chocolate aquí es muy distinta a la de Argentina. “Veíamos que se estilaba más la tableta de 100 gramos, de 250 gramos, incluso 300, el chocolate a la piedra… y nosotros veníamos con la costumbre de hacer tabletitas pequeñas. Tabletas que por ahí te pesan 20 gramos o 15 y con distintas combinaciones, a algunas se les ponen frutos secos, a otras canela, jengibre, le poníamos trocitos de naranja, rellenos con muchas mermeladas…”, explica Carina. Algo que a sus primeros clientes les sorprendió bastante, pero que poco a poco han asimilado y ahora les “gusta mucho” porque en lugar de llevarse tan solo un sabor, pueden hacerse con un surtido de las más de 60 combinaciones que elaboran en Chocolates de la Abuela.

Y es que la familia Suárez Delgado se atreve con todas las combinaciones posibles, algo que queda muy patente en la elaboración de sus bombones. De higos con queso de cabra y cobertura de chocolate negro, de miel, de crema de espéculos, de crème brûlée… Nada se resiste a esta familia de chocolateros que no teme experimentar, especialmente desde que la nueva generación ha empezado a involucrarse en el negocio.

En Chocolates de la Abuela tienen más de 60 combinaciones de chocolate

Camila, Julieta y Joaquín son los tres hijos de Carina que ya se han sumado a las filas de Chocolates de la Abuela y que han heredado el gusto por innovar en el mundo del chocolate. Pero no todo queda en la familia, según cuenta Carina “también a veces hemos escuchado al cliente porque hay gente que viene y te dice ‘uy viajé a tal lugar y probé un chocolate así y asá’ y es interesante lo que te cuenta, entonces probás y si está bueno lo intentamos sacar, damos a probar a algunas personas y así vemos si va a gustar para seguir elaborándolo”, algo que, admite, se pueden permitir por ser un obrador pequeño y artesano.

Además, han podido introducir a sus vecinos al manjar que es el dulce de leche, un ingrediente que en Argentina utilizan mucho y que, según explica la chocolatera, ellos utilizan para elaborar, entre muchas otras cosas, unas bolas huecas de dulce de leche, un producto que no esperaban que fuera a gustar tanto. “Aquí el dulce de leche se conocía, pero no es un producto que se consuma tanto, y con el tiempo hemos logrado que tenemos unos clientes que enloquecen con las bolas de dulce de leche y, gente que ya lo conoce, cuando lo ve te lo pide”, cuenta Carina.

Con el chocolate y las mermeladas también elaboran bombones artesanos de todo tipo

Pero también han descubierto a sus vecinos el chocolate en rama, una elaboración típica Argentina en la que el chocolate parece un pequeño tronquito, y que con el escaramujo se pueden hacer mermeladas y licores. “Es un rosal silvestre, aquí en la zona hay un montón y en la zona donde nosotros vivíamos en Argentina también hay muchísimo, y tenés personas que se dedican a recolectar los frutitos y hacen el proceso de convertir ese fruto y sacar la pulpa. Aquí está la planta, pero la gente no acostumbra a consumirla”, explica Carina. Por ello, la primera vez que su padre quiso recuperar esta elaboración en España tuvo que importar la pulpa en cantidades industriales desde Argentina, algo a lo que no están acostumbrados en su pequeño obrador, aunque ahora, por suerte, han conseguido un productor francés.

Pero una de las mayores satisfacciones de la familia Suárez Delgado es poder ofrecer a sus clientes un producto de calidad que ellos tratan con el mayor de los respetos. Algo que para Carina es extremadamente importante, ya que “cuando hablábamos con mis padres, y ahora es lo que yo intento trasmitirles a mis hijos, es que cuando te planteas un proyecto como este y te planteas ofrecerle a la gente un producto de calidad y artesanal tienes que cumplir con eso, es como una cuestión moral”.

La familia también elabora licores de sabores tan dispares como naranja, cereza, dulce de leche o escaramujo

Una calidad que se han esforzado por buscar y encontrar allá donde han fabricado su chocolate, por ello su materia prima viene de las mejores empresas de Francia y Bélgica, “que hacen unas coberturas excelentes”, aunque desde Chocolates de la Abuela admiten que el proceso es mucho más fácil aquí que en Argentina.

Con la expansión del negocio a una coqueta tienda en Jaca, Chocolates de la Abuela se prepara para una nueva etapa en la que la autovía reducirá al mínimo el tráfico que pase por Hostal de Ipiés, su nuevo hogar, y que puede significar que su punto de venta se traslade exclusivamente a la capital de la Jacetania. Sin embargo, los obradores continuarán funcionando en este pequeño municipio que si pestañeas te lo pierdes y el olor a chocolate, mermelada y dulce de leche ya jamás abandonará la casa del médico.

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