Dos mujeres con candil en la noche de ánimas en Radiquero
Durante la Nuei d´Almetas los radiqueranos ayuda a totones y almetas a pasar al más allá. Foto: Ayuntamiento de Radiquero

Se dice que, al caer la noche del 31 de octubre, la barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina, hasta tal punto que las almas de los que ya no están caminan entre nosotros. Aragón no es extraño a lo sobrenatural, nuestra tierra ha sido, y quizá todavía lo sea, hogar de brujas, almetas y totones. Un folclore rico en tradiciones y leyendas que nos acerca al mundo de los espíritus y que estos días podemos visitar para entrar de lleno en el ambiente de la noche de las ánimas.

LAS BRUJAS DE TRASMOZ

Quizá lo más conocido de Aragón sean las brujas, concretamente las de Trasmoz. Aquel pueblecito a las faldas del Moncayo en el que Bécquer evocó el misticismo de la Tía Casta, la última bruja asesinada en los confines del pueblo. Lejos de huir de esta reputación, en Trasmoz cuentan con orgullo su historia marcada por la brujería y los aquelarres. Una tradición que en el siglo XIII consiguió que el Papa los expulsara de la Iglesia católica, convirtiéndolo en el único lugar de España excomulgado por la institución, título que aún ostenta a día de hoy.

El castillo de Trasmoz alberga el Museo de la Brujería

Y si el aire místico de las calles de Trasmoz no es suficiente, siempre nos podemos acercar a su castillo, en lo alto del pueblo. Allí, los más osados podrán visitar entre sus ruinas el Museo de la Brujería. Para completar la experiencia, cada año el ayuntamiento de la localidad organiza los actos de la “Luz de las Ánimas”. Entre las actividades de este día se celebrará la procesión de las ánimas, donde las almas de los difuntos recibirán el canto tradicional de Trasmoz, “Los gozos para las almas benditas”.

LASPAÚLES, EL MAYOR JUICIO POR BRUJERÍA

Pero si buscamos aprender sobre la historia de las brujas, tenemos que ir hasta Laspaúles, en Huesca, un pequeño pueblo donde se produjo el mayor juicio por brujería del mundo. Corría el año 1592, casi dos décadas antes del juicio más famoso de España, el de Zugarramurdi, y todo un siglo de los famosos juicios de Salem. En apenas dos meses 24 mujeres de siete pueblos distintos, según los registros que se encontraron en la torre de la iglesia, fueron acusadas y declaradas culpables de brujería. Un enjuiciamiento que debería haber terminado con 25 vidas, sin embargo, una de las supuestas brujas, Margalida Reals, consiguió huir de su fatal destino.

El juicio de Laspaúles se cobró más vidas que los de Salem o Zugarramurdi

Ahora, en el pinar que se encuentra entre Laspaúles y Alins se ubica el Parque Temático de las Brujas, donde podemos conocer la historia de la brujería y de estas desdichadas mujeres. Un camino que nos lleva por los lugares donde recogían árnica, la planta medicinal que usaban para calmar el dolor, y que se encuentra en el Serrat de las Forcas, de donde se supone que salió la madera para construir las horcas con las que se les asesinó. Una misteriosa y mágica excursión que tiene como obligado punto final el Museo de la Tortura, donde se exponen diversas reproducciones de las herramientas que utilizaron, según los manuscritos encontrados, para torturar y ejecutar a las brujas.

VISITAR LA CASA DEL DIABLO EN LA CUEVA DE LAS GÜIXAS

De la cueva de Las Güixas se dicen muchas cosas, entre ellas, que sirvió de cobijo al mismísimo diablo y que sus paredes rocosas, plagadas de estalactitas y estalagmitas, han visto los más siniestros rituales. Sin embargo, son las brujas las que dan nombre a esta caverna que lleva en Villanúa desde la época glaciar.

En la cueva de las Güixas se dice que vivió el mismísimo diablo. Foto: Turismo Villanúa

Los aquelarres oscenses encontraron aquí el sitio perfecto para sus hechizos. La sala Chimenea era su lugar predilecto ya que, a través de la gran cavidad que hay en su techo, podían observar el cielo nocturno. Y quién sabe, quizá esta fuera la chimenea que inspirara las curiosas chamineras espantabruxas que pueblan los tejados altoaragoneses. Un tipo de chimeneas troncocónicas que se erigían orgullosas sobre los tejados de las antiguas casas y con las que se creía poder evitar que las brujas entraran a los hogares cuando sobrevolaban los pueblos con sus escobas cobijadas por el manto negro de la noche.

LAS SOMBRAS EMBRUJAN LAS CALLES DEL VIEJO BELCHITE

Belchite es uno de los pueblos abandonados más visitados de España y es que su sangrienta historia es un reclamo para todos aquellos que buscan ecos del más allá. Muchos son los testimonios de los que aseguran haber visto fantasmas de soldados de la Guerra Civil. Así, Belchite se ha convertido en un lugar de peregrinación para investigadores paranormales de todo el mundo, que acuden a las ruinas de lo que fue en busca de voces que les cuenten historias de la guerra.

Muchos de los que han visitado el viejo Belchite dicen haber visto espíritus. Foto: Ayuntamiento de Belchite

Pero cuando llega la noche de difuntos, el pueblo viejo de Belchite sufre una invasión de lo sobrenatural. Aunque ahora las sombras son un poco más tangibles que las que han originado su fama maldita, el terror que infunden a los que se atreven a pasar la noche de difuntos allí es casi el mismo. Y es que, los curiosos más valientes, podrán vivir una noche única con las visitas nocturnas teatralizadas que se organizan los días previos al 31 de octubre.

CALABAZAS PARA QUE ALMETAS Y TOTONES ENCUENTREN EL MÁS ALLÁ

A los pies de la Sierra de Guara, Radiquero es, posiblemente, el lugar que mejor ha conservado sus tradiciones de la Noche de Ánimas, o como se denomina en el Somontano, la Nuei d’Almetas. La preparación comienza cuando aún es de día con la elaboración de las calabazas. De forma similar a la tradición anglosajona, calabazas de todos los tamaños y colores se vacían y se les esculpen caras, para luego colocarlas alrededor de una enorme cruz de piedra.

La preparación comienza cuando aún es de día con la elaboración de las calabazas

Al caer la noche comienza la búsqueda de as almetas y os totones para acompañarlas al cementerio, almas en pena que vagan por las calles de Radiquero buscando la forma de entrar en el mundo de los muertos. Las almetas llevan consigo dos cirios y merodean en los alrededores del campo santo intentando cruzar al otro lado o engañar a alguno de los vivos para que sujete uno de sus cirios así ocupar su lugar vagando por toda la eternidad en el limbo.

Os totones son mucho más inofensivos ya que, pese a ser almas en pena, se encargan de custodiar el campo santo y se diferencian de as almetas porque tan solo portan un cirio.

UNA NOCHE EN EL HOSPITAL DE TUBERCULOSOS

Una experiencia digna de “Buscadores de fantasmas” es tratar de pasar la noche en el Sanatorio de Tuberculosos de Agramonte. Este edificio abandonado a su suerte a las afueras de Tarazona se ha quedado congelado en los 70, al igual que sus supuestos habitantes. Camas de hospital y restos del equipamiento médico que se usaba para tratar a los enfermos de tuberculosis pintan una escena plagada de dolor y sufrimiento. Algo que se hace patente si nos atrevemos a atravesar sus puertas y pasar un rato allí.

El sanatorio de Agramonte es un atractivo para todos los amantes de lo paranormal. Foto: Turismo Tarazona

Construido en 1920 atendió sobre todo a mujeres y niños, pero tras 40 años en funcionamiento, las puertas del sanatorio se cerraron para siempre, abandonando dentro las almas de los atrapados. Y es que no son pocos los que han salido de allí corriendo afirmando haber escuchado puertas abrirse y cerrarse o gritos de auxilio. Incluso hay quien que asegura haber estado en presencia de fantasmas.

PASOS EN EL REFUGIO MILITAR DE CERLER

En el verano de 1992 varios soldados fueron destinados al remoto refugio militar de Cerler. Custodiados por las montañas los militares se disponían a pasar la noche cuando comenzaron los ruidos extraños. Pasos que subían y bajaban escaleras, ventanas, puertas y taquillas que se abrían y se cerraban, voces que susurraban en la noche, incluso la sensación de que alguien les seguía por los pasillos cuando estos estaban vacíos. Así comenzaron los rumores de que el refugio militar de Cerler está maldito.

Un año antes, el 11 de marzo de 1991, una unidad que realizaba su instrucción técnica invernal de montaña se vio sorprendida por un alud. Nueve militares fallecieron en la montaña y durante días se trabajó para recuperar sus cuerpos, que se trasladaron al secadero del refugio militar junto con todas sus pertenencias. Es precisamente en esa parte del edificio donde los que se ven obligados a pasar allí la noche dicen que tiene lugar la mayor parte de la actividad paranormal. Y es que, desde entonces, todo aquel que ha pasado por el refugio militar de Cerler ha vivido algún tipo de encuentro, hasta tal punto que, algunos, se han visto obligados a pedir el traslado porque, a decir verdad, ni siquiera los perros se atreven a acercarse al secadero.

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