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La Guardia Civil y la Policía Nacional han desarticulado un grupo criminal muy activo dedicado al robo en hostelería, joyerías y tiendas de telefonía móvil. Se han logrado esclarecer un total de 27 hechos delictivos cometidos en todo Aragón, así como en La Rioja, Guadalajara, Soria y Navarra.

La operación se inició a comienzos de febrero tras dos robos cometidos en una joyería y un bar en Borja durante la misma noche. La Guardia Civil de La Almunia pudo determinar que ambos delitos habrían sido cometidos por las mismas personas. Al día siguiente de cometerse estos hechos, los agentes localizaron en las inmediaciones de la localidad varios objetos robados de la joyería, así como prendas utilizadas por los asaltantes.

Conforme transcurría la investigación, se produjeron varios robos más en establecimientos públicos, casi a diario, con idéntico modus operandi y que habrían sido perpetrados por las mismas personas. Ya que los delitos ocurrían en demarcaciones de tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional, ambos cuerpos decidieron iniciar una operación conjunta.

LLEGARON A ROBAR CADA NOCHE

Esta estrecha colaboración permitió obtener la identidad de los presuntos autores de los robos, un grupo de jóvenes, asentados en Zaragoza, que, de manera coordinada y con distribución de funciones, concertarían los lugares y logística para cometer los robos. En la mañana del pasado 16 de marzo, varios agentes detuvieron a seis de ellos en diferentes ubicaciones de la capital aragonesa. A los detenidos, todos ellos varones y la mayoría con antecedentes policiales, se les imputaron un total de 27 delitos de robo con fuerza, pertenencia a grupo criminal y blanqueo de capitales. Tras quedar a disposición judicial, tres de ellos finalmente ingresaron en la cárcel de Zuera.

De acuerdo con la Guardia Civil, esta red era muy activa, llegando a cometer robos prácticamente cada noche y en varias ocasiones efectuando más de uno en diferentes localidades de la misma comarca. Conforme transcurrían los días ampliaban su radio de acción a provincias próximas y guardando medidas de seguridad tanto en sus desplazamientos como en las comunicaciones y encuentros entre ellos, dificultando así en mayor medida las labores de investigación.

MODUS OPERANDI

El grupo criminal se coordinaba y repartía las funciones para perpetrar los robos, fijando sus objetivos principalmente en establecimientos de hostelería, joyerías o tiendas de telefonía móvil con el fin de recaudar dinero en efectivo o efectos que después utilizarían para su uso propio. Uno de los componentes hacía funciones de líder del grupo y coordinaría los delitos y su forma de proceder, teniendo como persona de confianza a otro miembro que se encargaría de guardar el botín obtenido para después distribuirlo al resto de integrantes y que, además, sería el encargado de trasladar a los asaltantes en el vehículo desempeñando funciones de vigilancia en los exteriores de los establecimientos mientras se consumaban los robos.

Unos robos que se cometían siempre cuando los establecimientos se encontraban cerrados al público, en horario nocturno y en el que tenían controlados los sistemas de videovigilancia. Apalancaban las puertas y rompían las ventanas y las puertas de acceso. Además, según informan, intentaban ocultar sus rostros con diferentes prendas de vestir para evitar su identificación y en muchos de los hechos, entraban en los locales agazapados con la intención de no ser captados por cámaras de seguridad.

Una vez obtenido el botín, que en la mayoría de las ocasiones era dinero en efectivo de máquinas tragaperras, procedían a realizar el cambio de moneda a billetes en locales especializados de la capital. Esto se producía siempre horas después de cometerse los hechos, lo que les permitía blanquear el dinero recaudado y repartirlo en billetes entre el resto de los integrantes del grupo.

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