imagen del grupo de guías más antiguo de Aragón
El Grupo 1 nació en 1960 y trabaja con chavales entre los 6 y los 18 años.

Lo primero que les cuesta es definirse porque son scouts pero a la vez no lo son. Y es que aunque lleven pañoleta al cuello y hagan acampadas en algún pueblo perdido del Pirineo, el Grupo 1 de la Asociación de Guías de Aragón Nuestra Señora del Pilar rompe los moldes de lo que fueron los scouts, pues antiguamente solo podían serlo los chicos, mientras que las chicas eran guías. Con el «amor de grupo» por bandera, nacerían en 1960 con la idea de hacer de los chavales de camisa y pañoleta al cuello personas formadas en el respeto, la igualdad y, en definitiva, los valores en los que creían. Fueron el primer grupo de convivencia que hubo en Aragón y ahora, 62 años más tarde, cuentan con 50 socios y 14 monitores que trabajan con niños y jóvenes de 6 a 18 años.

«El amor por el grupo perdura y muchos chavales se convierten luego en monitores»

Pilar Puig, jefa de grupo

Lejos quedan esas tareas del hogar para chicas y los entrenamientos militares para chicos, pues ahora en los grupos de convivencia hay yincanas, juegos de pistas, acampadas, campamentos de verano y un sinfín de actividades más que son siempre acordes a la edad de los niños. En el Grupo 1 Nuestra Señora del Pilar hay unos 18 niños de 6 a 8 años, unos 12 de 9 a 11 años y 5 o 6 de 15 y 16 años. Los más mayores son los de 17 y 18 años y aunque a ellos «también les gusta jugar», tal como reconoce la jefa de grupo, Pilar Puig, son más independientes al elegir sus propias actividades. Un día taller de gena natural, otro recogida de alimentos o de juguetes para los más necesitados e incluso una venta de productos manuales para irse a un campamento internacional.

El Parque Grande, el Parque del Agua o el del Tío Jorge se convierten cada sábado durante dos horas en los escenarios ideales para desarrollar los juegos y actividades que los monitores preparan con mimo. Algunos apenas sacan unos pocos años a los chavales y es que llevan muy adentro el sentimiento de «amor por el grupo». «Ser monitor es un trabajo laborioso porque tienes que pensar cada día las actividades incluso hacer los materiales a mano y todo eso compaginarlo con los estudios, por ejemplo. Pero da una gran alegría ver que los niños disfrutan con los juegos y que les sirven para aprender a desarrollar sus valores al tiempo que les divierten», cuenta Pilar.

JUGAR PARA APRENDER

Otra de las diferencias con los scouts es el color de la pañoleta y la camisa. En el caso del Grupo 1, todos llevan la camisa del mismo color y las pañoletas van cambiando en función de la edad: naranja para los más pequeños, amarillo para los siguientes, azul, verde, rojo… Eso sí, tanto los guías como los scouts nacieron del mismo creador: Baden Powell. Así, todos los grupos que forman la Asociación de Guías de Aragón (siete en total) siguen la misma metodología de aprender mediante el juego. Y jugar juegan mucho, sobre todo en las acampadas y campamentos donde se juntan los miembros del grupo de todas las edades y hacen actividades conjuntas ya sea en San Juan de Plan como la última o en cualquier lugar donde haya un albergue que llenar de mucha diversión.

Los años pasan y la pañoleta va cambiando de color y ya no es naranja pues los más mayores de 17 y 18 la llevan roja. ¿Y qué pasa cuando cumplen los 19? «Últimamente aquellos que están con nosotros desde pequeños se quedan luego como monitores así que deduzco que el amor por el grupo perdura. Sí que es verdad que cuando acaban su etapa de chaval algunos no pueden quedarse por disponibilidad o por compaginarlo con los estudios, pero pueden ser colaboradores y les llamamos si necesitamos a alguien en las acampadas», cuenta Pilar Puig que ahora tiene 23 años y empezó con 14 en el Grupo 1.

Respeto, solidaridad y compañerismo se unen en el que es el grupo de guías más antiguo de Aragón. Un amor por el grupo que no todos entienden y que es fortalecido por los monitores. Unos monitores que juegan, hacen reír, cuidan, abrazan y entienden a los niños de manera totalmente voluntaria. Y si alguien se pregunta cómo aguantan tanto trabajo, dedicación y presión, para ellos no hay mejor pago que la sonrisa de cada uno de sus chavales, e incluso la suya propia, cuando emocionados te vuelven a decir: «Hasta el año que viene».

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