El padre acusado de tocar a su hija discapacitada, este jueves ante la Audiencia de Zaragoza

Un padre se enfrenta a tres años de prisión por presuntamente aprovechar la incapacidad psíquica de su hija de 26 años para tocarle los pechos y besarla. En el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza este jueves, la Fiscalía ha pedido que se le impute un delito de abusos sexuales. Al hombre, identificado como A.C., le fue diagnosticado en un informe médico un trastorno límite de la personalidad y afirma que tocar a su hija “sería lo último que haría”.

Los hechos ocurrieron en septiembre de 2021. A pesar de su mayoría de edad, la mujer tiene diagnosticada una discapacidad psicológica que, de acuerdo con los informes, le confiere un desarrollo mental propio de una niña pequeña. Debido a esta condición y la incapacidad de su padre de cuidarla por su propio trastorno, reside con su abuela, exsuegra del acusado, quien también es su tutora legal. Además, atiende diariamente a un centro ocupacional, desde donde se dio la alerta de lo sucedido.

Las monitoras del centro, presentes en la vista oral, han relatado que un día como cualquier otro se encontraban preparando una actividad, pero la mujer se mostraba especialmente nerviosa. En un momento dado, llegó a arrojar los materiales del taller al suelo, insultar a las monitoras y propinar golpes para defenderse. Las trabajadoras, que han declarado que un par de meses antes de este suceso la víctima exhibía “una actitud y unas reacciones exageradas” impropias de ella, la alejaron del grupo y fue entonces cuando la mujer les expresó repetidamente: “No quiero que me violen más”.

En ese momento, y tras profundizar insistentemente, la víctima pudo relatar de una manera “más o menos clara” a las monitoras que su padre, con quien pasaba tiempo a menudo por las tardes, le había tocado en una ocasión los pechos. Precisamente, el fin de semana antes de la confesión, una de las trabajadoras del centro se había “alertado” al ver a la mujer con su padre por la calle agarrados de la mano con los dedos entrelazados y dándose varios besos en la boca, una situación que la testigo ha descrito “como si de una relación de noviazgo se tratase, y no una paternofilial”.

Durante la vista oral, la presunta víctima ha mostrado serios problemas para comunicar lo sucedido ante el tribunal debido a su discapacidad, llegando a negar los hechos, lo cual la abuela ha calificado de normal: “En el juzgado no lo quiere comentar, pero cuando llega a casa dice toda la verdad”. Asimismo, las monitoras del centro comentan que ante estas situaciones la mujer “se cierra en banda” y no es capaz de expresarse.

A pesar de la declaración de la mujer en el juicio y su incapacidad para relatar bien lo sucedido, la Fiscalía considera a A.C. autor del delito de abusos sexuales con situación de superioridad debido a “los elementos periféricos que corroboran la existencia del delito”. “Hay que dilucidar si ha habido un exceso de cariño que traspasa la barrera que un padre debe mostrar hacia su hija”, ha concluido la fiscal.

Por su parte, el acusado ha declarado que la víctima y él mantenían una relación “totalmente normal” y que “jamás tocaría” a su hija. Su defensa pide para él la libre absolución al considerar que no existen pruebas directas de lo sucedido y “debe primar la presunción de inocencia”, ya que las actitudes del hombre hacia la mujer, como caminar por la calle cogidos de la mano, “son las que cualquier padre tendría hacia su hija de cuatro, seis u ocho años”.

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